Río Putumayo, un corredor de biodiversidad y cultura

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Semana – Una expedición científica realizada en la parte baja de la cuenca de este río registró más de 1.000 especies de plantas y 700 de vertebrados.

La biodiversidad en la cuenca baja del río Putumayo es enorme. Así lo evidencian los resultados de una expedición científica organizada por el Museo Field de Historia Natural de Chicago, en la que participaron cuatro geólogos y 17 biólogos de 12 instituciones colombianas y peruanas, apoyados por más de 20 científicos locales.

En el lugar los expedicionarios pudieron registrar más de 1.000 especies de plantas y más de 700 de vertebrados. Según dieron a conocer los expertos, solo en mamíferos registraron 80 especies, 39 de las cuales corresponden a grandes y medianos, y los demás a murciélagos, lo que evidencia el buen estado de la vida silvestre en la parte baja de esta cuenca del suroeste del país, compartida con Perú.

El paso preliminar para esta expedición binacional consistió en instalar cámaras trampa a lo largo del bajo Putumayo, adecuar campamentos para el trabajo de campo y senderos para los recorridos. En esta aventura se embarcaron biólogos, herpetólogos, ictiólogos, ornitólogos y representantes de las comunidades indígenas que habitan una de las zonas limítrofes mejor conservadas de la selva amazónica que comparten los dos países.

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Comunidades indígenas

Dicen los investigadores, que la cuenca del bajo Putumayo, desde Iquitos (Perú) hasta el norte del Parque Nacional Natural Amacayacu (Colombia), es tal vez uno de los pocos territorios donde las comunidades que la habitan conviven con sus recursos naturales de una manera sostenible; prueba de ello es que la cobertura de bosques maduros es casi del 100 %.

Precisamente por iniciativa de sus pobladores, dentro de los que se encuentran indígenas y colonos, fue antes de iniciar la pandemia el Museo Field decidió realizar esta expedición que partió de Iquitos. El equipo tenía la misión de estudiar tanto aguas y suelos como bosques y fauna (peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos grandes y medianos, y murciélagos).

Este primer “inventario rápido”, como el Museo denominó la actividad, es el primer estudio en el bajo Putumayo-Yaguas-Cotuhé que recoge observaciones en geología, plantas y vertebrados terrestres y acuáticos en ambos lados de la frontera.

El grupo de trabajo se concentró en cuatro lugares también escogidos por la comunidad: Quebrada Federico, del lado peruano; Caño Pexiboy, en la Unidad de Ordenación Forestal de Tarapacá; el resguardo indígena de los ríos Cotuhé y Putumayo, y Quebrada Lorena, en jurisdicción de Colombia.

En ese amplio territorio, compartido por comunidades indígenas y colonos, las familias viven de la caza y la pesca, pero con prácticas estrictas que no atentan contra la rica biodiversidad de la zona, que abarca desde aves, peces, reptiles, hasta mamíferos medianos y pequeños como primates y murciélagos, pero también grandes felinos.

Amplia biodiversidad

De la expedición hizo parte la bióloga Olga Montenegro del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional, quien precisamente se dio a la tarea de estudiar estos últimos, investigación que adelantó con la mastozoóloga peruana Farah Carrasco, quien forma parte del equipo del Museo Field. A ellas se sumaron, los biólogos William Bonell y Cyntia Díaz, de Colombia y Perú, respectivamente, quienes fueron los encargados de instalar las cámaras trampa.

Ellas emprendieron su recorrido científico cargadas de cámaras fotográficas, redes, la infaltable libreta de campo y otros elementos de trabajo como grabadoras de ultrasonido, con las cuales pudieron hacer el registro acústico de algunas especies de murciélagos que generalmente no son fáciles de registrar con redes y cuyos sonidos son imperceptibles por el oído humano.

Los hallazgos fueron importantes y fueron quedando en el inventario. Por ejemplo, registraron especies que se encuentran en peligro de extinción como el ocarro o cerca de ser declaradas en ese estado, como el jaguar (Panthera onca).

“Encontramos comunidades completas, desde grandes felinos, pasando por las presas de estos como venados, pecarís y dantas, hasta medianos como borugos y primates”, destaca la profesora Montenegro.

Se trata de animales utilizados por las comunidades y de otras especies consideradas en condición de amenaza como el huangana o puerco (Tayassu pecari), el choro o churuco (Lagothrix lagotricha), el primate más grande entre las especies registradas; el carachupa mama, ocarro o armadillo trueno (Priodontes maximus), la especie de mayor tamaño entre los armadillos; el lobo de río (Pteronura brasiliensis), la sachavaca o danta (Tapirus terrestris), el oso hormiguero o palmero (Myrmecophaga tridactyla), y la vaca marina (Trichechus inunguis), mamífero acuático que está bajo presión de cacería a lo largo del río Putumayo.

En cuanto a suelos, el inventario advierte que todos padecen de escasez de nutrientes, por lo cual, que si se remueve la cobertura boscosa, el proceso de recuperación sería muy lento y los procesos de erosión y pérdida del suelo se acelerarían, de ahí que todo el paisaje es altamente vulnerable a los impactos de la deforestación y a usos indebidos del terreno.

Según información publicada en el periódico de la Universidad Nacional, para la bióloga Montenegro, quien ya había participado con la misma organización en dos inventarios de fauna en zonas del Perú y uno en La Lindosa (Guaviare), también fue satisfactorio registrar 10 de las 11 especies de primates que se esperaba encontrar en esa zona amazónica, lo que da cuenta del buen estado de conservación en que se hallan estos bosques que siguen albergando una enorme y variada riqueza tanto de fauna como de flora.

“Vemos una gran oportunidad de trabajar en ese gran corredor con la colaboración binacional, para mantener el buen estado de vida silvestre existente y que esto se revierta en bienestar para las comunidades humanas”, mencionó y agregó que este inventario es muy útil para las dinámicas de la región y “para mantener ese sueño de tener esa zona en buen estado ojalá a perpetuidad, o al menos en el largo plazo”.

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