El candidato oficialista afirma tener información de un “montaje” que entregará a las autoridades, y el ultra asegura que su campaña ha recibido información similar sobre su rival

La sombra de la violencia ha entrado, una vez más, en la disputa por la Presidencia de Colombia. Este lunes, los dos candidatos que se enfrentarán en la segunda vuelta, el oficialista Iván Cepeda y el ultra Abelardo de la Espriella, han intercambiado acusaciones sobre supuestos autoatentados planeados para la recta final de la campaña. Si bien ninguno de los dos ha hecho público detalle alguno de los ataques a los que hacen referencia, la posibilidad de un hecho violento en la campaña —en la que fue asesinado el precandidato Miguel Uribe Turbay, un año atrás— ensombrece a la actual disputa política, pasada por la confrontación agresiva.
Cepeda fue el primero de los dos candidatos en hacer la denuncia. Según escribió en sus redes sociales, “por distintas vías” recibió información de que desde la campaña de De la Espriella supuestamente se está fraguando un “montaje” para llevar a cabo un “autoatentado controlado” contra el candidato, con el objetivo de incidir en la segunda vuelta presidencial del próximo 21 de junio. “Ante esta circunstancia, anuncio que pondré en conocimiento de este hecho a la Fiscalía General de la Nación para que adelante las verificaciones del caso”, agregó. Dijo también que entregará la información a la Unidad Nacional de Protección (UNP), para que refuerce la seguridad del candidato ultra, de ser necesario.
Minutos después, De la Espriella le respondió por la misma vía, primero señalando a Cepeda de estar desesperado y de recurrir a “cualquier estrategia” para desviar la atención “del debate de fondo”. Más abajo escribió: “A nuestra campaña ha llegado la misma información: que estás preparando un autoatentado. Por responsabilidad, no he querido especular ni convertir rumores en noticias, porque con la seguridad no se juega y porque Colombia ya ha pagado un precio demasiado alto por la violencia política”. También recordó el atentado contra Uribe Turbay, del que se cumplió el domingo el primer aniversario, y terminó diciendo: “La violencia política ha causado demasiado dolor como para utilizarla como herramienta de confrontación o propaganda”.
Ante el riesgo latente de un atentado, los candidatos presidenciales —tanto los dos que siguen en la contienda como los que ya fueron derrotados— recurrieron a todo tipo de protección para los actos públicos en los que participaban. Así, ha sido común ver a los aspirantes rodeados de guardaespaldas, algunos de ellos con gruesos escudos antibalas, o equipos antidrones en caso de un ataque aéreo. De la Espriella incorporó, además, una urna fabricada con vidrios blindados, desde la que pronunció sus discursos en las semanas anteriores a la primera vuelta del 31 de mayo.
Pese a los antecedentes de Colombia con la violencia política, los ataques físicos en campaña han ocurrido en otros países, donde algunos candidatos han sido blanco de ataques en los días previos a las elecciones. Entre los más recordados se encuentran el del candidato ultraderechista brasileño Jair Bolsonaro, quien en 2018 recibió una puñalada en el abdomen en medio de un mitin y permaneció hospitalizado varios días. De igual manera, Donald Trump fue víctima de un ataque, cuando un disparo lo hirió en una oreja, también en un acto de campaña en 2024 en Estados Unidos. En ambos casos, los candidatos heridos triunfaron luego en las elecciones.