Deforestación de Amazonía colombiana alarma por riesgo climático

AFP | Elespectador.com

Colombia posee 403.348 km2 de territorio amazónico, que equivale a 6,2% del total de la Amazonía.

La deforestación de la Amazonía de Colombia, a un ritmo de unos 800 km2 al año, preocupa a expertos y autoridades, que alertaron sobre los riesgos climáticos que esto implica, en ocasión de la cumbre de la ONU sobre el clima en Durban, Sudáfrica.

“La cifra de deforestación -cerca de 800 km2 anuales- es alarmante”, dijo a la AFP la viceministra de Ambiente y desarrollo sostenible, Adriana Soto, quien indicó que ello “debe llamar la atención de Colombia y el mundo, pues si no generamos alternativas viables sociales y ambientales, es muy posible que la tendencia anual aumente”.

Colombia posee 403.348 km2 de territorio amazónico, que equivale a 6,2% del total de la Amazonía, una vasta selva tropical en el centro y norte de Sudamérica fundamental para el equilibrio ambiental del planeta.

El aumento de la frontera agropecuaria, los cultivos ilícitos, la extracción ilegal de madera, la minería, e incluso la infraestructura vial, provocan la deforestación de la selva amazónica colombiana, compuesta en un 84,3% por bosques naturales, señala un diagnostico divulgado esta semana en un foro sobre el futuro de esa región de Colombia.

“Estos fenómenos son causados básicamente por la colonización”, dijo a la AFP Paola Zúñiga, de la fundación Alisos, que elaboró el estudio “Amazonas 2030”.

Explicó que los colonos deforestan principalmente para cultivar alimentos para su sustento y explotación económica, sembrar pasto para el ganado, y también para desarrollar infraestructura de transporte, tanto legal como ilegal, en este caso las trochas que se abren para sacar la cocaína.

Lo alejado de la zona ha favorecido su aislamiento del desarrollo y la acción del Estado, por lo que los cultivos ilícitos se han extendido en la zona y los grupos ilegales, como las guerrillas izquierdistas y bandas armadas de extrema derecha asociadas al narcotráfico, se han afincado allí.

El territorio amazónico, de unos 6 millones de km2, se reparte entre Brasil (64,3%) Perú (10,1%), Colombia (6,2%), Bolivia (6,1%), Venezuela (5,8%), Ecuador (1,5%), Guyana (2,8%), Surinam (2,1%) y Guyana Francesa (1,1%).

La Amazonía brasileña perdió 7.000 km2 de selva en el año concluido en julio de 2010, según el más reciente informe del Ministerio del Medio Ambiente de ese país.

La preservación de la Amazonía no depende sólo de Colombia y los otros países que la comparten, consideró la viceministra colombiana, que exhortó a la “corresponsabilidad internacional por los servicios que presta al mundo, como la regulación climática”.

Sin embargo, la creación del Fondo Verde, ideado para financiar a los países en desarrollo con el fin de ayudarlos a hacer frente al cambio climático, aún no se concreta en Durban.

La conservación de los bosques es vital para el equilibrio climático, porque entre más se conservan los bosques más se conserva la humedad, explicó Ricardo Lozano, director del estatal Instituto de hidrología, meteorología y estudios ambientales (Ideam), en declaraciones a la AFP.

Los efectos de la deforestación en la Amazonía colombiana ya son una realidad: la zona -con una temperatura media de 25,3 grados centígrados- está registrando un aumento climático anual de 0,01 grados centígrados, indicó Lozano.

Colombia, que alberga el 10% de la biodiversidad mundial, está a la cabeza, junto con Pakistán y Guatemala, de una lista de países que en 2010 se vieron más afectados por problemas climáticos graves, de acuerdo con un “índice de riesgo climático” publicado esta semana en Durban por la ONG europea Germanwatch.

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Una respuesta a "Deforestación de Amazonía colombiana alarma por riesgo climático"

  1. FRANCO ROMO   3 diciembre, 2011 at 10:44 PM
    Cunado entro en contacto con facebook y Mi Putumayo, encuentro dos artículos de suma y delicada importancia, que todos los que nos identificamos como “hombre amazónico” nos debe preocupar, teniendo la responsabilidad, obligación y deber de contribuir con un granito de arena por nuestra tierra y especialmente los que con sentido de pertenencia nos hemos capacitado y preparado en las disciplinas que tiene que ver con los recursos naturales y el ambiente completo.
    Los artículos a los cuales me refiero son el tratado en Facebook enviado por el ambientalista Carlos Hernán Castro relacionado con la “conservación de semillas de especies autóctonas para preservar la biodiversidad del Ecuador” y el otro artículo el tratado en esta espacio de Mi Putumayo sobre “la deforestación de la Amazonia colombiana alarma por riesgo climático”.
    Sobre lo anterior, que pueden hacer los que se identifican como “ambientalistas” en contraposición con los que nos consideramos “desarrollistas”?. Si personalmente me identifico como desarrollista (con el apelativo de) sustentable; nuestra responsabilidad, obligación y deber es de que a todo Ser Humano le debemos propiciar una vida digna o mejor nivel de vida, de tal manera que el desarrollo sirva para satisfacer las necesidades de las presentes generaciones sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.
    Refiriéndonos a la Amazonia podemos entender como la forma de utilizar uno o varios de sus recursos, sin agotar la capacidad que tienen para renovarse o sea de seguir existiendo después de utilizarlos. Esto lo podríamos lograr si desde ahora nos proponemos acopiar y no dejar acabar la infinidad de semillas nativas de la zona amazónica para renovar su producción controlando o evitando su deforestación.
    Empecé por hacerlo hace 30 años en la Granja de Rumiyaco en donde iniciamos y dejamos sembrando algunas plantas valiosas como Inchi, uva caimarón, chontaduro y en donde se podría utilizar sus terrenos e instalaciones con un programa de recuperación y almacenamiento de semillas nativas que posee la enorme biodiversidad que posee nuestra amazonia.
    Termino mencionando lo que nos enseña nuestro Maestro Gustavo Wilches Chaux cuando dice: “La búsqueda de una nueva relación entre la humanidad y la naturaleza debe traducirse en un mejoramiento integral de nuestra calidad de vida, de acuerdo a un modelo que resulte ecológica, económica, social y culturalmente “sostenible”.

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