El uso indebido de credenciales legítimas se posiciona como una de las principales amenazas digitales en la región, llevando a las organizaciones a replantear sus estrategias de seguridad.

Durante años, las empresas latinoamericanas concentraron sus esfuerzos en defenderse de amenazas externas como virus informáticos o ataques de ransomware. Sin embargo, el escenario ha evolucionado y hoy el riesgo más preocupante no siempre proviene de afuera, sino de accesos aparentemente válidos que permiten a los atacantes moverse sin levantar sospechas.
Diversos especialistas en ciberseguridad coinciden en que el uso indebido de credenciales, ya sea por robo, filtración o mala gestión de privilegios, se ha convertido en uno de los métodos más efectivos para vulnerar sistemas. Según datos del sector, más de una cuarta parte de los incidentes de seguridad en América Latina ya se originan en este tipo de accesos comprometidos.
La identidad digital, en el centro de la seguridad empresarial
El cambio de paradigma es claro: los atacantes ya no necesitan romper las defensas tradicionales si pueden ingresar con credenciales válidas. Esto transforma la identidad digital en el nuevo eje de la ciberseguridad, desplazando a la infraestructura como principal foco de protección.
En este contexto, diferentes herramientas digitales para empresas como la gestión de accesos privilegiados (PAM), la administración de directorios y los sistemas de control de identidades han dejado de ser soluciones secundarias para convertirse en elementos clave dentro de la estrategia corporativa.
Las organizaciones ahora deben prestar especial atención a quién accede a sus sistemas, desde qué ubicación y bajo qué condiciones, incorporando controles más estrictos y monitoreo constante.
Accesos privilegiados: un riesgo silencioso, pero crítico
Uno de los puntos más sensibles radica en los usuarios con privilegios elevados. Cuando estos accesos no están correctamente controlados, pueden derivar en consecuencias graves, como interrupciones operativas, fraudes, filtración de datos sensibles o sanciones regulatorias.
Además, el impacto económico de estos incidentes puede ser igual o incluso mayor que el de ataques más visibles como el ransomware, debido al nivel de acceso que los ciberdelincuentes pueden obtener sin ser detectados.
Sectores estratégicos como banca, telecomunicaciones, energía, retail y organismos públicos enfrentan un riesgo creciente, especialmente en un contexto de acelerada digitalización que ha dejado expuestas ciertas debilidades estructurales.
Más allá de la tecnología, la discusión ha escalado a niveles ejecutivos. La gestión de identidades y accesos ya no es solo un asunto del área de TI, sino un componente central de la gobernanza empresarial y la gestión del riesgo.
En este escenario, el foco para los próximos años estará puesto en reforzar el control sobre los accesos privilegiados, implementando políticas claras y una supervisión constante que permita anticipar y mitigar amenazas antes de que se conviertan en crisis.
Hacia una estrategia de seguridad centrada en la identidad
Para enfrentar este escenario, las organizaciones en América Latina están avanzando hacia modelos de seguridad basados en el enfoque “zero trust”, donde ningún acceso se da por confiable de forma automática, incluso si proviene desde dentro de la red corporativa. Este cambio implica validar continuamente la identidad de los usuarios, aplicar autenticación multifactor y limitar los privilegios al mínimo necesario para cada rol.
A su vez, la capacitación interna cobra un rol cada vez más relevante. Muchos incidentes comienzan con errores humanos, como el uso de contraseñas débiles o la reutilización de credenciales en múltiples plataformas. Por ello, fomentar una cultura de ciberseguridad entre los colaboradores es tan importante como implementar soluciones tecnológicas.
Finalmente, la integración de inteligencia artificial y análisis de comportamiento está permitiendo detectar anomalías en tiempo real, identificando accesos sospechosos incluso cuando se utilizan credenciales válidas. Esta combinación de tecnología, procesos y cultura organizacional será clave para reducir la exposición al riesgo en un entorno digital cada vez más complejo.