Lujo artesanal, la apuesta por mantener viva la tradición indígena de Putumayo

ElTiempo – Con productos de primer nivel y apoyo de diseñadores, 8 etnias se esfuerzan por rescatar su cultura

Collares, aretes y pulseras elaborados en chaquiras; jarrones y bolsos tejidos en iraca, con diseños que parecen sacados de una tienda de lujo de París o Milán, son hechos por las manos artesanas de ocho comunidades, en su mayoría indígenas de Putumayo.

Bajo la batuta del diseñador Juan Pablo Socarrás, director creativo de la Corporación Mundial de la Mujer Colombia (Cmmc), artesanos de las etnias nasa, inga, emberá chamí, entre otras del sur del país, han aprendido sobre colores, tendencias, combinaciones, nuevos tejidos y especialmente sobre el negocio.

Mezclando su sabiduría ancestral sobre artesanías con una visión comercial, estas comunidades han logrado fortalecer sus microempresas gracias al proyecto Hilos de la Tierra, impulsado en el territorio por la Cmmc y Gran Terra Energy.

Miryam Tisoy, del resguardo Inga Wasipungo de Villa Garzón, afirmó que las innovaciones que les han presentado los líderes de Hilos de la Tierra han significado para su comunidad una nueva oportunidad.

“Hemos venido rescatando lo que se está perdiendo -como la lengua materna y la medicina tradicional- y con este proyecto hemos trabajado en la cultura artesanal. Ellos nos han traído innovaciones para que nuestros productos salgan más al mercado nacional e internacional. Hemos renovado nuestros colores, avanzado en nuevos tejidos y diseños. Ha sido una base fundamental para que nuestros artesanos mejoren y para el sostenimiento de las mujeres indígenas”, aseguró en el encuentro de las ocho comunidades que tuvo lugar en el Centro Experimental Amazónico (CEA), ubicado entre Mocoa y Villa Garzón.

Respeto por la tradición

En los encuentros de las comunidades identifican similitudes en sus técnicas y materiales. Foto:  Laura Albarracín. EL TIEMPO

En los casi dos años que lleva el proyecto en el territorio, cerca de 105 artesanos se han unido y tras el éxito en su primer año, la intervención se alargó, en gran parte por petición de las comunidades.

Para María Isabel Pérez, directora ejecutiva de la Corporación Mundial de la Mujer Colombia, la buena recepción se debe a la metodología SEA que han desarrollado en sus 30 años de experiencia.

Con ella buscan alcanzar la sostenibilidad integral (social, económica y ambiental) de las comunidades a las que impactan y así generar acción sin daño. Con esta visión, que pone en el centro los conocimientos y las habilidades propias de cada etnia, se impulsan proyectos desde el respeto.

“Al trabajar con comunidades indígenas nos fijamos en su actividad base, que en su caso es la artesanía, y para eso necesitábamos un programa que combinara la parte de generación de ingresos dignos con una mejora en el diseño, sin alterar ni violar sus técnicas, ni significados. Lo que hemos hecho con Juan Pablo Socarrás como director creativo del proyecto es que lo que ellos hacían ahora tenga una calidad superior”, apunta Pérez.

Así han fortalecido la confianza de las comunidades en el proceso, pues se ha creado una sinergia con resultados notables como las ventas totales en las ferias de las que han participado.

Santiago Restrepo, coordinador del proyecto Hilos de la Tierra, también le atribuye el éxito del proceso a su comprensión y respeto por las tradiciones indígenas, pues en estos dos años de trabajo han adaptado su intervención a las dinámicas de los locales.

“Ellos se entienden como comunidad, pero, en general, son una gran familia y el tejido, por ejemplo, es la manera de encontrarse todos. Se sientan en el piso y empiezan a contar historias mientras tejen. Así se construye conocimiento, se generan aprendizajes y, entender eso ha sido muy valioso”, afirma Restrepo.

Por eso, los talleres y capacitaciones que dictan se han adaptado a cada comunidad, para garantizar el éxito de la intervención.

Prueba de eso es que tras dos años de acompañamiento, los emprendimientos, liderados en su mayoría por mujeres indígenas, han avanzado notablemente, no solo en la calidad de los productos terminados, sino en el desarrollo de sus habilidades para comercializarlos.

“Ellos nos han enseñado cómo salir a vender en las ferias, qué tenemos que decir y cómo presentar las artesanías. Yo he aprendido muchas cosas, antes era muy tímida y ahora soy capaz de hablar en otros escenarios y al público”, sostiene Lígia Dovigama, de la etnia emberá chamí.

Para la integrante del cabildo de Caña Bravita, de Orito (Putumayo) el valor también lo han encontrado en la visibilización de sus labores.

“Las artesanías son nuestro arte. Así damos a conocer a las personas diseños, colores y un conocimiento que pasa de generación en generación a niños y a niñas por igual. Representa nuestro pensamiento, cultura y evita que perdamos nuestra tradición”, dice.

Comunidades fortalecidas

Luz Aida Galindo Caicedo, del consejo comunitario de Burdines, del municipio de Orito, es una de las 16 mujeres que integra Makewa, un emprendimiento de turbantes, prenda cargada de significado para las comunidades afro, que personalizan con técnicas de tintura vegetal.

“Makewa significa mujeres hermosas. En nuestra cultura las mujeres somos muy alegres, nos gustan mucho los colores vivos. De ahí que nuestros turbantes los pintemos con plantas y vegetales y luego los bordemos”, explica Galindo sobre su producto y puntualiza que lo que quieren es “colocar nuestra empresa para que las mujeres tengamos trabajo”.

Es así, como bajo un fin común, mujeres de todas las edades se han unido para darle forma a su negocio.

En el caso de la comunidad inga, Miryam Tisoy menciona que no todo el resguardo se dedica a la artesanía, pero se involucran en los procesos comunitarios de este estilo.

“Mi comunidad es unida. Siempre hemos estado en procesos grandes y esto nos da visibilidad. Además, con estos nuevos diseños vemos que los productos tienen más salida”, apunta.

Y con un aumento en ventas, la Cmmc impulsa la inclusión financiera pues los acompañan a abrir cuentas en bancos y les han enseñado a manejar plataformas para recibir pagos.

“Cuando ves las alegrías, las caras de esperanza en las comunidades ves que poco a poco vas transformando. De las comunidades vinculadas no ha habido deserciones. Es un buen indicador”, asegura la directora de la corporación y agrega que “es impresionante como ellas se han esmerado. Están trabajando muy arduamente, y las veo muy empoderadas”.

De ahí que la invitación de Santiago Restrepo y de las entidades involucradas es a apoyar a estas comunidades que han preservado un patrimonio que les pertenece a ellos y a todos los colombianos.

“Cuando nosotros apoyamos con la compra de productos artesanales a estas comunidades, lo que estamos haciendo es darles un impulso a ellos para que fortalezcan sus dinámicas productivas comerciales como comunidad y es de alguna manera aportar a un equilibrio social para aquellos que tienen algunas condiciones de vulnerabilidad”, concluye el coordinador de Hilos de la Tierra.

Por su parte, Restrepo sostiene que su intención como coordinador del proyecto es rescatar esas tradiciones que son patrimonio de todos. “El objetivo es que si empiezan a reconocer elementos que han sido esenciales en sus tradiciones culturales y que les aportan al fortalecimiento de sus costumbres, ya es ganancia. La meta no tiene que ser vender por montones, puede ser rescatar su lengua, aprender de su historia o mejorar la comunicación entre personas mayores y niños”, explica.

Con vitrinas como las redes sociales, con las que pueden llegar a cualquier parte del país, uno de los objetivos es que las comunidades puedan encontrar en sus emprendimientos una alternativa que les permita mejorar las condiciones de sus integrantes, especialmente en una zona que ha sido afectada y estigmatizada por la violencia y por las rentas ilegales.

Es por eso que Hilos de la Tierra trabaja en dos frentes: desarrollar la capacidad de venta a nivel local, creando una red estrechamente relacionada con el creciente turismo, que incluye a hoteles y restaurantes; y una segunda red que los conecte con aliados por fuera de Putumayo. Entonces, el objetivo es que para fechas especiales como Navidad o el Día de la Madre, clientes de otras ciudades de Colombia e incluso del mundo hagan encargos directamente a los artesanos.

“Por eso los estamos motivando a que empiecen a tener sus redes sociales activas, sobre todo en Instagram, donde pueden subir fotos de sus productos, mostrarlos y enviarlos a cualquier lugar. Ya tenemos tres páginas de Instagram de las ocho y la idea es que sean ellos quienes la manejen”, dice Restrepo.

Para lograr que estas plataformas sean sus aliadas se han determinado roles, y los más jóvenes tienen la posibilidad de desarrollar habilidades que les abren nuevos horizontes como la fotografía, la escritura, y la grabación de videos.

El riesgo del choque cultural

Miryam Tisoy, del resguardo Inga Wasipungo de Villa Garzón, en el encuentro de saberes. Foto: Laura Albarracín. EL TIEMPO

Con 14 años de experiencia trabajando con comunidades indígenas de diferentes zonas del país Santiago Restrepo señala que el choque cultural ha afectado las dinámicas ancestrales de estos grupos.

“Mientras nosotros pensamos en nuestro dinero, nuestra casa, nuestra familia, ellos están pensando en la comunidad y esa visión de los recursos cambia todo porque, por ejemplo, el territorio es de todos y todos pueden aprovecharlo, pero al mismo tiempo deben cuidarlo para los demás”, manifiesta.

Sin embargo, el modelo comercial que impera fuera de los resguardos ha ido calando en sus costumbres, empujándolos a dejar de lado el colectivo como prioridad.

En Expoartesanías, que arrancó esta semana e irá hasta el 20 de diciembre, tendrá la oportunidad de comprar los artículos resultantes de la colección Nómadas. Estarán en el stand 92 pabellón 1.