Historia para Leguizameños/as – 29

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Por : John Elvis Vera

1926 – 1927

El botánico belga, Florent Claes,  que acompañó al misionero Gaspar de Pinell en su recorrido evangélico por la selva amazónica, informa sobre el Yoco, describiéndola como una gruesa liana del género Paullinia, observación que confirmó en recolecciones posteriores, en 1931, Guillermo Klug, un explorador botánico que tenía base en Iquitos, Perú.  [i]

1927

Publimayo

“La yuca brava aparece por revisión de literatura y testimonios cercana al pie de monte en la región de los tributarios del río Caquetá; esta clase de yuca se detecta actualmente, por observaciones de campo, en la llanura media de los ríos Putumayo y Caquetá, particularmente ligada a la cultura huitoto y sus allegados. Por ejemplo el Padre Vilanova, 1947, dice que en la exploración del Padre Gaspar de Pinell en 1927 al curso medio del Senseya, halló un grupo de macaguajes coexistentes con huitotos y Kofanes; allí el cazabe se fabricaba con yuca dulce, pero a la vez, para moler y rallar, se usaban el batán (signo de yuca dulce) y la  tabla-rallo de puntas agudas de chonta (indicio de yuca brava).“[ii]   

1927

Diciembre 1.

En informe sobre Curiplaya, su Corregidor Joaquín Rivas expone: ”La industria  principal es la extracción del juansoco, pero también se emplea el caucho en la composición de telas impermeables. En cuanto al comercio de este lugar, a pesar de que sus habitantes son muy pobres, el negocio es bastante activo, pues en este año han entrado en dinero y mercancías 5000 pesos oro y se han extraído mil arrobas de juansoco y 500 de balata fina y bacacaona, en cambio una invasión de murciélagos casi acabó con toda la cría de ganado”. Padre Fray Gaspar de Pinell, Excursión Apostólica por los ríos Putumayo, San Miguel del Sucumbíos, Cayabeno, Caquetá y Caguán. 1927. [iii]  

1927

Sobre las “Agencias Comerciales del Caucho y Trochas del Antiguo Caquetá”, el misionero Capuchino, Fray Gaspar de Pinell, escribe:” quiero dedicar un recuerdo histórico a esa multitud de rastrojos, señales de agencias caucheras desaparecidas, que se ven en las soledades que hemos visitado… Según informes a últimos del siglo pasado, los dueños de la Tagua, fueron Mateo Isamá y Emilio Gutiérrez; allí, por esa época, murieron unos treinta y seis peones blancos entrados del Huila, Cauca y Nariño a causa de las fiebres y disentería. Quien me dio estos datos fue el señor Manuel
Delgado uno de los supervivientes de aquellas epidemias. En aquel tiempo se descubrió y abrió el varadero (trocha que intercomunica dos ríos) de la Tagua al Caucaya… El primer dueño de la Agencia el Remolino, en la bocana del la Jiraira, tres horas más debajo de la Tagua, fue Pedro Muñoz… El fundador de Santa Bárbara, situada a nueve horas y media más debajo de El Remolino, fue Manuel Muñoz… El primer dueño de Santa Helena, cerca de la bocana del Caguán, fue Pedro Ortega y el segundo, Jesús Molina, en compañía de un señor de apellido Moreno… Los fundadores de la agencia de Peña Roja fueron Pedro Ortega y Manuel Delgado. El de Puerto Pizarro, el señor Pedro Pizarro. El de las Delicias Gregorio Calderón…. Un señor José Antonio Ordóñez de la Vega, casado con Concepción Ríos, estableció una casa a las orillas del Cuemaní, cerca de una bocana (tres horas surcando este río). Este señor comerciaba con indios Karijonas del Yarí, comprándoles cera de unas abejas chiquitas que existen en abundancia por allá, a cambio de mercancías; llama la atención el que éstas no producen miel sino pura cera.” Excursión Apostólica por los ríos Putumayo, San Miguel del Sucumbíos, Cayabeno, Caquetá y Caguán.[iv]

Al mencionar algunas trochas expone:”Del caserío de Quinoró sale otra trocha que va a dar hasta Puerto Asís. Surcando a unos cuatro o cinco días, se llega a  un punto de donde arranca una trocha que, en una jornada de buen andar, conduce al río Sencella. Por otra trocha se puede ir en día y medio al puerto llamado de los MaKaguajes, también en el Putumayo, hora y cuarto más abajo de la Concepción. Surcando el Sencella en canoa, cinco o seis días, se llega  también al mismo pueblo de MaKaguajes, de donde arrancan las trochas que acabo de mencionar. Subiendo dos días en canoa por el río la Tagua, se llega a un punto del cual, en unas dos o tres horas, se pasa por trocha a una laguna llamada Cocha Brava, que desagua al Caucaya, de donde en medio día se llega al Putumayo en canoa. De la Tagua al Caucayá existe una trocha existe la trocha más conocida para pasar del Caquetá al Putumayo y mide 21 kilómetros. De la bocana del Jiraira o de El  Remolino, tres horas más debajo de la Tagua, arranca una trocha antigua por la cual, en una jornada corta, se va hasta las cabeceras  del río Curiya, que desagua en el Putumayo entre el Yaricaya y Peneya…”[v]              

1927

Para este año, los capuchinos “habían construido veintinueve iglesias, sesenta y dos escuelas y veintinueve cementerios. Su estrategia para convertir a los nativos iba desde una fría lógica hasta lo más ridículo. Primero se aliaron con los traficantes de caucho colombianos. A cambio del permiso de “conquistar” a los indios y emplearlos como caucheros, los explotadores del caucho se comprometieron a enseñarles a los padres cómo perseguir y atrapar a los indios. Dondequiera iban, los capuchinos reunían a los indios en pequeños poblados dominados por una iglesia y una escuela misionera. Arrancaban a los niños de los brazos de sus padres, los separaban por sexo, los vestían con ropa blanca y les prohibían hablar su propia lengua. En la excursión evangélica más famosa, Gaspar de Pinell viajó por más de un año en la década de 1920 entre las “tribus salvajes”. Con su hábito de paño oscuro, atado a la cintura con un cordón, y portando una gran pintura de la Pastora Divina, la bienamada madre y santa patrona de los capuchinos, el padre Gaspar recorrió una a una las aldeas usando exorcismos, provistos por el papa León XIII para desalojar a los demonios que se presumía habitaban en los indios desde el principio de los tiempos.

Fue como resultado de estos esfuerzos que la civilización llegó al Putumayo. Como lo expresaba un artículo de un periódico de Pasto de la época, “de que el Caquetá ya no sea asilo de las bestias salvajes y de pueblos medio animales… de que la luz haya penetrado en esos cerebros sin cultura, no son responsables los indios… todo esto se debe a la fecunda labor de los misioneros, con su asidua y constante abnegación”. El ejército colombiano tomó nota de las valerosas hazañas de los sacerdotes españoles. ”en tanto que antes solían huir a la selva como animales salvajes cuando veían a un civilizado, hay ahora allí elementos de la ciencia. Escuchar a los indiecitos de la selva entonando los himnos del Creador y el Himno Nacional es muy emocionante. Los misioneros elevan su alma a la inmortalidad. Les enseñan cómo conocer y adorar a Díos, así como a la Patria.”[vi]      

1928

LEY 96. 

Queda toda la Región dentro de la Comisaría Especial del Putumayo. Se ha entregado territorio al Perú y más territorio al Brasil[vii]. Es creada la Comisaría del Amazonas, separándola de la Comisaría del Caquetá.[viii]

1928

De la boca de San Miguel, otro punto de acopio de las gomas, se podía bajar a Guepí en un día “de buen andar” en canoa.   De Caucaya, por donde se comunicaba la región del Caquetá con el Putumayo en dos o tres jornadas, según el nivel de las aguas.  Guepí era punto central de aquella región.

Los Indígenas de Caucaya, lo mismo que en todos aquellos lugares poblados por estos entre el mismo Caucaya y Yubineto, prácticamente desaparecieron por causa de las enfermedades.[ix]

1928

El Gobierno Nacional, inicia la Colonización Dirigida en Puerto Caucaya, La Tagua y Leticia.  Dicha colonización nunca contó con una eficaz orientación y asesoría para que los nuevos colonos tuvieran éxito en su empresa. [x]

1928

Julio 19.

Decreto 1321

Por medio del cual “Se crea un grupo de colonización con destino a la región del Amazonas, Caquetá y Putumayo”.

“Ahora bien, por carencia presupuestales y de apoyo real, dichos decretos no pasan de ser manifestaciones de buenas intenciones; sin embargo, constituyen la “herencia” que deja el partido conservador a los gobiernos de Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo y éstos los usarán tímidamente, de manera parcial y muy efímera. Por estas razones, ya en 1931 el ministro de Industria presenta un panorama bastante pesimista de “las colonias agrícolas”

“Es en su Memoria del año 1933 cuando el ministro de Industrias admite el fracaso de la política estatal de las colonias agrícolas:

Amazonas, Caquetá y Putumayo – En el informe que rendí para la Memoria del año pasado, hice un recuento detallado sobre los resultados poco halagüeños que había dado el plan de colonización que se inició en 1928 a virtud del Decreto 1321 de dicho año. En ese informe están analizadas las actividades del Grupo de Colonización que dicho Decreto creó, así como la labor desarrollada por el Ministerio de Industria, a partir de 1931 en adelante.

Posteriormente y por considerar innecesarios los servicios del Director de Colonización, el Ministerio prescindió de dicho empleado y dispuso que los elementos pertenecientes a la Colonia y que estaban almacenados en Caucayá, fueran entregados al Corregidor de allí.

Prácticamente quedó, pues, eliminada la acción colonizadora del Ministerio de Industrias en aquellas regiones. Sólo resta el respecto informar sobre el vapor Nariño y la lancha Huila, que fueron destinados, por Decreto 1978 de 1931, a la navegación comercial de los ríos Putumayo, Caquetá y Amazonas, dependiente del Ministerio de Industrias.”      [xi]

1928

Noviembre 15.

Tratado de Límites y Navegación Fluvial Entre Colombia y Brasil.

Firmado en Río de Janeiro el 15 de noviembre. Aprobado por el Congreso de Colombia por la Ley 43 de 1929. Canjeadas las ratificaciones en Bogotá el 9 de enero de 1930. Promulgado por Decreto número 143 de 1930. Registrado en la Sociedad de Naciones el 17 de Marzo de 1930 con número 2299.

“Artículo V.

La República de Colombia y los Estados Unidos del Brasil se reconocen .recíprocamente a  perpetuidad el derecho de libre navegación por los ríos Amazonas, Yapurá  o Caquetá, Iza o Putumayo y todos los afluentes o confluentes de dichos ríos, debiendo sujetarse únicamente las embarcaciones, tripulantes y pasajeros a las leyes y reglamentos fiscales y de policía fluvial, los cuales  serán idénticos, en todo caso, para colombianos y brasileños, e inspirados en el propósito de facilitar la navegación y el comercio de ambos Estados.”[xii]

1928

Diciembre 28.

“el Congreso Peruano aprobó el tratado Salomón – Lozano por una votación de 102 votos afirmativos contra 7 negativos, entre los que figuraba el de Arana. Este, en previsión de su derrota en el Congreso Peruano, desde meses antes había  generado forzosamente una gran migración de indígenas bajo su poder, desde la banda norte del Putumayo a la banda sur del mismo río y al Napo y ocasionando, con la misma, una diáspora de los restantes hacia el norte, al río Orteguaza, y el oriente, hacia el río Mirití Paraná.”[xiii]  

1929

Se realizan trabajos de construcción o más bien, trabajos de mejoramiento al camino o trocha ya existente entre Puerto Caucaya y La Tagua.[xiv]

Años 30’

“Durante el decenio de 1930, el Estado realizó inversiones en carreteras e infraestructura, como resultado del Conflicto con el Perú, que le devolvieron a la región una mínima parte de la riqueza perdida, creando así las bases para el inicio de una verdadera colonización que cimentó un desarrollo lento pero sostenido. Esas carreteras fueron construidas en un tiempo muy corto (dos o tres años), y sin causar enormes gastos del Estado. Esto nos está probando que el famoso problema geopolítico de la “muralla andina” no existía como determinante geográfico. Faltaba era la decisión política para llevar a cabo la obra. Cuando esa decisión se tomó, representó en sí la revolución más importante que se había dado en siglos dentro de la amazonia colombiana. Parte del desarrollo hacia fuera (extrarregional) se transformó en desarrollo hacia adentro (intrarregional), porque surgió el campesino-colono que entró a trabajar para reinvertir el proceso productivo local. En otras palabras, la economía extractivista, como tal, no produce desarrollo, aún en el caso de existir pequeños extractores de subsistencia que fijen en sus localidades el producto de su trabajo. Sólo la economía creativa, como la agricultura o la industria, permite el desarrollo indispensable dentro de una economía de mercado.”[xv]    

1930                    

El Gobierno Colombiano logra establecer servicio de navegación permanente en el Río Putumayo.  En este mismo año, el Papa Pío XII eleva a Vicariato la Prefectura Apostólica del Caquetá, Putumayo y Amazonas (Mayo 31) .[xvi]   

1930

Siendo Presidente Miguel Abadía Méndez y Tomando posesión de lo pactado en el Tratado Lozano – Salomón, una comisión civil y militar recorre el río Putumayo y el Trapecio Amazónico. Dicha comisión reorganiza algunos asentamientos humanos, como es el caso de Puerto Caucaya, estableciendo autoridades, dotando con servicios y alguna infraestructura, estas puntas de colonización en la frontera.[xvii]

Después de un penoso viaje por el camino de herradura que unía a Pasto con Puerto Asís, la comisión llegó al río Putumayo.  La mayor parte de los asentamientos que hallaron eran pequeños caseríos, con viviendas de yaripa y hoja palma.  Estableció la navegación permanente por el río Putumayo. Un año antes se había iniciado el mejoramiento de la trocha Caucaya-La Tagua, un tramo estratégico de 25 kilómetros que comunica los ríos Caquetá y Putumayo. En el curso de su viaje hasta Manaos los comisionados visitaron las localidades de El Encanto y Tarapacá. En El Encanto fueron “amablemente” recibidos nada menos que por Loaiza y Seminario, agentes de la Casa Arana y copartícipes en el genocidio contra los indígenas.[xviii]

“Semejante esfuerzo de colonización militar comenzó al tiempo de las labores, en el año de 1929, de la comisión colombo-peruana demarcadora de los límites, cuando el gobierno colombiano designó a los militares, coronel Luis Acevedo y capitán Caerlos Bejarano, para que comenzara a preparar una colonización militar de la zona. En esa tarea ellos viajaron a Estados Unidos y “allí adquirieron elementos de campaña tales como droga, herramientas y varias casas prefabricadas de madera, que fueron conducidas al puerto de Manaos. En esa ciudad brasilera adquirieron dos buques, el vapor Nariño y la lancha Huila, con el fin de facilitar el transporte de los futuros colonizadores en las regiones del Putumayo y el Amazonas”.

Después de navegar por mar y ríos ambos oficiales llegaron a Caucaya para quedarse allí el capitán Bejarano con la tarea de comenzar a abrir una trocha en el istmo entre el río Caquetá y el Putumayo, mientras el coronel Acevedo retornaba a Bogotá en agosto de 1929 a rendir informes y luchar por la persistencia de la Comisión que quería acabar el Ministerio de Hacienda.

A principios de 1930 el Gobierno Nacional, a través de los Ministerios de Industria y Guerra, creó y financió la Jefatura de Fronteras y la Unidad de Colonización que se conformó por cuatro oficiales y cuarenta y tres individuos de tropa. El Ministerio de Industrias se encargó de los costos de navegación y desmonte y el de Guerra de los sueldos de personal, el armamento y le material de campaña.

A finales de abril de 1930 la comisión que había quedado constituida entre otros por el coronel Luis Acevedo Gómez, el capitán Carlos Bejarano Muñoz – en Caucaya – los subtenientes Diego Muñoz, Jorge A. Téllez, Alfonso Pinzón Forero del ejército; el comandante de policía Abdón Villarreal, el capitán Ramírez, el sargento Clímaco Rodríguez y diez agentes, el capellán padre  Bartolomé de Igualada y el médico, doctor Jorge Talero Morales y otras personas, viajó a Buenaventura y de allí en barco hasta Tumaco, para seguir a Pasto desde donde se apertrecharon y salieron a mediados de Mayo a lomo de mula hasta Puerto Asís.

Desde Puerto Así8s, en la lancha Huila, siguieron río abajo el Putumayo, después de reclutar allí los primeros soldados para las avanzadas de colonización militar.

En Puerto Ospina quedaron al mando del teniente Téllez doce soldados con la finalidad de levantar las primeras barracas para ellos mismos y los colonos que podrían llegar, además de iniciar un proceso de aproximación, incorporación y entrenamiento militar entre las comunidades Huitoto de la región.

Al llegar a Caucaya el grupo fue recibido por el Capitán Carlos Bejarano, que ya había hincado con algunos colonos la apertura de la trocha de tres metros de ancho que comunicaría ese puerto sobre le Putumayo con el de La Tagua en el Caquetá. En ese puesto se inició la construcción de algunas casas para el alojamiento de los hombres y la ampliación de la trocha y se levantó un puesto de enfermería atendido por el doctor Jorge Talero, contando para  toda esa  labor de ingeniería con un aserrío que se había traído del Brasil. En ese momento en Caucaya “existía abastecimiento suficiente de alimentos y algunos elementos  de armamento, de caza y herramientas para los colonos, todos traídos de los Estados Unidos en el año anterior por el coronel Acevedo” y solo había 6 casas.

Después de permanecer desde finales de Mayo hasta la primera semana de Junio de 1930 en Caucaya, la comisión dejó allí al capitán Bejarano y siguió a pie por la trocha en construcción hacia La Tagua, a la que llegaron después de un día de marcha fatigante y sin poder comer:”La Tagua era un pequeño caserío integrado por tres casas de yaripa y palma sin ningún servicio. Allí nos alojamos. El agua para tomar debíamos sacarla del río  Caquetá con unos pequeños filtros que se trajeron de los Estados Unidos, entre las cosas importadas por el coronel Acevedo y de las cuales fuimos provistos; el filtro era una especie de piedra pómez, con un implemento tubular para succionar el agua. Se fatigaba uno tanto succionado este aparato, que optaba por tomarse el agua común y corriente en el casco militar, sin tratamiento de ninguna naturaleza”.”En La Tagua, instalamos la tercera guarnición, integrada por el teniente Diego Muñoz y once soldados; este tal vez era el sitio de mayor peligro para la salud, pues no había desmonte de ninguna naturaleza y los insectos, especialmente el zancudo y el jején, volvían loca en minutos a cualquier persona; bastaban algunas horas de estadía en el lugar para que se transformara el color de la piel por el gran número de picaduras”.

La consigna fue mantener comunicación en ese lugar, a través de los ríos Caquetá y Orteguaza con Florencia, además de levantar un cuartel y atraer y entrenar militarmente a los indígenas Huitotos de la zona, así como a los colonos existentes.

La comitiva del coronel Acevedo regresó a Caucaya para partir de allí a Manaos por el río Putumayo, dejando en ese puesto militar al capitán Bejarano con veinte soldados, con la tarea de “desmontar una gran zona de selva, hacer los cultivos indispensables a fin de proveer de todos los elementos de primera necesidad a las tropas y a la colonia a la cual se irían vinculando el mayor número de indígenas Huitotos. Era necesario tomar reservas pero a la vez no descuidar la producción agrícola. Así se cultivó el plátano, la yuca, la caña de azúcar, el maíz, los frutales y muchos otros artículos que se requerían para el consumo de nuestros compañeros”. Se intentó fomentar la ganadería para disponer de carne y leche en esos tres puestos militares de Puerto Ospina, Caucaya y La Tagua.

En su viaje por el Putumayo hacía Manaos la comitiva vio a lo largo de su recorrido colonos colombianos en diferentes parajes hasta llegar a Tarapacá, en la frontera con el Brasil, que era “ese entonces un pequeño puerto con dos casas, una de dos pisos de madera y palma y otra de chonta y palma pequeña”.[xix]    

1930

“… el Ministerio de Guerra colombiano recibió la orden de iniciar un trabajo de colonización  en las áreas ribereñas del Putumayo, como preparación al canje de territorios, en coordinación con acciones de los Ministerios de Obras y Educación. Se organizaron cinco colonias: El Encanto, antigua sede de la Casa Arana, sobre el Caraparaná, Puerto Ospina y Caucaya –hoy Puerto Leguízamo-, sobre el Putumayo, La Tagua, sobre el Caquetá y Leticia. Los cinco lugares seleccionados probaron ser escogidos con adecuado criterio estratégico, como lo demostraría la etapa de guerra, y fueron poblados esencialmente con personal militar que obtuvo la colaboración de los indígenas de la región, dedicando todos los esfuerzos a levantar construcciones que sirvieran de asentamiento elemental de vivienda y actividades productivas que atrajeran colonos civiles del interior del país.”[xx]   


[i]                               DAVIS, WADE. EL RIO, EXPLORACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN LA SELVA AMAZONICA. Banco de La República y El Ancora Editores. Bogotá  D.E: 2001. Pág. 236         

[ii]                              Mejía Gutiérrez, Mario. DIVERSIDAD DE YUCA. Manihot esculenta Krantz en Colombia. Visión Geográfico – cultural. COA. Bogotá. 1991. Pág. 110

[iii]                             SILVA, MARIA CECILIA. RAIGAMBRE No. 6. Julio – Diciembre, 1994.

[iv]                             SILVA, MARIA CECILIA. RAIGAMBRE No. 6. Julio – Diciembre, 1994.

[v]                              SILVA, MARIA CECILIA. RAIGAMBRE No. 6. Julio – Diciembre, 1994

[vi]                             DAVIS, WADE. EL RIO, EXPLORACIONES Y DESCUBRIMIENTOS EN LA SELVA AMAZONICA. Banco de La República y El Ancora Editores. Bogotá D.E. 2001. Pág. 202

[vii]                             Varios Autores. ATLAS CULTURAL DE LA AMAZONIA COLOMBIANA.   LA CONSTRUCCIÓN DEL TERRITORIO EN EL SIGLO XX.   Ministerio de Cultura;  Instituto Colombiano de Antropología;  Corpes Orinoquía;  Corpes Amazonía.  Mapa # 47.

[viii]                            Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  95

[ix]                             DOMÍNGUEZ, CAMILO.  GOMEZ, AUGUSTO. NACIÓN  Y ETNIAS.  Los Conflictos Territoriales en la Amazonia 1750-1933. COAMA. 1994. Pág.173

[x]                              Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  95

[xi]                             APRILLE-GNISET, JACQUES. LA CIUDAD COLOMBIANA. SIGLO XIX Y SIGLO XX. Banco Popular. Fondo Promoción de Cultura. Instituto Colombiano de Cultura. Santafé de Bogotá. 19992. Pág. 283-284.

[xii]                             GUILLEN JIMENEZ, FELIPE.  COLOMBIA Y SUS FRONTERAS. Editorial Planeta. Bogotá. 2002. Pág. 47

[xiii]                            GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 436

[xiv]                            GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 436

[xv]                             Domínguez, Camilo; Gómez, Augusto. LA ECONOMIA EXTRACTIVA EN LA AMAZONIA COLOMBIANA 1.850-1.930. TROPENBOS. COA. Bogotá. Pág. 260

[xvi]                            Mejía  Gutiérrez.  O.C.  Pág.  96

[xvii]                           GONZALEZ BERMÚDEZ,  Jorge Luis.   HISTORIA DE LA AMAZONIA.  Serie Escuela y Amazonia.  N° 4.  Ministerio de Educación Nacional;  Programa Fondo Amazónico; Coordinación de Educación  del Amazonas; Fundación Caminos de Identidad.  Pág. 130

[xviii]                           PINEDA CAMACHO, ROBERTO.  EL CICLO DEL CAUCHO.  Biblioteca V8irtual del Banco de la Republica.

[xix]                            GOMEZ LOPEZ, AUGUSTO J. HISTORIA GENERAL DEL DEPARTAMENTO DEL PUTUMAYO – Texto de guía para la enseñanza – II. Ministerio de Cultura. Bogotá, D.C. Mayo 2001. Pág. 440-441

[xx]                             Restrepo, Juan Camilo; Betancur, Luis Ignacio. ECONOMIA Y CONFLICTO COLOMBO – PERUANO. Villegas Editores. Diciembre de 2001. Bogotá. Pág. 69-70.

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