No es Olga, sino Paknam Kɨma Pai y le ganó una batalla al Estado

ElColombiano – El Consejo de Estado le ordenó a la Registraduría Nacional reconocer su nombre ancestral. Luego de 2 años de pelea jurídica tendrá una cédula nueva

Paknam KɨmaPai ha tenido por más de 30 años un nombre que no le pertenece, uno con el que no se identifica, solo porque en las bases de datos de la Registraduría Nacional no existe una letra que define su cultura, su idioma y su pueblo. Luego de una batalla jurídica de casi 2 años, por fin dejará de llamarse Olga Viviana Merchán García.

El día de su nacimiento, la comunidad indígena le asignó un nombre que marcaría su destino. Según los ancestros, cada ser tiene el camino marcado desde el día que llega a este mundo, entonces a ella la bautizaron con el nombre de dos mujeres legendarias que representan la conexión del cielo y la tierra en el cabildo Ɨɨnkal Awá katsa tɨ(gente del árbol grande), del municipio de Villagarzón, Putumayo.

Por eso Pakman Kɨma es una mujer Awá que en el día es mariposa que guía y en la noche una estrella que ilumina.

Sin embargo, cuando sacaron su registro de nacimiento, el nombre de Paknam desapareció porque decidieron registrarla en las bases de datos con un nombre totalmente ajeno, uno “occidental” como ella le llama, dejando atrás sus raíces.

Si bien Paknam tenía ese nombre que ella misma no reconocía, esto no fue impedimento para seguir con el destino que al nacer ya se había trazado. Por eso fue guía y luz para su comunidad cuando decidió luchar por el idioma que los identifica.

El 31 de julio del año pasado, Paknam fue hasta la Registraduría Nacional del Estado Civil de Villagarzón para que sus documentos tuvieran su nombre ancestral. El primer paso fue modificar el Registro Civil de Nacimiento, trámite que se pudo efectuar porque los funcionarios encontraron una vieja máquina de escribir y utilizaron el caracter «ɨ».

Al mes siguiente solicitó su nueva cédula pero otros funcionarios de la misma Registraduría no aceptaron la petición porque en las bases de datos no existía esa letra especial. Así que Paknam viajó hasta Mocoa donde también le negaron el trámite bajo la misma excusa, pero le ofrecieron ponerle una letra similar a su nombre.

Frente a esto, decidió interponer un derecho de petición que terminó en una tutela contra la Registraduría y el alto gobierno para que implementaran los medios y las herramientas tecnológicas que garanticen el derecho al nombre.

En la tutela, Paknam alegó que cambiar una sola letra en su idioma es grave porque “asimilar Kima por Kɨma es cambiar todo el significado de identidad, cultura y cosmología de mi nombre. Además, es una afectación grave al idioma Awapit y a nuestra comunidad”.

Paknam le dijo a EL COLOMBIANO que conoce otros casos en su comunidad en los cuales los funcionarios de la Registraduría decidieron arbitrariamente cambiar las letras de su lengua ancestral por otras del español, ya que creen que son parecidas y porque las bases de datos no tienen esos caracteres especiales. Para ella esto va mucho más allá de un simple problema dialéctico, debido a que “ha desvirtuado nuestros nombres y es una forma de exterminio cultural. En nuestro idioma está nuestra esencia y nuestra propia historia”.

Por eso, para Noel Amilcar Chapuez Guevara, miembro del Cabildo Mayor Awá y awapit parlante, su idioma ha sobrevivido a diversos ataques culturales y llevar un nombre awapit es un acto de resistencia que le exige al Estado inclusión.

Al estudiar la tutela, el Consejo de Estado redactó una serie de preguntas para enviarlas al contratista de la Registraduría, IDEMIA, con el fin de resolver si podían o no incluir tecnológicamente caracteres especiales en las bases de datos. La entidad nunca compartió el correo del contratista para dicha consulta y esto fue juzgado como una conducta que obstaculizó la resolución oportuna del hecho.

Así entonces, los magistrados determinaron que a Pakman le vulneraron derechos fundamentales como la identidad, dignidad, libre desarrollo de la personalidad y la personería jurídica. Además, declararon que era inútil tener un derecho al nombre que ni siquiera se puede ejercer libremente en una cédula, solo porque no existe compatibilidad entre un idioma ancestral y la tecnología.

“En este proceso jurídico no pensé en mí, sino en la reconstrucción de las cosmovisiones de los pueblos propios frente a otros idiomas hegemónicos y puse de manifiesto que la tecnología debe ser una herramienta y no un obstáculo”, concluyó Paknam.

La Sala le ordenó a la Registraduría expedir un nuevo documento con el nombre ancestral. Paknam tendrá que esperar tres meses para que le cumplan.