Colombia en suspenso

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Por: Laura Camila Arévalo Domínguez

En el marco de la sexta edición del Bogota International Film Festival (BIFF), el día de hoy, a las cinco de la tarde, se llevará a cabo un conversatorio sobre Suspensión, película que conforma la primera parte de la trilogía Tierra-Aire-Agua. El documental, al tiempo que registra la ineficacia estatal, reflexiona sobre las tensiones entre el hombre y la naturaleza. La charla, abierta al publico, contará con la participación de Edgar Ricardo Torres Beltrán, Rodrigo Botero García, director ejecutivo de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible -FCDS, y Simón Uribe, director del film.

«Suspensión», el primer largometraje documental de Simón Uribe, es una producción que plasma la relación entre los seres humanos, la naturaleza y la falta de apoyo gubernamental. / Producción BIFF- Bogota International Film Festival

Muy cerca de las tablas de madera que resguardan los condimentos de la cocina, hay una mesa. Ahí se come y se alistan los útiles escolares para el día siguiente. Ahí también se reúne la familia. Cada uno en una silla. Todos muy juntos, no se pueden mover mucho, pero se ven cómodos. Son cuatro. Mientras que la abuela y la mamá de la niña intentan resolver las tareas que ella trajo del colegio, el abuelo, que se ve muy fuerte y muy joven, ve un video a través de un portátil. La niña, distraída, se abre paso entre los brazos de las mujeres que la rodean para verlo también.

Abuelo: Ve qué belleza, eso, ve

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Abuela: A ver…

Abuelo: Esa es la carretera…

Abuela: ¡Ay, vea qué linda! Eso es un puente… Parecen las vías de Manizales. ¿Y dónde será esa curva?

Estaban viendo el render que proyectaba cómo quedaría la variante San Francisco- Mocoa, una carretera muy moderna que solucionaría el problema de la trocha por la que tenían que cruzar de un lado al otro. Un camino que fue bautizado como el “trampolín de la muerte”, y en el que el 19 de julio de 1991 quedaron sepultadas más de 50 personas que se movilizaban en buses intermunicipales, camperos, carros de carga y una ambulancia. Esa no fue la única tragedia. Por eso le dicen así: pasar por ahí era y sigue siendo una aventura o un desafío a la naturaleza que los habitantes de esta región han emprendido no por valientes, sino por falta de opciones. En 1991, esa vía era la única forma de salir de Mocoa, pero aún hoy hay personas que cruzan.

La familia que ve el render fue registrada por “Suspensión”, uno de los documentales que fueron parte de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Cartagena, evento que se canceló debido a la emergencia de salud pública que actualmente se presenta en el mundo por un nuevo coronavirus. En ese video estaba la promesa con la que se han ido posesionando los recientes dirigentes de aquellas regiones. En ese video estaban la esperanza y a la vez la desilusión. Ese render reflejaba el desencanto de una familia campesina que dice que ojalá se construya esa vía, pero que no creen. Que a esa variante la concretarán cuando ellos y su descendencia ya hayan “colgado las patas”.

“Lo que ese video plantea es el desconocimiento y la distancia abismal que hay entre la mente del ingeniero de oficina y el territorio. Lo que se ve ahí parece una carretera de Suiza: casi no hay árboles y los que se ven, son pinos. Es casi un campo de golf. Ese render describe la idiosincrasia ingenieril en Colombia: se ve la topografía muy funcional, como si esas montañas no estuvieran vivas y no se transformaran. Es como un juego de Lego”, dice Joaquín Uribe, productor de la película.

Este documental se inició cuando Simón Uribe, su director, decidió hacer su tesis doctoral en geografía y escogió la historia de una de las carreteras del Piedemonte amazónico. Uribe desarrolló una investigación etnográfica alrededor de lo que se conocía como el “trampolín de la muerte”.

Durante el proceso, Uribe escuchó sobre la promesa de una carretera moderna que pudiese resolver el problema del aislamiento en el que, históricamente, esa región había estado. El pedido que se ha hecho por años y del que se han aprovechado un sinfín de políticos para ganar votos ha sido la promesa de que se construirá una conexión digna entre el Putumayo y el departamento de Nariño.

La construcción de la que sería la promesa cumplida se inició en 2010.

Simón Uribe le propuso a su hermano, Joaquín, que hicieran una película sobre esa construcción. Comenzaron con lo mínimo y después, con mejores equipos y la posibilidad de hacer un rodaje más profesional, regresaron a la región a grabar lo que serían los avances de la carretera soñada. Al llegar se encontraron con la obra suspendida. Lo que quedó fue un puente incrustado contra la montaña que no llevaba a ninguna parte.

El choque de la grabación de 2017 se dividió en dos partes. La primera y la que se les reveló más rápido, fue que el objetivo con el habían comenzado a rodar era poder conocer los avances de una infraestructura anhelada por años. Sin los resultados, ¿qué iban a grabar? Pero el segundo golpe fue el que realmente puso en jaque todo el proyecto. El 1 de abril de 2017, un desbordamiento de los ríos Mocoa, Mulato y Sancoyaco ocasionó una avalancha que dejó 336 muertos y alrededor de 400 heridos. Los hermanos Uribe y su familia estaban allí. Toda la avalancha la vieron desde un tejado al que se treparon para sobrevivir. Don Guillermo Guerrero Urrutia, ingeniero y una de las voces que en el rodaje explicó detalles de la vía, la variante y su abandono, fue una de las víctimas mortales de la tragedia.

El documental se convirtió entonces en un símbolo. En un reflejo. La película, además de narrar la historia de una carretera necesaria por la que se ha implorado durante muchos años, pasó a formular preguntas: ¿Qué queda cuando esa promesa de la modernidad no se logra? ¿Qué queda cuando esa promesa se vence porque los tiempos de la naturaleza se cruzan? ¿Se pierde la utopía de los seres humanos por conquistar los espacios?

“Esta película es una imagen del país. Una muy cruda. Nuestras ideas de modernidad y progreso quedan empantanadas, pero aún así seguimos viviendo y riéndonos”, dice Joaquín, que además cree que la interpretación puede ir más allá de creer que la naturaleza, en el caso de la carretera suspendida, haya ganado la batalla. “La humanidad sigue siendo una pasajera circunstancial en un espacio en el que cuenta la edad geológica y el clima. La carretera, por más grandilocuentes que seamos, es un gesto frágil en medio del espacio cósmico”.

Las circunstancias que narra el documental se repiten por estos días: la dualidad entre los discursos políticos y la realidad. El mundo entero ha tenido que encerrarse para disminuir el contagio del coronavirus. La indicación es simple: quédese en casa. No salga. Trabaje desde su hogar. El cumplimiento de esa medida es lo que se convierte en un desafío para muchos, pero, sobre todo, en un imposible para la mayoría de colombianos que si no salen, no comen. En “Suspensión” pasa algo similar: ¿quién atravesaría una trocha llamada el «trampolín de la muerte? Lo lógico es que nadie se arriesgue, pero la lógica no funciona entre la cotidianidad de los más vulnerables de este país. No es una suma sencilla.

“Intentamos desmontar esa idea de “si es peligroso, mejor no pase”. No. Es que la realidad es que había gente que tenía que pasar así hubiese derrumbes. Los discursos que nos echan Vs lo que nos toca vivir”, agregó Uribe.

Esta película se estrenó en el Idfa de Amsterdam, el festival de documentales más importante del mundo. Fue seleccionada entre 400 películas para participar en una competencia de 10. Cuando los europeos la vieron no entendieron nada. “La gente no comprende qué pasa con nosotros los latinoamericanos. ‘¿Por qué carajos no reasentan los pueblos? ¿Por qué no hacen un teleférico?’, se preguntaban. Concluían que era obvio que la naturaleza se hubiese salido con la suya. Esa es una lectura. Pero también está la de la gente de Mocoa: ‘Carajo, esto es una demostración de que esto tiene que hacerse. No podemos seguir matándonos en este camino de mulas’, dijeron. Así que el mensaje de este documental tiende a ser dual. Es, finalmente, el reflejo de un incesante deseo de alcanzar la modernidad, pero en el que se nos abre un tiempo en suspenso. Como país estamos en suspenso”, concluyó Uribe.

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