Expedición San Francisco – Mocoa por el camino viejo

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Un grupo de 28 estudiantes del Grado Once de la Institución Educativa Sucre de Colón (Putumayo) recorrió el camino viejo que une los municipios de San Francisco y Mocoa, los días jueves 25 y viernes 26 de marzo de 2010. Con la coordinación de los docentes Alexis Ramírez y Jesús Martínez y la guianza de “El paisa Alveiro” fue posible hacer realidad la idea que surgió en el aula de clases finalizando el año escolar 2009.

En el año del bicentenario de la independencia de nuestro país, 28 jóvenes putumayenses retomaron la ruta seguida por los expedicionarios y colonizadores para llegar del Alto al Medio y Bajo Putumayo; y conocieron la zona por donde se tiene proyectada la construcción de la variante San Francisco-Mocoa.

La caminata permitió transitar desde los 2.544 msnm en Portachuelo hasta los 900 msnm en Campucana, en un recorrido de 40 kilómetros que tomó día y medio y permitió observar la inmensa riqueza paisajística, de flora, fauna y fuentes de agua de la Zona Andina y el Piedemonte Amazónico de nuestro Departamento.

A continuación se presenta un relato de esta experiencia, sin duda alguna, inolvidable para cada uno de los que participamos en ella.

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La cita para reunirnos y tomar el transporte que nos lleve hasta San Francisco es a las 4:30 AM en la calle principal de Colón, cerca al Parque. Uno a uno van llegando: Oscar Alberto, Luisa María, Eider Antonio, Jhon William, Hanyie Katherine, Johana Maribeth, Paola Andrea, David Esteban, Nelly Alexandra, Edith Liliana, Juan Gilberto, Rubén Darío, Emerson Daniel, Martha Patricia, Jorge Luis, Edwin Esteban, Lorena Paola, Ruth Leyda, Fredy Arley, Julieth Carolina, Daniel Esteban, Hernan Javier, Javier Alexander, Luz Angélica, Mario, Chenier Alonso, Sandra Lucía y Lucy Mayerly.

Tras recoger al profesor Jesús Martínez en San Pedro y a Maklin Plata (Instructor de Turismo del SENA, quien nos acompañaría durante la mañana del primer día) en San Francisco, avanzamos en los dos carros atravesando el puente del Río Putumayo y tomando el desvío hacia Minchoy. La pendiente de la carretera y la carga que transportan son superiores a la capacidad de los vehículos y debemos descender de ellos para iniciar nuestra caminata antes de lo planeado.

Así las cosas iniciamos nuestro primer ascenso hacia Portachuelo.

La carretera se encuentra en buen estado, ya empieza a amanecer y la ausencia de nubes hace prever que el sol nos acompañará durante la primera jornada de nuestra travesía.

En la cima de Portachuelo nos espera nuestro guía, acompañado de dos caballos que llevarán parte de la carga durante la mañana.

Comenzamos un vertiginoso descenso por un camino que en partes aparece estrecho.

Siempre nos acompaña una variada vegetación y frecuentemente atravesamos nacimientos de cristalinas aguas.

En medio de los exuberantes bosques se observan las torres y los cables de la interconexión eléctrica.

Tras una hora de descenso llegamos hasta Minchoy, un poblado de unas 25 casas ubicadas a lado y lado del camino, algunas construidas en madera y otras en cemento. Aprovechamos para comprar algunas cosas en la tienda y proseguimos la bajada.

Ahora el camino presenta diferentes aspectos: algunos pequeños tramos dominados por el barro, otros empalizados, otros empedrados o embalastrados.

Con la disminución de la altitud ya es evidente el cambio de la vegetación y la temperatura.

Tras atravesar los puentes de algunas quebradas y ríos finaliza el permanente descenso y es el momento de combinar trayectos planos, subidas y bajadas; y en medio de las montañas observar una inmensa playa atravesada por un rio.

Nuevamente nos encontramos con viviendas un tanto cerca las unas de las otras, observamos a lo lejos un gran puente colgante y ya se miran algunas matas de plátano, indicador del cambio de piso térmico.

También nos cruzamos con personas que transportan madera a caballo.

Un derrumbe impide el paso de las bestias que llevan parte de nuestra carga, con pico y pala se abre un pequeño camino suficiente para proseguir la ruta.

Gracias al GPS que portamos es posible ir, entre otras cosas, determinando la altitud y la distancia recorrida. Muchas cascadas adornan el paisaje y deleitan nuestra vista.

Unas formaciones rocosas llaman poderosamente la atención de todos, imposible quedarse con las ganas de tomarse una foto.

Los caudales de agua son más grandes y su pureza invita a nadar en ellos.

Ya es mediodía y el sol no nos ha abandonado ni un solo instante durante todo el recorrido.

En medio del camino aparece un puente en madera, con techo, que permite atravesar uno de los ya innumerables nacimientos de agua.

En Sachamates encontramos varias fincas con cultivos, vacas, caballos y especies menores.

En la casa de nuestro guía aprovechamos para almorzar y descansar. En adelante el camino será un tanto difícil, no podrán seguir los caballos y, por tanto, ya cada quien llevará su carga.

En algunas partes el camino parece perderse… o más bien desaparece.

También se presentan varios derrumbes…

El resto de la tarde debemos utilizarlo en descender hasta la Quebrada La Tortuga, a través de vertiginosos atajos que nos impiden mantenernos de pie. Los compañeros que llegan temprano a este punto aprovechan para nadar en sus frías aguas. Ya reunido todo el grupo y atravesada la quebrada nos disponemos a ascender hasta una casa abandonada que nos permita pasar la noche en mejores condiciones que en medio del monte. Para entonces ya son las 8 de la noche y las pocas linternas de que disponemos intentan romper la oscuridad que nos rodea.

Los moscos no permiten dormir, intentamos descansar un poco. Algunos miembros del grupo deciden reanudar la marcha a las 3 AM, con el fin de llegar más temprano a Mocoa, el resto esperaremos a que amanezca.

Hacia las 4 de la mañana se inicia un fuerte aguacero que nos acompañaría hasta el mediodía.

Ya son las 6 pero la luz es muy poca. Sin embargo no podemos esperar más y proseguimos el camino hacia la capital del Putumayo.

Intentamos protegernos de la lluvia de cualquier forma…

La constante y fuerte lluvia hace que los nacimientos de agua aumenten sus caudales.

El camino mejora notablemente y está rodeado de grandes árboles.

Nuevamente aparecen explotaciones de madera que talan el bosque primario.

Iniciamos un prolongado descenso, en medio de la neblina se observa el curso del Río Mocoa.

Los bosques dan paso a los cultivos, en la distancia se miran viviendas y terrenos con menos pendiente.

Cruzamos un último rio e iniciamos un último ascenso.

Al coronar este último ascenso encontramos un trapiche de la vereda Campucana, en una casa nos reunimos y esperamos que llegue transporte que nos traslade a nuestro sitio de alojamiento en Mocoa.

Un camión que surte de víveres las tiendas de la zona nos lleva hasta la Avenida Colombia. Allí tomamos taxis hasta el Centro Recreacional del Magisterio sitio donde nos alojaremos.

Alexis Francisco Ramirez
Ingeniero Agroindustrial, Magister en Docencia, Docente de la Institución Educativa Sucre de Colón – Putumayo.
Correo Electrónico: ramirezalexisfrancisco@hotmail.com
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