Mi primera navidad en una reserva de la sociedad civil

DeJusticia – Mildred Ortiz vive en la vereda San José del Pepino, en el municipio de Mocoa, Putumayo. Desde allá nos cuenta la historia de su primera navidad en la reserva natural de la sociedad civil Paway, en diciembre de 2014.

Soy Mildred Alejandra Ortiz Martínez, ingeniera agropecuaria de Mocoa, Putumayo, y me dedico a promover el uso sostenible de la biodiversidad. Por años me he enfocado en buscar alternativas para promover el uso sostenible de los recursos de la región a través de los conocimientos propios y ancestrales del departamento, centrados en el cuidado de la vida y el territorio.

Al comienzo de mi carrera laboral me di cuenta de que la única actividad agropecuaria que tenía un presupuesto generoso era la ganadería. Pero en la universidad había visto que la Amazonía no era la mejor alternativa para desarrollar iniciativas ganaderas. Por ello, decidí apoyar la idea de que no se podía dar ni una hectárea más para la ganadería.

Que no se talen más bosques para meter ganado; y donde hay ganado, tomar todas las medidas y hacer los estudios técnicos para que no se arruine la tierra, y los campesinos puedan mitigar las afectaciones mientras mejoran sus utilidades. Por ejemplo, que hagan enriquecimiento constante del potrero y procuren darles un mejor bienestar animal a las vacas…. porque lo que pasa acá en la selva húmeda tropical es que los animales sufren mucho debido a las enfermedades, la deshidratación y la humedad.

Es difícil decirles a los campesinos que no sean más ganaderos, porque es un tema muy cultural. El pequeño ganadero asocia tener una vaca con poseer un bien raíz. Entonces, cuando le pasa algo, se le muere alguien o necesita un dinero, vende la vaca y sale del problema. Eso los aferra mucho a mantenerse culturalmente en ese proceso, ¿no? 

Sin embargo, todos están de acuerdo con que ya no se puede seguir deforestando como antes, porque ya el tema ambiental está con ellos. La misma gente siente que algo pasa en el planeta, que ya no se aguanta el calor. Y si uno les dice que pueden aportar sembrando al borde de sus quebradas, lo hacen. Y pues esa es la idea, ni una hectárea más para la ganadería de selva, pero lo que ya está, mejorarlo para reducir y revertir los impactos.

Para apoyar estos procesos, busqué tener un espacio, un lugar que sirviera para demostrar que la selva tiene diferentes usos y que puede ser una alternativa para el desarrollo de los habitantes del Putumayo, de esta parte de la Amazonía colombiana.

Nuestra propuesta era que la mayor riqueza que teníamos era la biodiversidad y no otros sectores como la minería, en especial la explotación petrolera, que es de lo que el departamento del Putumayo aún vive. Queríamos que los campesinos conocieran otras fuentes de sustento, como el turismo. Así nació Paway.

Paway es un espacio pequeño, 16 hectáreas. Está a siete kilómetros de Mocoa y tiene un bosque de galería, un bosque primario y un espacio adecuado para promover el aprendizaje. No obstante, cuando compramos el lote hace 12 años, la persona que nos vendió el sitio nos preguntaba “¿por qué va a comprar ese monte?, ¿por qué no me compra los potreros que están listos para meter el ganado, que ahí va a poder obtener utilidades rápido?” 

Le respondí que no me alcanzaba y que yo quería comprar, mínimo, diez hectáreas. Con lo que le compraba una de potrero, podía obtener casi tres de bosque. Hay que recordar que un motor de deforestación es que el bosque se le considera un monte improductivo y sin valor comercial adecuado, pues los servicios ecosistémicos y ambientales no han podido ofrecer beneficios económicos a quienes lo habitan.

En fin. Compramos el lote y no sabíamos qué hacer para generar utilidades a partir de ese bosque primario, en la cuenca del río Pepino, que era un área muy conservada. Solo el sector de arriba, donde construimos toda la infraestructura, estaba lleno de pastos y ahí llegaba el ganado. Junto a mi esposo, Iván Darío Ortega, nos enfocamos en esa zona e hicimos una siembra de árboles de importancia ecosistémica y cultural que no mirábamos en el lugar, muchas veces con semillas que sacábamos del bosque primario.

Ahora esa zona es un bosque secundario grande e importante. También tenemos una zona con función amortiguadora, que son precisamente los linderos con los vecinos ganaderos. Con ellos hemos hecho un ejercicio de reforestar las quebradas, de ayudarlos a reducir esas cargas y de compartir  ideas para tener mejores prácticas ambientales.

El siguiente reto era obtener los recursos para vivir y sostener la reserva. Ahí encontramos que criar mariposas era una forma de mostrar el uso sostenible de la biodiversidad. Cuando te dedicas a ellas tienes que hacer investigación en especies nativas, reforestar, cuidar las fuentes de agua. Y entre más selva, entre más bosque primario tengas, más mariposas van a crecer en tu entorno y mejor te va a ir en tu negocio, ¿cierto?

Además, las mariposas son bioindicadores de los estados del ecosistema y son fundamentales para la polinización. Dependemos de ellas, así como de las abejas, para comer los frutos que se cosechan. Al ver que nadie hablaba de mariposas, decidimos decirle a la gente esa importancia. Las empezamos a estudiar, nos empezamos a encariñar con ellas y desarrollamos investigaciones.

Por ejemplo, en el medio natural, solo uno o dos huevos de mariposa completan su ciclo y llegan a la adultez; porque los huevos se los comen las hormigas, las arañas, otros insectos; las larvas, los monos y las aves… Entonces nosotros diseñamos un lugar que tiene un vivero, un laboratorio, un área de vuelo y, de 100 huevos que pone una mariposa en la reserva, 80 a 90 llegan a ser adultas.

¿Y los recursos? Muchas de estas mariposas las podemos vender a universidades y mariposarios de todo el mundo. Un proceso que no afecta el ecosistema y nos permite garantizar un sustento.

¿Cómo fue nuestra primera navidad?

Mi esposo y yo compramos el lote en mayo de 2011, y constituimos la reserva el 26 de noviembre de 2014. Básicamente, desde el año en que la compramos iniciamos los trámites con Parques Nacionales y el Ministerio de Ambiente para crear la reserva. En este país tan centralizado ¡todo el proceso nos tomó casi cuatro años!

Recuerdo muy bien esa navidad, porque hicimos una fiesta con el director del Parque Nacional Serranía de los Churumbelos (que se encuentra cerca a Mocoa), quien fue nuestro apoyo en todo ese proceso. Es que Paway fue la primera reserva de la sociedad civil del Putumayo y la constitución coincidió con la navidad. Recuerdo que decíamos “ya llegó el regalo del Niño Dios”, que era la Resolución 144 de 2014 del Ministerio de Ambiente.

Paway es una adaptación de la lengua inga a volar, en honor a las mariposas, a quienes hemos dedicado estos últimos años. Este logro de haber constituido la reserva es lo que nos ha dado la oportunidad de incidir en otros espacios, en los planes de desarrollo, y de asesorar a las comunidades en la protección de la Amazonía.

Y esta navidad, la del 2022, podría ser la segunda mejor, porque lo que antes era un discurso nuestro ahora es del Gobierno Nacional. Esta es la oportunidad de que se den las reformas necesarias para que Colombia se potencie en ese ejercicio de mostrar el uso sostenible de la biodiversidad y de que se hagan todos los acuerdos internacionales necesarios para proteger la Amazonía, no solo la del país, y así poder preservar el planeta, que es lo que está en juego.

Quienes habitamos la selva tenemos un compromiso, pero quienes legislan en estos países de la selva deben hacer los esfuerzos jurídicos correspondientes. Y también los países que se benefician de esta conservación deben repensar cómo generar los mecanismos, ya sean económicos o educativos para que la gente pueda vivir dignamente de sus procesos de conservación.* 

* Para saber más de Paway, puedes seguirlos en sus redes sociales.

* Este texto fue escrito por Santiago Ardila con base en una entrevista a Mildred Ortiz.