
Pixel Estudio – Mauricio Fajardo
La reciente aclaración de Corpoamazonia deja en evidencia algo más profundo que una simple rectificación: el impacto real que puede tener la desinformación cuando se trata de la fauna silvestre.
En las últimas horas circuló en varios medios digitales del Putumayo la versión de que un felino —específicamente un jaguar— habría atacado a un campesino en la zona rural de Puerto Caicedo, e incluso que el animal había sido abatido. Sin embargo, la autoridad ambiental fue enfática: no existen reportes oficiales sobre la muerte de un jaguar por este supuesto hecho, y las imágenes difundidas no corresponden a heridas ocasionadas por ataque de felino.
Más allá del error informativo, lo preocupante fue la reacción que se generó. La difusión de datos no verificados provocó pánico, comentarios que justificaban la caza del animal y llamados a tomar represalias contra la fauna silvestre. En cuestión de horas, una noticia sin confirmar alimentó la confrontación entre comunidades humanas y especies protegidas que forman parte del equilibrio ecológico amazónico.
El jaguar, especie emblemática y protegida, cumple un papel fundamental en los ecosistemas. Cuando la información se distorsiona, no solo se afecta la credibilidad de los medios, sino que se pone en riesgo la conservación de especies que ya enfrentan amenazas como la pérdida de hábitat y la caza ilegal.
Este episodio invita a una reflexión colectiva: informar con responsabilidad no es solo una obligación ética del periodismo, sino también una acción que puede prevenir daños irreversibles.
En territorios donde la biodiversidad convive estrechamente con las comunidades, la verificación de los hechos no es un simple protocolo; es una herramienta para evitar el miedo, la violencia y decisiones apresuradas contra la naturaleza.
La desinformación no solo confunde. También puede matar.