En 1852, Tomás Cipriano de Mosquera compró el primer submarino para Colombia

AGN

  • Hace 170 años, el general Mosquera adquirió en Estados Unidos los derechos para construir y explotar comercialmente por 12 años en la Nueva Granada el primer “bote submarino” en el país.  
  • El tema forma parte de la muestra documental ‘Inventos y Tecnologías’ del Archivo General de la Nación.

Bogotá, noviembre de 2022. – El 2 de noviembre de 1852, hace 170 años, el general Tomás Cipriano de Mosquera -para entonces cuatro veces presidente de: la Nueva Granda (1845 – 1849); la Confederación Granadina (1861 – 1863) y de los Estados Unidos de Colombia (1863 – 1864 y 1866 – 1867)-, se convirtió en concesionario de uno de los avances tecnológicos más importantes para su época: el submarino.

Para ese momento, el general Mosquera vivía en Nueva York (Estados Unidos) y fue allí donde le compró al famoso inventor francés Alexander Lambert los planos para construir ese moderno aparato y la licencia para explotarlo comercialmente en “la pesca de perlas y extracción de oro del fondo de los ríos y lagos de la Nueva Granada durante 12 años”.

El plano del submarino (foto anexa) y su historia, forman parte de la muestra documental ‘Inventos y Tecnologías’ del Archivo General de la Nación (AGN) que recoge los documentos con que cuenta la entidad sobre las diversas tecnologías que influyeron e hicieron parte de la vida cotidiana de nuestro país, desde la Colonia hasta mediados del siglo XIX.

Se trata de un número considerable de dibujos, planos y diseños, además de documentos, que dan cuenta de la utilidad e importancia que estos avances tecnológicos tuvieron para las comunidades, por ejemplo los acueductos o los molinos, entre muchos otros.

De acuerdo con la muestra documental del AGN, en Nueva York el general Mosqueta le dio poder a la empresa Montoya Sáenz y Ca. para tramitar el permiso legal ante el “Ciudadano Presidente” (José Hilario López, 1849-1853).

En la solicitud se dice: “Dejamos a vuestra penetración el conocimiento de las inmensas ventajas que producirá a la República la introducción de un aparato tan sencillo, como el de Lambert Alexander, que nos pondría en aptitud de examinar el fondo de nuestros mares, de nuestros ríos y de los inmensos lagos que se encuentran en nuestro territorio. Vos señor emprenderéis fácilmente que en un suelo virgen, como el nuestro del bote submarino puede producir una inmensa y benéfica resolución industrial y comercial y con tal conocimiento no vacilamos en creer que os dignareis conceder en favor de nuestro poderdante una patente de invención, como representante de Lambert Alexander, que le asegure el privilegio de su invención por veinte años en la Nueva Granada. Al efecto señor os presentamos los documentos que comprueban los derechos de nuestro poderdante, el diseño del bote y la explicación correspondiente de la maquina” (sic). 

El 25 de octubre de 1852 el Despacho de Relaciones Exteriores respondió a la solicitud de Montoya Sáenz y Ca., en los siguientes términos:

“Contestando que Lambert Alexander obtuvo del Gobierno de los Estados Unidos patente de privilegio para usar de los buques submarinos, perfeccionados por él: que el ciudadano General Tomas C. de Mosquera es

legítimo cesionario de los derechos adquiridos por Alexander a virtud de la patente, los cuales le ha trasferido en pleno dominio: que por dicha patente se persuade que Alexander es realmente inventor de las mejoras hechas en los buques submarinos, destinados a la pesca de perlas, exploración del fondo de los ríos, lagos etc., cuyos buques así mejorados no están en uso en la Nueva Granada; resuelvese: expídase patente de privilegio a favor del ciudadano General Tomas C. de Mosquera, para que pueda exclusivamente introducir fabricar y usar de los buques submarinos perfeccionados por L Alexander al tenor de la patente obtenida por este en los Estados Unidos y por el término de doce años: dicha patente se publicará íntegramente en la Gaceta Oficial, por dos veces” (sic).

Respecto de este avance tecnológico, una publicación de la Armada Nacional de Colombia (Revista Pañol, fascículo 59, 2012) señala que se trata de “una máquina de buceo con grandes avances” y destaca aspectos técnicos como el casco, los compartimentos de aire, las escotillas de ingreso y salida, el mecanismo de inmersión, aunque no contaba con periscopio.

Sin embargo, dice la publicación de la Armada, no existe una referencia documental que muestre si, efectivamente, el submarino del general Mosquera se construyó o no, pero sí se convirtió en el primer precedente del uso de esta tecnología para la explotación comercial de nuestras riquezas submarinas. Además, asegura que en una carta del general Mosquera dice que compró en Estados Unidos unas “Máquinas de Wells”, también conocidas como escafandras, que eran “máquinas para buzos que se sumerge y permite a los trabajadores residir muchas horas bajo el agua, que ya he ensayado en Panamá, y podían usarse en la explotación de la Laguna de Guatavita”.

La exposición del AGN

Además del submarino del general Tomás Cipriano de Mosquera, la muestra documental del AGN en la Sección de Mapas y Planos da cuenta de la construcción de molinos, norias, barriles para pólvora, pinturas, armas, entre otras, que busca incentivar la investigación en torno a las ciencias, técnicas, tecnologías, herramientas y practicas científicas a partir de los documentos de archivo.   

Por ejemplo, en la Sección Colonia, Fondo Milicias y Marina, están los planos para la construcción en 1772 en la ciudad de Cartagena de ‘máquinas cabrías’, una estructura metálica que servía para montar y desmontar fácilmente cañones de artillería. En 1778 se realizó un “experimento” para “pintar seis cañones de fierro con sus correspondientes cureñas y bañados con sebo, resina y humo de pez”, como método para preservarlos ante el deterioro del agua y la brisa del mar.

También hay documentos sobre la construcción en 1776 de morteros y bombas para la defensa de Cartagena, y de los “experimentos hechos en la fábrica de pólvora de Santafé para medir la potencialidad de ella y corregir deficiencias de fabricación”. De ese mismo año son los planos de varias máquinas industriales: para fabricar aguardiente en la Villa de Honda; para pilar arroz y otra de moler chocolate.

En la sección Colonia, fondo Caciques e Indios, se muestran los dibujos de las lanzas con punta envenenada y con forma de raya que utilizaban los indios Goajiros y Cozinas en La Guajira, en 1769.

La muestra incluye los planos de un cañón, con las cuatro vistas de cureña marina, un mortero de placa y un cañón batiportado con su correspondiente juego de armas (sección Mapas y Planos, 1826).

Se destaca la información sobre José Celestino Mutis y su postura sobre la teoría copernicana que buscaba difundir en las universidades, teoría contraria a lo difundido en la época que veía esto como un acto de herejía, y se transcribe una parte de su pensamiento sobre la Ilustración y las nuevas ciencias, así como su solicitud ante el virrey José Manuel de Ezpeleta para que autorizara el “experimento con presos condenados a muerte”, con la intención de que “sean útiles a la sociedad”. 

Así mismo, la muestra documental incluye parte de un libro de Medicina, en latín, con anotaciones al margen sobre la enfermedad que cura cada remedio. Y en el fondo Enrique Ortega Ricaurte se encuentra parte de un libro de 1778, también en latín, sobre la fabricación de sal.

La muestra documental permite descubrir cómo fue cambiando la mentalidad en torno a la ciencia y que su desarrollo se encuentra vinculado a ciertas decisiones y apoyos que se reflejan en reales cédulas y comunicaciones. Allí se puede ver cómo estos hombres logran crear obras en beneficio de las comunidades y del Virreinato.

El material que reposa en la sección de Mapas y Planos agrupa esquemas y dibujos que, en algunos casos, fueron extraídos de los expedientes para mejorar su conservación y difusión y puede ser consultado a través de la página web del Archivo General de la Nación.