Puentes que unen las veredas aisladas

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ElColombiano

El puente supera en 20 metros la cota de altura del río Nechí, que eleva su caudal en invierno. Une a La Esperanza con cinco veredas de Campamento. FOTO CORTESÍA PUENTES DE LA ESPERANZA

La cotidianidad en los desplazamientos hacia otras veredas y el casco urbano cambió para 120 familias habitantes de la vereda La Esperanza, de Campamento, gracias a la instalación de un puente peatonal sobre el río Nechí, el cual reemplazó una vieja estructura que, por su mal estado, al cruzarla ponía en riesgo las vidas de los campesinos y sus animales.

Según el alcalde de la localidad, Juan Pablo Torres, las personas de esta zona tuvieron muchos padecimientos al cruzar por el viejo puente, en el que no faltaron los accidentes. Con el paso del tiempo, la madera se había podrido y su colapso era inminente. La Esperanza iba a quedar aislada.

“A municipios como este, de sexta categoría, nos queda muy difícil construir estas obras y por eso pasaron varias administraciones antes de poder lograr su ejecución”, dice el mandatario. Recuerda que el colapso del viejo empezó con la temporada invernal de 2013. La nueva obra la adelantó el Dapard en asocio con la Fundación Puentes de La Esperanza y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD. Adicional, la comunidad puso una alta cuota para llevar a feliz término la estructura.

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“En estos convenios las comunidades aportan su mano de obra y nosotros los materiales y el personal técnico y profesional”, indica el director del Dapard, Jaime Enrique Gómez. El aporte de los ciudadanos es del tal magnitud que, según cálculos del Dapard, los campesinos cargaron, en sus hombros y en mula, más de 28 toneladas de materiales al sitio de construcción. Puentes de la Esperanza y el Dapard debieron utilizar helicóptero para transportar 10 toneladas que pesaban las estructuras, pues son puentes modulares cuyas piezas se encajan.

Comunidades aisladas

Carlos Barrera, director de la Fundación Puentes de La Esperanza, señala que en Antioquia ya van construidos 23 de estos puentes y en el país son 125. “Llevamos 22 años construyéndolos. Las beneficiarias son las comunidades más alejadas y aisladas, a donde ni siquiera los contratistas quieren ir”, indicó.

Obras similares se han construido en 17 poblaciones antioqueñas, entre ellas, Salgar, Tarazá, Valdivia y Apartadó.

A nivel nacional, una obra que sirve de ejemplo es el puente instalado en la selva del Putumayo, cerca a la frontera con Ecuador, en beneficio de 180 familias de la etnia Kichwa Kofan.

Barrera señala que uno de los aspectos más positivos de estas obras es que como las comunidades aportan sus esfuerzos, tienen más cuidado en el uso. No todos tienen las mismas dimensiones. El de Campamento mide 74 metros de largo y supera 20 metros la cota de altura del río Nechí. Es metálico, en láminas de acero y su ancho no supera los 1,50 metros.

“No le ponemos más ancho para evitar que crucen carros, porque aunque soportan bastantes toneladas de peso, empiezan a cruzarlos vehículos pesados y con mucha carga y eso acelera su deterioro. La idea es que sean peatonales y que pase un animal a la vez y no montado sino con su jinete a pie, porque los caballos se asustan con el ruido del metal y se pueden generar accidentes”, precisa Barrera.

Esta explicación la da a raíz de un incidente que se presentó con un equino al día siguiente de inaugurado el de La Esperanza, en el que murió el animal porque su dueño no atendió las indicaciones para cruzarlo (ver Qué sigue).

“Dolió mucho el caso, pero eso no demerita la calidad del puente, que se construye con todas las normas técnicas y de ingeniería requeridas para estas estructuras”, explica.

Aunque está en jurisdicción de La Esperanza, la obra beneficia a cinco veredas que transportan diariamente sus productos derivados del cultivo de caña y ganado: “También les sirve a los niños que estudian en la escuela de la vereda y que requieren cruzarlo cada día”, indica el director del Dapard.

El alcalde Torres lo considera una obra que se convirtió en solución para las comunidades de la zona, que antes arriesgaban sus vidas para pasar de un lado a otro. Su costo fue de cerca de $100 millones, sin contar la mano de obra ni los costos de traslado de materiales en helicóptero.

Según el Dapard, está próxima a iniciarse la construcción de infraestructuras similares en los municipios de Anorí, Angostura, Nariño y Cañasgordas.

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