Un estudio realizado en diez Centros de Diagnóstico Automotor (CDA) de Armenia reveló que los trabajadores que realizan pruebas de frenado están expuestos a concentraciones de partículas ultrafinas casi diez veces por encima del límite recomendado internacionalmente, lo que representa un riesgo crítico para su salud respiratoria. La investigación, publicada en la revista Environments (MDPI), fue liderada por los docentes del programa de Seguridad y Salud en el Trabajo de la Universidad del Quindío: Milena E. Gómez Yepes, Rafael H. Villamizar Vargas y Olga L. Rendón García, en colaboración con Lázaro V. Cremades, de la Universitat Politècnica de Catalunya (España).

El estudio realizado entre 2021 y 2023, analizó muestras de aire mediante el método NIOSH 0600 y microscopía electrónica de barrido (SEM), identificó partículas de tamaño variable entre 1.12 y 54.33 micrómetros, incluyendo fracciones ultrafinas de apenas 198 a 798 nanómetros. Esto significa que gran parte del material puede depositarse en las vías respiratorias: desde la tráquea hasta los alvéolos pulmonares y desde allí transportarse a otros órganos. Las partículas más grandes se quedan en la vía superior y pueden generar enfermedades, detallaron los investigadores.
Frente a los hallazgos, los investigadores encontraron que “la exposición ocupacional promedio fue de 24.31 mg/m³, mientras que el valor límite umbral (TLV) para partículas ultrafinas es de 2.5 mg/m³”, explicó Rafael Humberto Villamizar Vargas, ingeniero químico, magíster en química, docente de la Universidad del Quindío y coautor del trabajo. “En todos los talleres muestreados se superó ese límite. Uno llegó a 100 mg/m³, 40 veces más de lo recomendado”, añadió.
Sumado a lo dicho, uno de los resultados más preocupantes fue la detección de cromo (Cr) en las partículas, un metal asociado a componentes de pastillas de freno (materiales refractarios, fibra de vidrio, wollastonita y termoplásticos). Si bien el estudio no diferenció si se trataba de cromo trivalente y hexavalente, los autores advierten que esta última forma es altamente cancerígena para humanos. “El cromo hexavalente es una sustancia catalogada como cancerígena. Aunque no hicimos esa diferenciación, la presencia de cromo en el ambiente de trabajo ya es una señal de alerta que obliga a implementar vigilancia epidemiológica”, subrayó el investigador.
Asimismo, durante las visitas a los talleres, los investigadores observaron que nueve de cada diez operarios no utilizaban equipos de protección personal (EPP) adecuados, como mascarillas N95 o FFP2, a pesar de trabajar en espacios muchas veces confinados o mal ventilados. “Nos llamó la atención que, aunque la mayoría de los CDA son espacios abiertos, la concentración de partículas dentro era mucho mayor que en el exterior. Y los trabajadores no usaban protección. Es un problema de salud ocupacional que puede agravarse con el tiempo”, afirmó Villamizar.
Un problema que no desaparecerá con los autos eléctricos
Los autores advierten que este riesgo no es exclusivo de los vehículos de combustión. “Los vehículos eléctricos también frenan y también desgastan pastillas y neumáticos. Las emisiones no derivadas del escape (NEE) seguirán existiendo y, de hecho, podrían aumentar por el mayor peso de las baterías”, señaló Villamizar.
El equipo de investigación espera que estos hallazgos sirvan de base para que en Colombia se actualicen los protocolos de seguridad en los CDA, actualmente inexistentes para este tipo de exposición. “Nosotros queremos que esta información llegue a los estudiantes, a los trabajadores y a los empleadores. La investigación no debe quedarse en un artículo; debe transformar realidades”, concluyó Villamizar Vargas.
El estudio concluye con dos recomendaciones. La primera: implementar programas de vigilancia epidemiológica centrados en la salud respiratoria de los trabajadores expuestos. La segunda: dotar y exigir el uso de equipos de protección personal adecuados, además de capacitar al personal sobre los riesgos reales a los que se enfrentan. “No se trata solo de usar tapabocas. Se requiere un sistema de vigilancia médica que haga seguimiento periódico a los trabajadores, porque los efectos de la exposición a partículas ultrafinas pueden ser silenciosos y tardar años en manifestarse”, enfatizó el docente.