Un senador Putumayense : emancipación política y oportunidad histórica

Agustín Ordoñez G.
Agustín Ordoñez G.

Por : Agustín Ordóñez

Antes de la promulgación de la Constitución de 1991 el Senado de la República se elegía por circunscripción departamental y cada departamento tenía derecho a elegir un Senador por cada 195 mil habitantes, o sea que algunos tenían más de uno. Pero en aquella época nosotros no éramos departamento, la norma nos asignaba una categoría inferior, negándonos ese derecho, se nos permitían votar pero para elegir los senadores de otro departamento. O sea que éramos “menores de edad políticos” y prácticamente votábamos por votar.

La Constitución del 91 nos asciende a departamento e implementa la circunscripción nacional, pero el bajo censo electoral y la falta de personajes con talla y reconocimiento nacional nos seguían limitando la posibilidad de tener Senador propio. Aunque entramos a la mayoría de edad política no hemos logrado aún asumir ese estatus.

De cualquier manera, aquí y en cualquier parte, siempre ha sido, es y será una aspiración lógica y una necesidad de cada departamento y de nosotros sus habitantes, tener al menos un Senador, pero propio. Cada putumayense seguramente pensará y sentirá lo mismo. Propio significa que haya nacido, crecido y se haya forjado aquí, en esta tierra, que la conozca y nos conozca desde siempre, que la viva y la sienta, que se constituya en un buen referente de la imagen y el nombre de nuestra región a nivel nacional y sea un vocero de nuestro pensamiento y expectativas ante el gobierno y ante el país, junto con los Representantes a la Cámara.

Por varias razones no hemos podido y nos han querido meter en la cabeza que no es posible y que son los senadores de otros departamentos lo que nos conviene. En esto han jugado los intereses particulares de algunos que hacen pactos con candidatos o senadores de cualquier departamento.

En los dos marcos constitucionales mencionados hemos permanecido sometidos y aislados de esta posibilidad, por imposiciones y conveniencias de afuera apoyadas desde adentro, con manipulaciones y engaños, y ha sido difícil desprendernos de ese paternalismo político, secuela de las anexiones políticas y territoriales que se nos impusieron en el pasado. Entonces seguimos votando para elegirle los senadores a otros departamentos, que lógicamente defienden los intereses de su propia región, por lo que no le han servido, no le sirven y no le servirán para nada al Putumayo, así todos los días quieran hacernos creer que si algo bueno sucede acá es por obra y gracia de los senadores foráneos. Para colmo, los que más han sacado votación en el Putumayo, nos han “dado en la cabeza”, como sucedió en el caso de las Regalías de Nuestro Petróleo, de Nuestro Suelo, que se las llevaron para su departamento quienes recibieron los votos putumayenses, los mismos que con cinismo y descaro salen todos los días a decirnos que nos están ayudando y trabajando por el Putumayo, entonces les aplauden y vuelven a votarles.

Aunque la Democracia y la Circunscripción Nacional digan que un Senador lo es para todo el país, es un hecho real que cada Senador buscará defender los intereses de su terruño. Y aunque nos digan que se puede votar por cualquiera, los habitantes del Putumayo, que pensemos en nuestro territorio y no en intereses particulares, aspiramos a que nuestra región tenga su Senador propio. Esta aspiración lógica de las regiones es la razón por la cual prácticamente todos los senadores del país son elegidos con votación principalmente de su propio departamento.

Hoy podemos decir que las condiciones y nuestra mentalidad política están cambiando, afortunadamente.

En primer lugar estamos tomando conciencia como región, sobre la necesidad de ser nosotros mismos quienes luchemos y trabajemos por defender lo nuestro, para que no se lo sigan llevando y así mejorar nuestras actuales condiciones. Esa conciencia nos dice que nuestros propósitos regionales deben ser liderados por dirigentes de nuestro departamento, apoyados por quienes sentimos y amamos este territorio, creemos en él y hemos cimentado aquí nuestro proyecto de vida. Por otro lado, es fácil notar que nuestro censo electoral ha crecido significativamente y tenemos un potencial importante, pero que requiere de unidad, altruismo y generosidad.

Y lo más importante, hoy podemos decir con orgullo y satisfacción que el Putumayo cuenta con representación importante y respetada en el ámbito político colombiano, con trayectoria y reconocimiento nacional, que brilla con luz propia pero en el escenario político de las buenas ideas e iniciativas para el departamento y para la nación, no en el de los escándalos de corrupción, para ostentar esta dignidad con la altura y la capacidad que se requiere. Porque no se trata tampoco de votar por cualquiera que hoy aparezca diciendo que es de acá y que lo metieron por ahí en una lista, sino por una figura política destacada en todo el país y que haya logrado el reconocimiento con trabajo y aportes en los temas trascendentales para Colombia, como el de la reparación, la reconciliación y la paz.

Hoy, más que nunca, el Putumayo tiene la necesidad de tener su Senador propio y hoy más que nunca tenemos una oportunidad grande e histórica de lograrlo. Para ello es necesario dar otro paso trascendental en nuestra vida política: ser objetivos, positivos e inteligentes políticamente, desprendernos un poco de los sentimientos y resentimientos subjetivos, de las diferencias personales, políticas y de clase y de los intereses particulares, que no nos han permitido apreciar la realidad ni los valores y posibilidades que tenemos para poder pensar más como región.

La oportunidad que tenemos para sacudirnos del yugo político y del rezago de desarrollo es algo histórico y coyuntural y no vamos a desaprovecharla. Esto no es un mero sentimiento político ni una conveniencia particular, sino, y más que todo, un anhelo regional, en el que creemos los putumayenses.

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