Liberando los colibríes y las orquídeas en Sibundoy

Ciclonauta

A mi paso por Mocoa, capital amazónica del departamento del Putumayo (al sur de Colombia), me encontré con Marie – una francesa que andaba como yo en su propio viaje interior – y me contó que recién había estado haciendo un voluntariado con un proyecto que ya tenía un nombre muy sugestivo para mí -Colibrí Amarillo- y además que tenían muy buena onda y necesidad de manos para ayudar… Además, trabajaban esencias de orquídeas andinoamazónicas, y estaban en plena campaña para una gran restauración ecológica, social y de la conciencia en el Valle de Sibundoy.

¡Eso era todo lo que necesitaba oír! Me puse en contacto con Camilo, autor intelectual del proyecto del “Llamado del Colibrí Amarillo”, que me dio luz verde a aproximarme por Colón, a poco más de 2000 msnm. Aunque no estaba preparado en cuanto a ropa para frío y lluvia, parecía una oportunidad única y además la primera de voluntariado real (después de la decepción con WWOOF) en este viaje; asi que le hice caso a la tripa y me dejé ir. Tuve que recorrer además el famoso Trampolín de la Muerte, que a falta de haberlo hecho yo en bici, pues acá un recuento de lo que puede ser por parte de otros ciclistas.

Así que agarré mi maleta y me fui a ayudar a arrancar la construcción de una huerta en forma de mandala que están activando en un terreno de la Fundación BYAE, cuyo trabajo se centra en la cosmovisión y ordenamiento territorial endógeno; biodiversidad y endocultura; sustento propio y econopoiesis en la región que conecta los Andes con la Amazonía; en un corredor biológico único y de gran importancia para el equilibrio ecosistémico.

Esta zona es cuna de cientos de especies de orquídeas, de las cuales Camilo es experto, y hasta han formado grupos de aficionados y aficionadas que se reúnen a hablar de sus orquídeas e intercambiarlas. Acá sólo algunas que doña Socorro, vecina y tía de Camilo, tenía en su patio para compartir y mostrar.

En mis tres días por allá hicimos un bosquejo de acuerdo a las ideas que ya venían hablándose para tener un huerto de vegetales para alimentar al futuro centro de operaciones de la fundación, y en un antiguo campo de tomate de árbol, nos dimos a la tarea de limpiar y empezar el trabajo de nivelado. Tres días pasaditos por sol, agua y barro; con aves curiosas volando sobre nosotros, y los perros de Camilo y Juliana merodeando y perezeando alegremente.

Entre sus proyectos, que se pueden ver en su página de facebook del Colibrí Amarillo, están los de adopción de árboles con el fin de restaurar un área enorme, pero con base en el antiguo humedal que desde tiempos de los “conquistadores” fue desplazado por potreros.

Así que con mucha mística, ciencia y conocimiento endógeno, estos valientes están ayudando a traer de vuelta el espacio natural en el que alguna vez abundaban colibríes y orquídeas. Hoy día, el madereo y actividades agropecuarias insostenibles han interrumpido el importante corredor que le permite a grandes mamíferos desplazarse entre la Amazonía, los Andes y la vertiente Pacífico de Colombia.

Así, con un par de ampollas y la ropa muy sucia, tocó volver a Mocoa y a Cali, con el corazón lleno de inspiración y un espectacular día claro y soleado subiendo y bajando ese caminito sinuoso y provocador, que deja entrever las llanuras del Amazonas…

A quienes pasen por Sibundoy y quieran echar una mano o más, no duden en contactarse con ellos. :-)

Liberando los colibríes y las orquídeas en Sibundoy


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