El narcotráfico enciende la guerra entre las disidencias en Putumayo

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Los delincuentes de los otrora frentes 48 y primero de las Frac se disputan la frontera con Brasil.

El narcotráfico, desde el control de los cultivos de coca, laboratorios y rutas, es la gasolina que prendió la guerra territorial, desde agosto del año pasado, entre las disidencias de los otrora frentes 48 y primero de las Farc en Putumayo.

El general Sergio Serrano, comandante de la Fuerza Naval, con sede de operaciones en Puerto Leguízamo, Putumayo, aseguró a EL TIEMPO que ha sido titánica la labor de la Armada Nacional para frenar las muertes –en los dos bandos– y para cerrar el paso de la droga hacia Ecuador y Brasil.

El frente 48, que ahora se hace llamar ‘los de Sinaloa’ o los de ‘la Mafia’, está bajo el mando de alias Dumar, quien hace presencia en la zona del alto Putumayo aprovechando el río del mismo nombre y el San Miguel.

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Precisamente, en esta zona se encuentra Puerto Asís; allí se concentran gran parte de las 26.408 hectáreas sembradas con coca, que de acuerdo con el monitoreo de Naciones Unidas se detectaron en 2018 en este departamento.

Y están los laboratorios para la producción de pasta y base de coca y los cristalizaderos para procesar el clorhidrato de cocaína.

Por el río cruzan la cocaína a Ecuador, específicamente a la provincia de Esmeraldas, donde sale por el océano Pacifico hacia Centroamérica o Europa. O de allí la pasan a Tumaco, en Nariño, para almacenar y entregar a otras redes.

En Puerto Asís, el Ejército Nacional ya dio inicio a las labores de erradicación forzada, esta es una de las regiones priorizadas por el gobierno de Iván Duque.

“Este grupo armado (las disidencias del frente 48) ha tratado en la parte occidental, hacia Puerto Leguízamo, de conformar un corredor para sacar marihuana creepy hacia Brasil. El año pasado se les incautó 9 toneladas”, aseguró el general Serrano.

Marihuana en torpedos

La marihuana la traen desde el norte de Cauca. “Se inventaron una modalidad, unas embarcaciones tipo torpedo a las que se les dice en la jerga de los narcos ‘parásitos’; en la última se les incautó 1.600 kilos, por eso, ahora envían máximo 300 kilos en las embarcaciones, pero nuestros controles son continuos sobre los ríos Putumayo, Caquetá y Amazonas”, resaltó el comandante de la Armada.

También camuflan la marihuana en latas de conservas o en lotes de doble fondo para evitar que sea incautada; por eso es constante y en tiempo real el cruce de información entre las autoridades –en la zona de frontera entre Colombia, Perú, Ecuador y Brasil–, y en caso de que a la Armada se le pase una embarcación, en tierra estará listo el Ejército o la Policía para requisarlas.

Otra es la situación que se registra con los hombres que integran la disidencia del frente primero.

Están bajo el mando de alias Léiver o el Mocho, quien fue enviado inicialmente por ‘Iván Mordisco’ para que concretara una sociedad; la que fue rechazada por el frente 48, “los del primero, de acuerdo con las comunidades, sí están reclutando menores de edad; los del 48, como tienen plata del narcotráfico, están pagando, y con ese fenómeno criminal también estamos luchando”, afirmó el general Serrano.

Los del primero, están sacando la marihuana por aguas del río Caquetá, hacia Brasil. Manaos se ha convertido en el punto de recepción de la creepy, donde un kilo cuesta 3.000 dólares, unos 12 millones de pesos.

Precisamente, esa guerra por el control del narcotráfico estaría detrás de la masacre registrada la semana pasada en La Lupita, territorio peruano colindante con Colombia, donde se encontraron los cuerpos de cinco colombianos y un brasilero.

Los connacionales eran pobladores de Puerto Leguízamo, entre ellos dos hermanos, quienes según sus familiares se dedicaban a la pesca. Versiones extraoficiales señalan que los hombres podrían estar delinquiendo para las disidencias y que fueron citados en el vecino país para el pago de una extorsión.

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