La observación de aves en Putumayo: una estrategia de conservación

Algunos miembros del Grupo de Observadores de Aves del Valle de Sibundoy, de izquierda a derecha: Brayan Coral Jaramillo, Álvaro Cárdenas, Judit Jaramillo y William Daza. Vereda el Cedral, San Francisco, Valle de Sibundoy, dpto. Putumayo, sureste de Colombia. Foto tomada el 18 de Enero del 2014 por Judit Jaramillo.
Algunos miembros del Grupo de Observadores de Aves del Valle de Sibundoy, de izquierda a derecha: Brayan Coral Jaramillo, Álvaro Cárdenas, Judit Jaramillo y William Daza. Vereda el Cedral, San Francisco, Valle de Sibundoy, dpto. Putumayo, sureste de Colombia. Foto tomada el 18 de Enero del 2014 por Judit Jaramillo.

Desde tiempos remotos, la porción Andina del Putumayo ha sido un místico paraíso que ofrece cultura, tranquilidad y conexión con la naturaleza. A partir de la tradición oral de taitas y abuelos se logra reconocer cómo la Pacha-Mama ha influido en la cosmogonía de los pueblos que habitan, por ejemplo, el valle montañoso de Sibundoy y sus alrededores. Este valle ha recibido la atención de especialistas en el estudio de la flora durante diferentes periodos del siglo XX, a tal punto que colegas de Richard Evan Schultes, considerado el mejor etnobotánico de su época, mencionaron que “uno no puede realmente llamarse botánico, hasta que haya trabajado en Sibundoy”. Los intereses que apasionan explorar este territorio hoy en día incluyen muchos más organismos, y de ese modo la porción Andina del Putumayo está siempre abierta a recibir la atención que se merece.

La pasión por la porción Andina del Putumayo hoy en día no solo incluye los más de 1600 árboles alucinógenos, o el contacto con comunidades indígenas Camentsa e Inga, un buen trago de chicha o una calientita guayusita, y ni hablar de aclarar su mente a través de la toma de yagé. Hoy en día la atención de la parte Andina del Putumayo incluye conservar senderos o corredores de la danta y el oso (para más información ver http://premiomedioambiente.caracoltv.com/form/view-public/235/), consolidar reservas destinadas a conservar la vasta diversidad de orquídeas de las vertientes Andinas (ver http://www.just1planet.org/), o el emprendimiento de las comunidades locales (Putumayo SPA Hotel, Posadas Turísticas Villa Beatríz, Mesa Permanente de Turismo, Cooperativa La Orquidea, etc, etc) y una de las recientes actividades más populares en el mundo: la observación de aves.

Fue sorprendente para el biólogo Orlando Acevedo, cómo a partir de una convocatoria hecha por CORPOAMAZONIA se inscribieron casi 100 personas con interés en aprender a “pajarear” (observar aves) en un diplomado sobre conservación y observación de aves en el valle de Sibundoy (http://www.corpoamazonia.gov.co/index.php/noticias/276-inicia-el-curso-diplomado-en-observacion-y-conservacion-de-aves-del-valle-de-sibundoy). Pero más sorprendente fue para él ser partícipe de primera mano del proceso de identificar las aves que rodean la comunidad, ver cómo los pajareros están atentos a cada movimiento de estas maravillas aladas en el bosque, y compartir una pasión sin importar si se es propio o ajeno, grande o pequeño, amigo o desconocido. Tal pasión ha trascendido tanto que un año y medio después de ese diplomado, los pajareros del grupo de observadores de aves del valle de Sibundoy continúan saliendo a observar y enviando datos interesantes a Orlando hasta Puerto Rico (la más pequeña de las Antillas mayores del Caribe).

En las notas describen comportamiento y observaciones raras de la avifauna de los Andes del Putumayo, se envían fotos para confirmar identificaciones y se mantiene una amistad a la distancia. Una de las notas compartidas fue el registro de un pequeño pero carismático búho pigmeo, con pocos registros al este de los Andes, y previamente no registrado en Colombia. Al conocer este registro, junto con los observadores que vieron el buhíto (Brayan Jaramillo, Judit Jaramillo, Álvaro Cárdenas y William Daza, en la vereda El Cedral del municipio de San Francisco, el 18 de enero de 2014), se inició la escritura de un documento científico que fue aceptado para su publicación en el próximo volumen de marzo de 2015 del Boletín del Club Británico de Ornitólogos (British Bulletin of Ornithologists Club).

Las exploraciones deben seguir, pues el valle de Sibundoy ha sido reportado como una nueva localidad para varias especies de aves, entre ellas la enigmática cotinga de páramo (Doliornis remseni), con tan solo otra localidad conocida en Colombia (en Quindio, y no vista desde 1994) y el amenazado azulejo de montaña de Wetmore (Buthraupis wetmorei) (http://revistas.javeriana.edu.co/index.php/scientarium/article/view/6195).

El interés de los habitantes del valle de Sibundoy por sus aves se encuentra latente, y sirve de estandarte para explorar, conocer, aprender y proteger su entorno. Sin embargo, nuevas posibles amenazas a la biodiversidad de la parte Andina del Putumayo, como la minería, surgen entre los intereses personales, dejando de lado la participación en los bienes comunes, y poniendo en riesgo el patrimonio putumayense. La observación de aves puede ser una forma de concientización sobre la riqueza natural que se tiene, y lo importante que es conocerla y protegerla.


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