Los bosques necesitan ayuda

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Fuente : BluRadio

Vivimos un proceso pandémico que no distingue entre credos, ricos y pobres, pobladores, propietarios, trabajadores y campesinos, y que requiere comprender que al garantizar los derechos de la naturaleza

Por: Pastor Edgar Castaño – Presidente del Consejo Evangélico de Colombia CEDECOL.

Desde los orígenes de la Creación de nuestra Madre Tierra la naturaleza ha sido nuestra fuente de vida permitiendo dotarnos de saberes, pero también de armonía, solidaridad, salud y serenidad para afrontar las causas complejas y encontrar las soluciones a nuestras necesidades de una vida digna. Hemos aprendido que cuando los seres humanos, con sus ambiciones de poder y de lucro, la agreden sistemáticamente en sus profundidades, se generan consecuencias que tienden a afectar sus equilibrios ecosistémicos e, indirectamente, la vida de quienes la habitamos y somos llamados a cuidarla.

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De esta comprensión se desprende nuestro acuerdo interreligioso como iglesias y comunidades de fe de Colombia para, en conjunto con sus custodios originarios, los pueblos indígenas, trabajar con los gobiernos, la sociedad civil y el comercio, sobre las medidas que protegen los Bosques Tropicales y salvaguardan a aquellos que sirven como sus guardianes.

Como Iniciativa Interreligiosa que -basada en la espiritualidad, la moral y las reflexiones éticas- impulsa la protección de los Bosques Tropicales y de sus habitantes originarios, hemos escuchado con atención a los expertos y gobernantes que han planteado la importancia de abordar la emergencia sanitaria a partir del mejoramiento de la asistencia hospitalaria, el autocuidado de la salud y las políticas socio económicas que garanticen los mínimos para sostener una calidad de vida digna. Con ese espíritu y comprensión de la realidad, asumimos nuestro compromiso de impulsar en nuestras comunidades religiosas las políticas de protección de la vida humana definidas y, al mismo tiempo, reflexionar con ellas los determinantes ambientales que las están provocando.

Es a partir de ese espíritu de aportar a comprender las causas y encontrar alivio a las consecuencias, que queremos recordar que en estos escenarios de confinamientos colectivos, no faltan los que los aprovechan para seguir atentando contra nuestra biodiversidad, concretamente con el crecimiento de la deforestación en la región amazónica. Si bien aún no tenemos cifras de las alertas tempranas del IDEAM en este primer semestre, las relativas al último semestre del 2019 indican la continuidad de altas cifras de deforestación, que se extienden del Meta y el Caquetá hacia el Departamento del Putumayo.

De allí la importancia que los acuerdos avanzados por los líderes locales de IRI Colombia con los alcaldes de los municipios de San Vicente del Caguán, Cartagena del Chairá, San José del Guaviare y La Macarena, para que, en la elaboración de los Planes de Desarrollo Municipales, incorporen los compromisos adquiridos de proteger los Bosques Tropicales y apoyar alternativas de producción sostenibles para sus comunidades

No fue una casualidad climática que las dos más grandes ciudades de Colombia, Bogotá y Medellín, enfrentaran emergencias ambientales en los primeros meses del 2020, las cuales han sido una consecuencia directa de los incendios forestales que en época de sequía son utilizados para aumentar la deforestación y la apropiación ilegal de tierras; ciudades en las que han aumentado las enfermedades respiratorias y, por lo tanto, la vulnerabilidad de sus habitantes, lo cual aprovecha la pandemia para golpearnos directamente en nuestro debilitados pulmones. En este sentido, consideramos importante que en las informaciones que hoy se difunden oficialmente, se incluya el vínculo directo existente entre las acciones de los seres humanos que provocan la crisis climática, las mutaciones de los virus y las caídas de las defensas de nuestro individual y colectivo sistema inmunológico.

Es tarea de los científicos ahondar en estas reflexiones, pero nos corresponde a los líderes religiosos y de comunidades de fe generar las espiritualidades y la conciencia ética que permitan comprender que mantener el equilibrio de la Creación requiere pensarla como un todo integrado entre naturaleza, bosques y seres vivos que requiere de nuestro cuidado permanente. Si ayer era un pecado atentar contra los bosques tropicales, hoy se extienden sus consecuencias en tanto queda claro que la amenaza se revierte contra la vida humana.

Vivimos un proceso pandémico que no distingue entre credos, ricos y pobres, pobladores, propietarios, trabajadores y campesinos, y que requiere comprender que al garantizar los derechos de la naturaleza, estamos garantizando nuestros derechos humanos y, por lo tanto, el bienestar y buen vivir en nuestra vida terrenal.

La comunión reflexiva que hoy todos recreamos en familia, debe ser un paso significativo en nuestras convivencias solidarias donde todos somos y nos relacionamos como vecinos, pero también en la relación espiritual con esa Creación que nos engendró en su seno. Reciban todas nuestras bendiciones para enfrentar las dificultades que aún tenemos por delante y afrontar con esperanza este importante tránsito civilizatorio.

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