Quieta Rosita !

Google
Don Guillermo, el vendedor de pescado
“Detente animal feroz, que antes de nacer vos, nació el Redentor del cielo!.”
Oración del Profesor Salcedo, uno de los primeros culebreros , de quien recuerdo, recorrió el Putumayo.

Su nombre, que bien pudiera ser Margarita, no lo es, y su tarea consiste en limpiar de ratas y bichos la plaza de mercado.

La idea fue de doña Gabriela y su esposo don Guillermo, la pareja que conjuntamente con un socio provee de pescado fresco sacado del río Putumayo a los cientos de clientes que acuden diariamente a la plaza de mercado de Puerto Asís.

La desesperación llegaba al límite por la invasión de ratas y otros animalejos en su lugar de trabajo y esto los tenía de mal genio. Y no solamente a ellos: a la mayoría de los comerciantes y vendedores que día a día ocupan sus habituales puestos en esta destartalada plaza de mercado.

De verdad que su idea fue interesante, innovadora: necesitaban de alguien que se ocupara de los molestos roedores, no cobrara salario, no hiciera ruido y sobre todo trabajara en las horas de la noche que es cuando queda desocupado el viejo edificio. La recompensa: agua que ella misma (la encargada de limpiar de ratones) bajaría a buscar en las horas de la noche y claro está, ratones a su entera disposición. Nada más. Ese iba a ser su pago.

Publimayo

La historia que cuenta doña Gabriela, santandereana de nacimiento, asisense por adopción, es esta:

“Hace unos dos años, cansados de tanta rata, compré dos güios pequeños. El güio es una serpiente pariente de la anaconda, de la boa. Cuando los trajimos yo creo que medía cada uno algo así como 30 centímetros. A la hembra la bauticé con el nombre de Rosita. Rosita, porque como usted sabe, todo el mundo le llama Margarita a su serpiente mascota. Y la nuestra es diferente.
Sabe usted algo? Las culebras son diferentes a otras especies animales donde el más hermoso es el macho. Con las serpientes pasa lo contrario : la hembra es más bonita, más delicada, más coqueta…no sé…humm… es más femenina!. Recuerdo que mi hijo la trajo terciada al cuello, era lo más de bonita y tierna. Le tomé el consentimiento a muchos de mis compañeros de trabajo y todos estuvieron de acuerdo: Rosita y su compañero se encargarían de la limpieza de ratas en nuestro mercado. Cuidadosamente las subí al cielorraso y desde entonces están allí. De eso hace más de dos años. Solamente bajan cuando hace mucho calor y lo hacen para buscar agua. Les coloqué después otro compañero –un tercero- , pero como fueron creciendo, entonces hacían mucho peso y de vez en cuando alguno de ellos se caía y no falta gente que no entiende que son animales inofensivos, se asustaron y se quejaron. !Armaron un escándalo !.Cualquier día llegaron los bomberos y un médico veterinario. El carro de los bomberos llegó haciendo sonar sirenas como si algo grave estuviera pasando en la plaza de mercado. Cuando el doctor vio los animalitos, sabe qué dijo?
– Dejen a esos pobres animales tranquilos, no le hacen daño a nadie.
De todas formas, como algunos cristianos se quejaron y con la finalidad de que ninguna volviera a caerse de donde estaban, el Chorizo (señala con un movimiento de cabeza a su socio de ventas) me ayudó a capturar una de ellas, la metimos en un costal y la echamos al río Singuiyá.”

Cuando se le preguntó a doña Gabriela, y porqué no gatos para realizar esas tareas, ella respondió un tanto ofendida cuestionando la sugerencia e invitando a reflexionar un poquito.

“Mire usted, me dijo, no se da cuenta de los tantos daños que harían esos animales en las tiendas, desbaratarían todo, absolutamente todo. No ha olido usted los orines de los gatos? inmundo!, no ha mirado una pelea de gatos ? desbaratarían toda la plaza, por Dios!”.

Hasta aquí doña Gabriela.

Hoy los animales miden aproximadamente tres metros cada uno, permanecen muy quietos todo el día sobre el cielorraso de un popular restaurante y trabajan durante toda la noche.

Como a ningún curioso le ha dado por subir al sitio donde viven, nada extraño sería que Rosita hoy en día sea madre y con el tiempo no solamente la idea que fue de doña Gabriela y don Guillermo se exporte sino también los críos de serpiente especializados en la cacería de ratones, y los veamos en acción en muchos mercados de Colombia.

Guido Revelo Calderón
Puerto Asís, 2010
Google

Los comentarios están cerrados.