Por : Pixel Estudio

Hacia las 11:00 de la mañana de este martes, en el departamento de Nariño, las autoridades lograron la captura de John Eduardo Pardo Narváez, uno de los delincuentes más buscados del departamento del Putumayo, quien figuraba en el cartel oficial de requeridos por la justicia.
Pardo Narváez es un personaje ampliamente reconocido en los ámbitos profesional, social y político del Putumayo. Es abogado y cuñado del exgobernador Buanerges Rosero Peña, quien mantuvo cercanía con los procesos políticos del exgobernador nulitado Carlos Marroquín, lo que durante años le dio visibilidad y poder en escenarios regionales.
Sin embargo, ese reconocimiento no lo puso por encima de la ley.
El 21 de mayo de 2025, el Juzgado Primero Penal del Circuito de Mocoa lo condenó en primera instancia a 36 años de prisión, sin beneficios judiciales, como responsable del homicidio agravado de Mónica Patricia Guerra Cajigas. La justicia determinó que se trató de un crimen marcado por violencia extrema, control, dominación y violencia basada en género.
La sentencia dejó en claro que la víctima se encontraba en estado de indefensión, fue sometida a un prolongado ciclo de maltrato físico y psicológico; posteriormente asesinada con arma de fuego y su cuerpo abandonado en zona boscosa de la carretera Mocoa – San Francisco. El juzgado aplicó de manera expresa la perspectiva de género, reconociendo que el hecho de ser mujer fue un elemento determinante en la comisión del crimen, conforme a los agravantes contemplados en el artículo 104 del Código Penal.
El proceso judicial también documentó un hecho especialmente grave: amenazas e intimidaciones contra la juez del caso, una situación que evidencia los riesgos que enfrenta la independencia judicial cuando se juzgan crímenes de alto impacto y poder.
Este fallo reafirma un principio fundamental: juzgar con perspectiva de género no es ideología, es justicia aplicada correctamente. Es reconocer las relaciones de poder, la indefensión de la víctima y las violencias estructurales que durante décadas fueron ignoradas o minimizadas.
La captura de John Eduardo Pardo Narváez envía un mensaje contundente e inequívoco:
la violencia contra las mujeres no queda impune y la justicia, incluso frente a presiones, amenazas o intentos de evasión, termina alcanzando a los responsables.
Este caso deja una advertencia clara para la sociedad:
quien ejerce violencia contra las mujeres termina respondiendo ante la justicia, sin excusas, sin atajos y sin escondites, así cruce fronteras.