Pacto por la madera legal: una alianza para aprovechar sosteniblemente los bosques

ElEspectador – Putumayo, un pacto público-privado que busca promover el comercio de madera legal en el país se ha convertido en un aliado de la conservación.

En el esquema de legalidad creado por Minambiente y utilizado por la página web para clasificar a las empresas según su compromiso con la sostenibilidad, Maderas P & G obtuvo la categoría platino, la segunda categoría más alta del esquema.

“Conozco estos llanos de cabo a rabo, los he recorrido por todas partes. Durante años conduje camiones repletos de combustible de un lado a otro. Mi vida como transportista ha sido muy dura, de muchas privaciones, de peligros en cada curva. Podría decir que la madera me salvó, me cambió la vida”, cuenta Hernán Pabón, un comerciante de 41 años, del municipio de Orito, Putumayo. Su historia es idéntica a la de muchos pobladores del departamento ubicado al sur de Colombia. Un territorio abundante, riquísimo en recursos naturales, que ha vivido de primera mano la violencia que golpeó al país por más de cincuenta años, y que, aún después de la firma del Acuerdo de Paz en 2016, sigue sufriendo las secuelas de esta guerra.

Con su esposa, también de Orito, dirigen Maderas P & G, una empresa local que a punta de esfuerzo ha empezado a producir y comercializar madera de procedencia legal a muy buenos precios, en mercados cada vez más exigentes y alejados de su región.

En Colombia, como en el resto de la Amazonía, el negocio de la madera ha estado manejado por la informalidad y la ilegalidad, amenazando los recursos naturales de una región que parecía infinita. De hecho, la tasa de deforestación en el país alcanzó en el 2021 las 174.103 hectáreas, según el informe de deforestación anual del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), siendo la Amazonía la región más afectada (el 70% de la deforestación se produjo en el territorio). La tala ilegal fue descrita como uno de los principales motores de esta problemática, según el informe.

“Mi mujer y yo somos hijos de madereros. Cuando nuestros padres llegaron al Putumayo, los árboles crecían hasta el cielo y solo había que cortarlos con serrucho de mano, sin ningún cuidado. Ahora no, por eso estamos aprendiendo a proteger lo que nos queda. La legalidad es lo mejor que te puede ocurrir: vives tranquilo, duermes tranquilo, eres dueño de tu negocio y tu familia te acompaña en todo lo que haces” comenta Pabón. En Colombia, el 47% de la madera que se comercializa en el país es de origen ilegal, según cifras de Minambiente.

Su compromiso de vivir bajo la legalidad llevó a que, en 2019, Maderas P & G se inscribiera a la página web Elija Madera Legal, una plataforma digital que busca visibilizar los negocios que venden productos maderables de origen legal. Justamente, esta página desarrollada por el Pacto Intersectorial por la Madera Legal (PIMLC) ―una alianza público-privada respaldada por entidades del Gobierno Nacional, autoridades ambientales, organizaciones internacionales, sociedad civil e instituciones educativas, que busca fortalecer el comercio legal de madera en el país―ha sido uno de sus aliados para darse a conocer como empresa.

Gracias a la página, Hernán cuenta que su compañía ha podido visibilizar su propuesta forestal y estar en el visor de compradores de Medellín, Bogotá y Cali. “Me han llamado varias veces de distintos lugares pidiendo hacer negocios. Solo que no hemos podido concretar ningún negocio por lo que son pedidos muy grandes y nosotros todavía no tenemos esa capacidad ni los permisos para producir esos volúmenes” añade.

El Arca de don Eduardo

“Yo he nacido en un depósito de madera y seguramente moriré en este aserradero, este es mi hábitat”, dice Eduardo Rojas, un comerciante de 65 años, propietario de Aserríos El Arca, la empresa maderera que fundó cuando llegó a Puerto Caicedo, Putumayo, hace más de tres décadas y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una de las más sólidas del departamento. Su historia personal resume lo que es la vida de un maderero. “¿Sabes una cosa? Pese a lo que la gente piensa los madereros somos los que peor cuidamos estas selvas, muchos de nosotros nos preocupamos por extraer los recursos a partir de su adecuado manejo forestal”, agrega Eduardo.

Él no se calla y dice lo que piensa. Su voz se ha convertido en la voz de los empresarios que participan en la Mesa Forestal del Putumayo, el espacio de gobernanza maderera que agrupa a todos los actores del negocio forestal con la finalidad de articular decisiones para reorientar la industria de la madera en el departamento.

“Cuando no se le da al bosque el uso adecuado, se imponen otros sistemas productivos legales e ilegales: la agricultura y ganadería extensiva, los cultivos de uso ilícitos, y por supuesto, el comercio ilegal de madera. Son las actividades económicas que lo van diezmando”, reflexiona don Eduardo y tiene razón. Debido a las condiciones ecológicas y topográficas de la región, el negocio de la madera legal podría mejorar el nivel de vida de sus habitantes e impulsar el desarrollo de una región que pide a gritos nuevos paradigmas y mejores visiones del futuro.

Para Eduardo Rojas, maderero desde los once años, la legalidad es el camino que los colombianos deben transitar para crecer como ciudadanos y empresarios responsables con el futuro de las siguientes generaciones. “Estamos luchando para que la gente trabaje legalmente. Queremos exportar, darle valor agregado a nuestra madera, si eso lo conseguimos ganamos todos, empresarios, trabajadores y campesinos, el país entero” dice.

Justamente, su empresa, destacada por ser una de las empresas madereras mejor consolidadas del departamento, se inscribió a la página www.elijamaderalegal,com desde finales de 2019. Gracias a la plataforma, su empresa logró consolidar un negocio con la Unión Europea para la producción de 5.000 cajones para apicultura. Dicha transacción comercial le permitió a la compañía salir a flote de la crisis económica que supuso la pandemia sanitaria. Actualmente, la página web alcanza públicos en Colombia, Europa, México y Estados Unidos, y es una ventanilla para que otras 228 empresas inscritas comercialicen sus artículos maderables: desde madera en bruto y madera aserrada, hasta productos forestales no maderables, muebles o artículos para la oficina y el hogar.

Tanto para Hernán Pabón, como para Eduardo Rojas, el tránsito a la sostenibilidad del negocio necesita de la legalidad y del compromiso de los involucrados en la actividad

Un pacto por la paz y el futuro

Vivir tranquilos, buscar oportunidades para todos y conservar la riqueza natural y cultural: esa pareciera ser la búsqueda de los colombianos después de tantas décadas de conflictos. Por esta razón, Colombia se ha convertido en un país pionero en la región en la construcción de espacios voluntarios para el diálogo y la toma de decisiones a nivel nacional y subnacional, según Alejandra Ospitia, exdirectora ejecutiva de la Federación Nacional de Industriales de la Madera (FEDEMADERAS) el gremio de productores y empresarios del sector forestal colombiano.

Dicha institución fue una de las primeras organizaciones de la sociedad civil colombiana en sumarse al llamado del ingeniero y ex funcionario público de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER), Rubén Darío Moreno Orjuela, quien en 2009 promovió la conformación del Pacto Intersectorial por la Madera Legal en Colombia. Gracias a la firma de ese Pacto, empresas como Aserríos del Arca y Maderas P & G están viendo el sueño de un país forestal como una posibilidad.

Aunque en otros países de América Latina se han suscrito pactos por la madera legal similares, la experiencia de Colombia ha sido la de mayor duración y resultados más contundentes. “En nuestro país convivían dos mercados en el tema forestal: uno formal, por encima de la mesa como decimos por aquí y otro informal, con un segmento ilegal importante y en crecimiento, en esas condiciones pensar en una industria forestal sostenible era prácticamente imposible”, comentó Ospitia.

De allí a que los firmantes del pacto tuvieran como objetivo principal asegurar que la madera extraída, transportada, comercializada y utilizada, proviniera exclusivamente de fuentes legales. Esa ilusión fue la que empezó a movilizar a una gran parte de los empresarios, autoridades ambientales, organizaciones internacionales, sociedad civil e instituciones educativas del país. En poco tiempo, las 24 entidades firmantes de la iniciativa se convirtieron en el doble y en la actualidad son más de 70 las que han convertido al Pacto en una importante plataforma voluntaria de diálogo multiactor.

Elija Madera Legal, compre responsable fue el eslogan de la coalición desde sus inicios. “En medios de gran difusión como internet, radio, televisión nacional y regional, y en ferias y eventos, se buscó con insistencia promover el consumo de madera de origen legal y cambiar la perspectiva entre los colombianos de que usar madera era negativo para el medio ambiente”, agrega la exdirectora ejecutiva de FEDEMADERAS.

Con los esfuerzos del Pacto se buscó, entre tantas cosas, cambiar el paradigma que las personas tienen sobre la compra y venta de madera en el país. “Había que romper el estigma que nos decía que el uso de la madera de nuestros bosques era malo”, explica Sandra Valenzuela, directora ejecutiva de WWF Colombia.

“Cuando se presentó la oportunidad de impulsar un pacto de esta magnitud, nos alineamos de inmediato con diferentes actores involucrados en el sector forestal, incluida la autoridad ambiental. Para WWF Colombia resultaba urgente apoyar diferentes acciones encaminadas al manejo y aprovechamiento sostenible de los bosques que permitiera a diferentes actores fortalecer su rol en la cadena productiva forestal, así como su interacción con los compradores”, explica Valenzuela.

Retos para el futuro

En 2009, el Pacto por la madera legal tuvo dos hijos, comenta Sandra Valenzuela. El primero, la página web elijamaderalegal.com donde los productores y comerciantes colombianos que demostraban un aprovechamiento, transformación y comercialización forestal legal podían hacer visible su oferta de productos, y demostrarle al país y al mundo que el mercado de la madera local cumplía con las normas y los estándares exigidos por la autoridad ambiental. El segundo, la enorme campaña de promoción del consumo de madera legal que se extendió por todo el territorio, alcanzado hitos publicitarios sin parangón en la historia del movimiento ambiental colombiano.

Con el tiempo, ambos resultados del Pacto fueron produciendo nuevos instrumentos de trabajo. Hoy, como fruto del Pacto y con el apoyo de varias iniciativas como la Alianza por la Fauna Silvestre y los bosques financiada por la Unión Europea, en Colombia se están empleando aplicativos digitales que permiten el control y vigilancia de la madera que se moviliza por todo el territorio. También se desarrollaron lupas digitales para identificar las especies maderables y se avanza hacia la optimización de un sistema nacional de trazabilidad en tiempo real, entre otros mecanismos de control y vigilancia.

Estos avances sostienen el optimismo de todos los actores. “Soñamos con una industria forestal que se base en el reconocimiento de la importancia de la legalidad para el cuidado los bosques y de los colombianos, y que se consolide en la concertación entre todos los miembros de la cadena productiva y el cumplimiento de las obligaciones que la ley ha definido” añade Alejandra Ospitia.

Buenos vientos

La siguiente fase del Pacto se ha diseñado con un horizonte hasta el 2030 y con un nuevo objetivo: “Promover el mercado legal de la madera en Colombia”. Antes de dejar suelo colombiano en busca de más historias de éxito de la madera legal en nuestra región, nos reunimos con Nhaydú Bohórquez del Programa FAO- Unión Europea FLEGT, para entender qué papel viene jugando el Pacto en la industria forestal de Colombia.

Nahydú, ingeniera forestal que participó en el desarrollo de la primera y segunda fase del PIMLC, fue muy explícita sobre los logros y expectativas alcanzados: “fuimos capaces como colombianos de tejer una colcha alrededor de la madera legal para enfrentar la ilegalidad en su extracción y comercialización en un contexto crítico. Y lo hicimos entre todos, confiando en crear una red que sostenga la madera legal y sostenible de un país que está aprendiendo a cuidar sus bosques. Sin darnos cuenta, hemos creado un nuevo estilo de vida para los colombianos” dice.

En Colombia, aunque el comercio de madera legal sigue teniendo grandes retos, la esperanza de tener un futuro diferente va ganando terreno. El mercado de la madera obtenida legalmente de los bosques, con cuidado y respeto por la tierra, se hace cada vez más fuerte.