Un primíparo en el trampolín de la muerte – Parte I

El Primíparo y la Familia : Sandra, Carlos Eduardo y Luis Carlos

El Trampolín de la Muerte, ahora llamado el Trampolín de la vida, de la biodiversidad, es la vía Mocoa – San Francisco, que de acuerdo a las estadísticas viales, es una de las mas peligrosas de Colombia y quizá del mundo entero; en su tramo desde Mocoa a San Francisco consta con mas 75 km de vía destapada, con muchas curvas, abismos y calzadas angostas.

Por : Luis Carlos Chamorro – Director MiPutumayo.com.co

Desde hace 7 años, que contamos en la familia con un vehículo, siempre deseamos hacer un viaje por esta vía para visitar en Pasto a familiares, de compras o simplemente de paso para algún lugar turístico como Las Lajas, el paisaje rural nariñense o la costa pacífica.

Siempre sacaba disculpas, sobre todo por el invierno presente en la región y por ende, los riesgos en la “trocha” – como es conocida, se incrementan sobre todo para los vehículos pequeños, que deben sortear un sinnúmero de factores como crecientes súbitas de los pasos de ríos y quebradas, la huella alta al medio del camino, caídas de rocas, deslizamientos, imprudencia de conductores, dar paso a vehículos en sitios angostos, reversas, etc…

Pasaron 7 años y al fin nos animamos a viajar por ésta mítica vía. Con anterioridad, comenzamos con los preparativos – mandar a revisión preventiva y correctiva del vehículo, pendiente del pronóstico del tiempo, y listos para el viaje.

Salimos de Mocoa aproximadamente a las 7:45 am, tomamos la vía hacia El Pepino, luego La Tebaida y comenzamos con el camino destapado, que por el momento se veía bien, siempre con  todas las precauciones del caso; comenzamos con el primer paso de agua, que por el buen tiempo de los últimos días, estaba bajo y pasamos sin problemas, continuamos subiendo, en algunos casos con la rueda tomando la huella alta de la vía, para evitar golpes en el motor del vehículo.

Llegamos al primer destino, La Virgen, nos encomendamos, prendimos una velita, oramos un rato, y continuamos, poco a poco vamos llegando a nuestro destino; hoy, particularmente el tráfico es muy bajo, nos encontramos de subida muy pocos vehículos, entre camiones, vehículos particulares y de transporte de pasajeros, por tal motivo, hasta el segundo referente, El Mirador, el recorrido fue bueno.

El buen tiempo, permitía observar la inmensidad del pie de monte de la llanura amazónica, observando desde la distancia cómo se perdía en la inmensidad nuestra bella Mocoa.

Ya en Mirador, la foto obligada, continuamos luego hasta Filo de Hambre donde descansamos un momento, tintico con cancharinas, revisión del vehículo, llantas, y a continuar.. fueron entonces, los primeros 35 km (aproximadamente), recorridos en aproximadamente 90 minutos.

Luego, viene el camino hasta el puente del río blanco, aproximadamente unos 22 km, de vía angosto, con grandes abismos y vía angosta en algunos sectores, el recorrido se realiza un poco mas rápido, debido a que ya no es tan inclinado el terreno y el poco tráfico de vehículos en la zona.

Pasamos por el sector de Murallas, donde por deslizamientos se ha llevado la vida de muchas personas, igualmente, pasamos por el sector de los Monos, donde en 1985 / 1986, me estrenaba en el área de atención de emergencias, apoyando a los pasajeros que hacían transbordo, luego que un deslizamiento se llevara la banca.

Llegamos al puente del río Blanco, y comenzamos nuevamente a subir por un trayecto en buen estado, para posteriormente llegar a la parte alta del Valle de Sibundoy y comenzar a bajar, disfrutando del paisaje.

En fin, desde Mocoa a Sibundoy, que fue la parada técnica, hicimos 4 horas, en carro pequeño, primera vez, con poco tráfico, buen tiempo, “despacio y con buena letra”. En otras palabras, la sacamos barata.

En Sibundoy descansamos, tomamos tintico en una vieja casona ya recuperada que sirve como tienda artesanal, que meses antes se consumía con todo y artesanías por un incendio. Cambio de conductor y proseguimos nuestro viaje a Pasto, pasando por La Cocha – El Encano, donde almorzamos, paseamos un rato.

El retorno, de San Francisco a Mocoa, fue otra cosa… ¡