Madres buscadoras: ‘Ángeles guardianes’ guiados por la luz de la esperanza

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RAdioNacional – Desde la costa pacífica nariñense hasta la Amazonía colombiana, 35 progenitoras lideran la búsqueda de sus hijos, esposos, hermanos y primos.

Juan Miguel Narváez Eraso

Entre la incertidumbre y la esperanza, 35 madres de familia de distintos municipios de los departamentos de Nariño y Putumayo conservan la ilusión de dar con el paradero de sus seres queridos.

Esa tarea que no ha sido fácil para Amelia Margoth Valencia Ortega, representante legal de la Asociación de Mujeres Víctimas de Desaparición Forzada de Nariño, Amvidenar, y de aquellas progenitoras que hacen parte de dicha agremiación; la emprenden sin descanso por desolados caminos, por agrestes cordilleras y sofocantes climas en los que los rayos del sol superan los 30 grados Celsius.


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Aunque asegura que ella y las demás madres buscadoras han tenido tropiezos en el desarrollo de su humanitaria labor, argumenta que nada las detendrá para ubicar vivos o muertos a sus hijos, esposos o hermanos que un día les perdieron el rastro en Tumaco, El Tambo y Puerto Asís, entre otros municipios del sur y de la Amazonía colombiana.

De su hermano Oliver Roldán Valencia Ortega y de su primo Armando Sosa Valencia, Amelia Margoth y demás allegados, no volvieron a saber desde aquel 4 de septiembre de 1993. Recuerda que su misteriosa y fatídica desaparición se produjo cuando los 2 jóvenes iban a bordo de un ‘camión chato’ color amarillo que, entre el municipio de El Tambo (Nariño) y la ciudad de Cali (Valle del Cauca), transportaba frutas.

Aunque nadie da cuenta del punto exacto de la carretera en la que los jóvenes desaparecieron, Margoth trajo a su mente aquellos instantes en los que unos conocidos, un mes después, le dijeron que el camión en el que se movilizaban Oliver y Armando estaba en el sitio conocido como La Nevera, zona rural del municipio de Palmira.

Si bien es cierto que indica que el automotor quedó en una zona de disputa entre dos grupos armados ilegales, subraya que nadie supo a ciencia cierta qué fue lo que sucedió con sus familiares. Han transcurrido 32 años de su desaparición y Margoth asegura que el amor que aún siente por ellos la motiva para seguir luchando y esclarecer los hechos que un día dejaron un gran vacío en su hogar.


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Travesía familiar

De su hogar, la única mujer es Margoth y por eso en 1993 todos los varones de las familias Valencia Ortega y Sosa Valencia se repartieron tareas para salir en la búsqueda de sus allegados. Cada hermano tomó un rumbo diferente y a raíz de eso, 2 de ellos cayeron en las adicciones; por fortuna se recuperaron.

Ese fue un proceso muy duro que marcó el corazón en cada uno de sus seres queridos. Aunque es consciente de que su búsqueda es infructuosa, está convencida de que muy pronto llegará el día en que las entidades de ayuda humanitaria le dirán que encontraron a su primo y hermano.

“Ojalá llegue pronto ese día, porque la situación que estamos viviendo es tormentosa. “Mire que mis padres fallecieron sin saber qué sucedió con Oliver y Armando”, expresó Margoth.

Incansable labor

Así como Margoth, otras madres de familia siguen incansables con sus labores de búsqueda en otras regiones de Colombia. En el siguiente caso, doña Floralba Carrera nos contará los difíciles momentos que vive desde hace 21 años, cuando perdió el rastro de su hijo William Giovanny Gómez Carrera.

Los hechos sucedieron el 16 de febrero del 2004, cuando prestaba su servicio militar en una base de Teteyé en Puerto Asís (Putumayo). Según Floralba, su hijo fue secuestrado por el frente 48 de las extintas Farc, que en ese entonces estaba al mando de Edgar Tovar y de alias ‘La Pilosa’.

Esa versión asegura que la conoció por un postulado que participó en el marco de la firma del Acuerdo de Paz. En esa ocasión, recuerda que le contaron detalladamente todos los detalles que se dieron desde el secuestro hasta el fusilamiento en cautiverio de su hijo William Giovanny.  

Además, indica que en las 2 oportunidades en que una delegación llegó a la zona para proceder a la exhumación de su hijo, jamás dio con el sitio donde supuestamente yacían los restos mortales.    

Argumenta que en la primera ocasión, dicha comisión fue atacada con explosivos y en la segunda, un campesino de la zona les había dicho que los restos del militar no fueron sepultados en el predio donde adelantaban las labores de búsqueda, sino en otro lugar del que nadie daba razón.

Aunque a su edad doña Floralba afirma que todavía le quedan algunas fuerzas para seguir con la búsqueda de su hijo, expresa que esa tarea la realizará hasta el último día que Dios haga su voluntad en ella.

William Giovanny salió del departamento del Putumayo junto a sus familiares cuando tenía 16 años de edad, por miedo al reclutamiento forzado. Antes de ingresar a la unidad militar donde prestaba su servicio, se radicaron en el corregimiento de Llorente en Tumaco, donde unos meses después permanecieron en la capital nariñense.


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