Así vive el joven que perdió diez familiares en la avalancha de Mocoa

Según el Gobierno, la avalancha del 31 de marzo del 2017 afectó 48 barrios de Mocoa.
Foto: Santiago Saldarriaga / EL TIEMPO

A muchos, la avalancha de Mocoa, del 31 de marzo del 2017, se les llevó seres queridos. A otros les desapareció familiares, amigos, conocidos. A unos más los dejó sin casa. A Jairo Fernando Calderón Majín, de tan solo 16 años, le pasó todo lo anterior.

Él es uno de los 22.310 damnificados por la tragedia. Su mamá, su padrastro, sus dos hermanas, un sobrino, una tía, un tío y dos primos son parte de las 333 personas que fallecieron. Otro sobrino es uno de los 76 desaparecidos. Su casa, una de las 1.461 que quedaron afectadas.

Ahora, un año después y junto con su tía, Gloria Penagos, quien tiene su custodia provisional, intenta seguir adelante. No ha sido fácil para el joven, “aunque yo sé que logrará superar esta situación”, dijo su acudiente.

La salvación

“Me gusta estar solo, llorar sin que nadie me mire. He hablado con mi mamá en sueños y le he dicho que la amo”, contó Fercho, como le dicen de cariño.

Su casa quedaba en el sector Los Pinos, uno de los más afectados por la avalancha. La noche de la tragedia, Yolanda Majín, su mamá, lo despertó a las 11:40 p. m.

Jairo Fernando Calderón
Fercho tiene 16 años y estudia en el colegio Ciudad Mocoa. Está en grado décimo. Foto: Camilo Hernández M.

Luchando contra el agua que empezó a meterse en el barrio, dejaron su hogar junto con Jesús Córdoba (su padrastro), Érika y Andrea Calderón (sus hermanas) y Nicolás y Gerónimo Calderón (sus sobrinos).

Se dirigieron a la casa de Francy Penagos (la tía), quien estaba con su esposo, Javier Correa, y sus tres hijos: Karen, Shaya y Diego. Allí, desafortunadamente, el lodo los encerró.

De repente vieron cómo unas grandes rocas bajaban a toda velocidad, llevándose casas, vehículos y personas a su paso…

Lo que sigue en los recuerdos de Fercho es una imagen suya aferrado a una columna de una casa, lo que terminó salvando la vida.

Una familia lo ayudó, y así pudo salir, por el barrio San Miguel, a pedir ayuda. Su tía Gloria lo encontró en el hospital José María Hernández. “Hallarlo fue una alegría inmensa”, reconoció ella.

Karen, una de sus primas, la hija de Francy, también fue encontrada con vida.

Su presente

Con el paso de los días, los cuerpos de sus familiares fueron encontrados. Menos el de su sobrino Gerónimo, quien sigue desaparecido.

“Somos evangélicos; para nosotros, aunque suene crudo, la vida depende de Dios, y Él determina hasta qué momento estamos vivos”, contó Gloria, quien, después de mucho luchar, recibió la custodia de su sobrino en noviembre del año pasado.

Fercho vive ahora en el barrio José Homero con su tía. Cada semana va hasta donde quedaba su casa. Lo hace solo. Le gusta que su única compañía sean los recuerdos.

Se siente agradecido con su tía. “Es buena y me brinda amor”, afirmó. Ella, además, es quien lo tranquiliza cuando en las noches lo asaltan el miedo y los nervios.

Ahora es un chico más callado. Casi no sonríe y cuando habla “hay que sacarle las palabras”. Él aceptó que ya nada le gusta hacer. Ni jugar fútbol, que era de sus actividades favoritas. Solo piensa en graduarse del colegio y estudiar “algo relacionado con sistemas”.

“Tenemos un Dios que fortalece y le dará la victoria a Jairo Fernando en todo lo que se proponga”, aseguró Gloria, quien sigue batallando para que el Gobierno ayude a su sobrino “con un subsidio de arriendo o una de las casas que están construyendo, porque hasta el momento nada le han dado”.

CAMILO HERNÁNDEZ M.
Redactor EL TIEMPO
En Twitter: @CamHerM

Tomado de :ElTiempo

Share This Post