La tecnología solar, instalada por WWF en alianza con las tejedoras de vida, ayuda a que las asociaciones de mujeres aumenten sus ingresos y fortalezcan su autonomía y sentido de comunidad.

En Putumayo el trabajo inicia temprano: las comunidades se ganan la vida bajo la luz matutina del Amazonas y las primeras horas del día ya anuncian el calor de la mañana. Los guacamayos y los colibríes ya vuelan por el territorio y los osos hormigueros deambulan en busca del desayuno.
Escondido junto al serpenteante río Caquetá se encuentra Puerto Limón, un pequeño pueblo donde los días son tranquilos y la gente es trabajadora. Miriam Meza Cortés ha vivido allí durante 60 años; sus padres la trajeron de bebé en busca de una vida mejor.
«Quienes llegan no quieren irse», dice. «Es un pueblo que ha crecido poco a poco, y su gente se enamora más de él cada día».
A lo largo de los años, Putumayo ha moldeado quién es ella y quién se esfuerza por ser. «Esta tierra me inculcó valores, un sentido del servicio y el impulso para triunfar. Me identifico como mujer afrodescendiente, y eso también es parte de mi historia y de mi fortaleza», cuenta orgullosa.
En la Amazonía colombiana, las mujeres son históricamente guardianas de la naturaleza y líderes de los sistemas de producción comunitarios. Hoy, Miriam es una de ellas: empodera a otras mujeres con medios de vida sostenibles, al tiempo que aprovecha la energía renovable.
Medios de vida creados por mujeres y para mujeres
Miriam es la fundadora y representante legal de la Asociación de Mujeres Progresistas, una organización creada por y para las mujeres de Puerto Limón. Durante más de tres décadas, se han unido y organizado para conseguir mejores oportunidades laborales.
«La asociación ha cambiado nuestras vidas. Nos ha permitido mejorar económicamente, pero también crecer como personas: en valores, en camaradería, en solidaridad», explicó. «Muchas de nosotras hemos podido criar a nuestros hijos, incluso proporcionándoles educación universitaria. Nos ha dado dignidad y estabilidad», agrega.
Al criar y vender pollos, Miriam y sus compañeras obtienen ingresos e independencia, así como un sentido de comunidad. Cada miembro se hace responsable de su propio producto, pero cuando llega el momento de vender y cosechar, se unen. Mientras tanto, ella se encarga de dirigir las reuniones y las tareas administrativas.
«Lo que queríamos era sencillo, pero muy importante: mejorar nuestra calidad de vida», dice. «Era una necesidad, pero también un sueño».
Este sueño, convertido en realidad, le da un propósito. «Para mí, la asociación es lo más importante que he hecho en mi vida. La amo profundamente. Estoy orgullosa de haberla fundado y de verla crecer», expresa.
Pero el camino no ha sido fácil. A lo largo de los años, las progresistas se han enfrentado a una amenaza existencial para su sustento: los apagones. Las fallas en la red eléctrica ocurrían con frecuencia y de manera impredecible, con consecuencias devastadoras.
Las gallinas necesitan temperaturas estables y ventilación para sobrevivir, y sin electricidad no hay calor de las lámparas ni aire de los ventiladores. En pocas horas, la vida de las gallinas corre peligro, y con ellas, semanas de trabajo.
Pero con el apoyo de WWF, una nueva solución mantiene a flote a estas mujeres y sus bandadas: la energía solar.
Perspectivas más prometedoras con la energía solar
La llegada de un sistema solar fotovoltaico el mes pasado lo ha cambiado todo. «Ha sido una bendición. Un regalo de Dios», dice Miriam. «Ahora, con los paneles solares, tenemos estabilidad. Ahorramos dinero, protegemos el producto y trabajamos con mayor tranquilidad. Además, es energía limpia que también ayuda al medio ambiente», explica.
El atractivo de la instalación solar radica en su fiabilidad. Para garantizar su calidad y eficacia, WWF Colombia colaboró con el programa global Energizing Communities and Conservation(ECCo) de la organización para obtener apoyo técnico. Con décadas de experiencia en energía solar, ECCo diseñó una instalación adaptada a las necesidades de la asociación, que incluye un sistema de monitoreo en línea para verificar periódicamente el estado del sistema. Los progresistas ahora pueden continuar con sus medios de vida sin interrupciones, con el equipo de ECCo a solo una llamada de distancia.
A pocos kilómetros de distancia, en Puerto Caicedo, otro proyecto solar está iluminando el futuro de las mujeres. Durante 11 años, la Asociación de Mujeres Piscicultoras y Productoras Agrícolas de El Progreso (ASOPPAE) ha criado tilapia y cachama sin acceso a la electricidad.
«Llevamos mucho tiempo soñando con este proyecto», dice Stella Ruiz, representante legal de ASOPPAE. Antes, no había energía para hacer funcionar los equipos, refrigerar los productos o iluminar los espacios de trabajo por la noche. Pero con la energía solar, pueden expandir sus operaciones comerciales mucho más allá de sus limitaciones anteriores.
«Gracias a los paneles solares, podemos alimentar los aireadores de los estanques, que oxigenan el agua en momentos clave… Esto es muy importante porque, al haber más peces en el mismo espacio, se necesita una mayor oxigenación para garantizar su bienestar», recalca Stella.

Con el uso de aeradores de estanque, la asociación gestiona ahora dos estanques para la cría de peces, avanzando de manera constante hacia su objetivo de contar con un total de cuatro estanques. Pero para Stella, este logro significa más que unos mejores ingresos.
«Este proyecto representa no solo una mejora económica, sino también un proceso de aprendizaje, organización y empoderamiento como mujeres. Es la prueba de que, cuando trabajamos juntas, podemos convertir los sueños en realidad», puntualiza orgullosa.
La tecnología solar es energía: es la energía que alimenta las luces y las máquinas, pero también es la energía que permite a las mujeres definir su futuro. Miriam y Stella han decidido continuar con el legado de las mujeres que protegen su medio ambiente y sus comunidades, ahora impulsadas por el sol.