La lucha en tres regiones del país para conservar a 15 especies en riesgo de extinción

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ElColombiano – Mediante 130 acuerdos, Vida Silvestre preserva los bosques con ayuda de la comunidad.

El mono araña es una de las 15 especies que el PVS busca rescatar de la extinción. FOTO: JULIO HERRERA

Las mujeres que conforman el Colectivo Colmuchorongo de vereda El Líbano, en Orito, Putumayo, salen con sus camisetas blancas a hacer largos recorridos. Registran datos, avistamientos y también posibles amenazas contra el mono choruco, un primate endémico de la Amazonia que durante décadas ha sido cazado para su venta y consumo de carne, e incluso para tenencia como mascotas y hasta como moneda de cambio en medio de trueques. Hoy se encuentra en peligro crítico de extinción. Pero sus guardianas trabajan para que en el Líbano la historia sea diferente.

Colmuchorongo es una organización nacida en el Proyecto Vida Silvestre –PVS–, referente en el país en la conservación de especies en áreas estratégicas, que acaba de concluir su segunda fase.

PVS surgió en 2013 de una alianza público privada entre Ecopetrol, Wild Conservation Society –WCS–, la Fundación Santodomingo, el Fondo Acción y 12 organizaciones de la sociedad civil, con una inversión para su segunda fase (2018-2021) de $2.100 millones.

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Según explica Germán Forero, director de Ciencia y Conservación de WCS, los buenos resultados obtenidos hasta ahora se deben a la integración de dos ejes transversales: la protección de la biodiversidad y el bienestar humano.

“Todo lo que hacemos debe estar enfocado, por un lado, a recuperar y mantener los niveles de biodiversidad en el territorio; y por el otro lado facilitar las condiciones socioeconómicas, los medios de vida a los habitantes que allí habitan para recuperar tejido social”, expone Forero.

Unión indisoluble

Forero aclara que se habla de recuperar tejido social porque han sido las problemáticas sociales, como la falta oferta laboral; las transformaciones del territorio propias de las colonizaciones; y el desarrollo de las regiones como la construcción de vías las que desencadenaron una excesiva presión sobre especies fundamentales para la subsistencia de las comunidades y recuperar este equilibrio es necesario para el futuro de las mismas.

Por eso, para la segunda fase se priorizaron en las tres regiones de trabajo (Magdalena Medio, Piedemonte Amazónico y Llanos Orientales) 15 especies paisaje, llamadas así porque de su bienestar dependen decenas de especies más y buena parte del equilibrio ecosistémico. (ver infográfico)

Sebastián Orjuela, especialista en estrategias locales de conservación, explica que el trabajo en los territorios se basa en dos frentes: “el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias y la puesta en marcha de acciones que ayuden a restar presión sobre las especies amenazadas: estrategias de seguridad alimentaria, turismo de naturaleza, negocios verdes, energías limpias, entre otros”.

Esto lo hacen posible con los acuerdos de conservación. “Este es nuestro esquema de intervención en las comunidades, y es, en esencia, un pacto voluntario que las personas deciden hacer con nosotros convencidos de su poder para cambiar el futuro de una o varias especies y del beneficio que tiene esto para ellos”, apunta Orjuela.

PSV ha logrado 130 acuerdos prediales: 55 en los Llanos, 31 en el Magdalena Medio y 44 en Putumayo. Además de 7 pactos comunitarios: uno con un grupo de mujeres, otro con un colectivo de jóvenes, dos con juntas de acción comunal y tres con asociaciones de pescadores. 60.000 hectáreas se encuentran bajo acuerdo.

Y la vereda de El Líbano se ha convertido en ejemplo de estos pactos de coexistencia. Cuenta Vanesa Perdomo, directora de Alas Putumayo, niños y jóvenes, principalmente, se han formado en ornitología para convertirse en avistadores de aves y ubicar al Líbano como un apetecido destino para aviturismo, una actividad que, según la Organización Mundial de Turismo, podría dejar 9 millones de dólares anuales al país.

Las personas vinculadas al programa de observación han ayudado a armar una base de datos de 559 especies de aves, que convierte a El Líbano en una de las zonas más prolíficas en el continente para una actividad que podría traer al país a 300.000 observadores de todo el mundo.

También el Colectivo de Mujeres para la Protección del Mono Chorongo –Colmuchorongo– busca sumarse a la oportunidad de hacer de su tierra un rincón turístico. Para lograrlo, narra Carolina Mora, una de sus integrantes, se han convertido en una especie de primera línea contra la deforestación, la ganadería extensiva y la cacería.

“A las fincas llegamos a compartir lo que hemos aprendido en este proyecto. Si el mono choruco está bien es sinónimo de bienestar de nuestros bosques, fuentes de agua y hogares”, dice Carolina sobre la labor de este grupo.

Una finca modelo

La fina madera del carreto colorado ayudó a construir la vía férrea con la que el Magdalena Medio se integró a la red ferroviaria del país. Pero sus bondades desencadenaron su rápido proceso de extinción. Hoy el carreto, endémico de una región a la cual ayudó a construir con su madera resistente, es una de las tres especies de flora que busca conservar el PVS.

Uno de los pocos lugares donde crece a salvo de amenazas es en la finca El Sinaí, en Cimitarra, Santander, donde Briggite Rodríguez Ariolfo Díaz viven con sus dos hijos.

Allí, en medio de una región profundamente transformada por la ganadería, la pareja convirtió el pedazo de tierra que heredaron en un laboratorio que, de acuerdo con Briggite, es la muestra de que es posible “asociarse con la naturaleza”.

La familia sembró plantas forrajeras en la finca que contienen más nutrientes que el pasto y con las cuales elaboran una especie de ensalada para sus cerdos y vacas.

Esta dieta les evita tumbar bosque y convertir suelos para pasto y así pueden crecer especies como el carreto y de paso mejora la producción y calidad de leche, con lo cual la venta de queso, principal sustento de la finca, ha aumentado 400%, cuenta Ariolfo.

Además, con los desechos de los animales alimentan un biodigestor que produce todo el gas que necesita el hogar.

“Más que una finca esta es nuestra empresa. Y me siento feliz de poder mostrarle a los ganaderos y pequeños productores que se puede ser eficientes poniendo a favor nuestro la naturaleza”, declara Ariolfo.

37 hectáreas se encuentran hoy bajo prácticas productivas sostenibles en medio del PVS

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