Así se está fortaleciendo el turismo indígena en Colombia

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ElESpectador – “Escuela Intercultural Itinerante de Turismo Indígena”: una estrategia para un turismo biocultural y regenerativo que aporte a la construcción de paz territorial.

Actualmente se lleva a cabo el tercer módulo de la Escuela Intercultural Itinerante de Turismo Indígena en tres municipios del Cauca. Una iniciativa del Viceministerio de Turismo, en coordinación con la Universidad Indígena Intercultural-AUIIN, la Universidad Externado de Colombia y la Alianza Mundial de Turismo Indígena-WINTA, en una valiosa intención por articular experiencias, aprendizajes y reflexiones de los pueblos indígenas de Colombia en torno a sus apuestas crecientes en actividades de turismo. Con participación de 22 pueblos indígenas distintos, provenientes de 19 diferentes departamentos, desde la Guajira hasta la Amazonia.

Tres módulos con tres objetivos buscan ofrecer una propuesta de reflexión y acción profunda sobre el turismo en los territorios indígenas. Reconocer los modelos propios de los pueblos indígenas en relación con el turismo, a cargo del chileno con corazón Mapuche y experiencias en el campo del turismo indígena en Canadá y Chile, Jean – Philippe Le Moigne de WINTA; comprender los principales desafíos y oportunidades que vienen enfrentando las comunidades indígenas en sus territorios en relación con el turismo e identificar estrategias de acción para asegurar el buen vivir y sus planes de vida, a cargo del docente Milson Betancourt Santiago de la Facultad de Turismo de la Universidad Externado de Colombia; e, identificar modelos de gobierno propio para el desarrollo del turismo indígena, a cargo de Marcos Abel Info, de la UAIN.

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En Colombia, y en otras partes del mundo, se ha buscado anclar políticas de equidad, sustentabilidad y paz territorial, dentro de la política de turismo, reconociendo que estas estrategias pasan por el rol protagónico que deben tener las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes dentro de la gobernanza territorial del turismo, las decisiones de política pública y su implementación, así como en toda la cadena de valor del turismo, en todas las escalas local, regional, nacional e internacional.

Somos un país rural, en donde estás poblaciones y sus ordenamientos territoriales comunitarios (afros, campesinos e indígenas) constituyen mayorías geográficas. Sin embargo, han sido las poblaciones más excluidas, marginadas y violentadas en la historia del país. La larga guerra del capitalismo, contra los mundos comunitarios rurales, primero en Europa, después en América Latina, y posteriormente, en el resto de los mundos colonizados, occidentalizados, desintegrados y subalternizados, que ha provocado la devastación social y ambiental, que nos tiene en crisis como civilización y como planeta. La misma guerra que en Colombia, adquirió rasgos particularmente degradados, acelerados y complejos, y de la que, según los informes de la Comisión de la Verdad, estas poblaciones constituyen el 99 % de las víctimas del conflicto en todas las épocas.

La reflexión y acción sobre turismo como estrategia para construir equidad, sustentabilidad y paz tiene una relevancia enorme en Colombia. La territorialidad comunitaria indígena representa un 33 % del territorio nacional, y eso que, considerando solo sus territorios formalmente reconocidos por el Estado, pero sabemos que sus territorialidades van más allá de ese porcentaje, y además le hacen un inmenso aporte al país en perspectiva de la sustentabilidad territorial de la vida (lo que mal llaman servicios ecosistémicos). No casualmente, sus territorialidades coinciden en Colombia, y el mundo, con los espacios geográficos megadiversos y mejor conservados del planeta, según los mapas que presentan, entre muchos investigadores, los geógrafos culturales Víctor Toledo y Narciso Barrera-Bassols, en su lúcido libro La Memoria Biocultural: la importancia ecológica de las sabidurías tradicionales.

Esta realidad territorial, biocultural, y de biodiversidad, en sus tres componentes, biodiversidad biológica, biodiversidad agrícola, y biodiversidad cultural además de lingüística, es esencial para la sustentabilidad de la vida humana y no humana en Colombia, y en el planeta. Su protección, conservación y regeneración, va mucho más allá, de la corriente hegemónica e institucional del desarrollo sostenible, o del turismo sostenible, del dañemos un poquito menos, en vez, del urgente regeneremos la vida, sus elementos (y de paso la salud de los humanos y del planeta), lo que pasa por regenerar sus condiciones territoriales.

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Nuevos horizontes de sentido dentro de las políticas públicas de turismo aparecen, que deben ser tomados en serio, no solo en su ideación, sino sobre todo en su planificación e implementación, en un país que tiene todas las condiciones de posibilidad para abrir caminos a turismos muy otros, luego de la reflexión sobre lo que ha sido el turismo como realidad territorial en el mundo.

Transformaciones que van del turismo sostenible, al turismo biocultural y regenerativo, del turismo de masa, al turismo consiente y controlado, del turismo arrasador y devastador, al turismo que, apuesta por retejer reales caminos de sustentabilidad, del turismo que explota la mano de obra campesina e indígena para gozar de sus patrimonios bioculturales, a un turismo que conecta y transforma al turista, en armonía con las necesidades éticas de la sustentabilidad de la vida de la humanidad y del planeta.

Colombia tiene todas las condiciones para ser potencia mundial de un turismo diferente. Quizás no existe otra actividad económica, en donde más se potencia el encuentro entre seres humanos diversos como en el turismo. Ojalá esto nos ayude a reconciliarnos como país, como sociedad, y a trascender nuestras tensiones territoriales, para beneficio de toda la sociedad, en una apuesta verdadera de paz territorial no extractivista, sino de una paz territorial biocultural y regenerativa, a la que el campo del turismo podría realizar algunos aportes importantes.

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Y ojalá también estas estrategias y horizontes tengan continuidad, más allá de políticas de gobierno transitorias, pues los temas como la salud de los cuerpos-territorios, la sustentabilidad de la vida, la equidad y la paz, son principios y derechos constitucionales que deben ser tomados en serio, como política de Estado, por ello, los 19 pueblos expresaron su deseo de que la Escuela Intercultural de Turismo Indígena tenga continuidad.

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