El sobreviviente que ahora cultiva oro verde en el Putumayo

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En la décima entrega del documental “Tierra”, que recorre las historias profundas de lo beneficiarios de restitución de tierras en el país, los protagonistas son el Putumayo, la pimienta y la nobleza de un hombre que ha sabido resistirlo todo.

Don Segundo Salomón Chitán es uno de esos hombres que han aprendido a convivir con la guerra como con un vecino indeseable y poderoso. Su tierra, ubicada en Valle del Guamuez, Putumayo, fue durante muchos años como una jaula sin cercas: los paramilitares llegaban, entraban sin pedir permiso y se ponían a cocinar en su patio trasero. Luego se iban caminando hasta el retén que habían montado a unos pocos metros y esperaban como gallinazos a que apareciera alguno de los personajes que tenían en la lista negra.

Si tal cosa sucedía, lo bajaban, le disparaban y algunas veces lo llevaban al interior de la finca para enterrarlo. Era una servidumbre extraña, casi como un desplazamiento desde adentro, que consistía en que Don Segundo tenía que guardar silencio y de alguna manera permanecer, pues su huida hubiera significado la entrega total de su territorio.

Pero el desastre tenía dos caras: una individual y otra colectiva. Por un lado, Segundo conocía lo que se podría llamar una violencia doméstica. Y por el otro, tenía que ver cómo todo su pueblo se convertía en el blanco de las masacres. Vivió la masacre de El Placer en 1999, en la que los paramilitares entraron al mercado del pueblo y les dispararon a varias personas. Le tocó ver cómo las avionetas, en el marco del Plan Colombia, irradiaban nubes de glifosato sobre sus cultivos, fueran de coca o no.

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“Sí, nosotros cultivamos. Yo tuve 5 hectáreas. Todos sembrábamos porque era lo único que se podía vender”, dice segundo sin rasgos de arrepentimiento frente a las cámaras, un poco incrédulo de haberse convertido en el protagonista de una serie documental en la que actores naturales de la región dramatizan su vida pasada.

En el año 2003, cuando los paramilitares habían cedido el control de la zona, todo el pueblo recibió amenazas del grupo emergente. No se hablaba de otra cosa. Segundo, cansado de vivir en el temor, decidió probar suerte en Córdoba, Nariño, donde sus padres tenían una casa y su hijo mayor podría seguir estudiando. Como lo único que sabía hacer era trabajar la tierra, Segundo se dedicó a jornalear en las fincas de otros terratenientes. Pero su mente permanecía anclada en Valle Hermoso, su tierra selvática en el Bajo Putumayo.

Quería volver a ese paraíso perdido donde todo crecía, ese lugar del que su padre se había enamorado con tan solo ver el tamaño de los plátanos que allí se daban. Por eso hoy en día habla de la restitución de tierras como si contara un milagro. No solo porque recibió la sentencia y pudo regresar sino porque en su vida apareció el cultivo que le traería esperanza a la región: la pimienta.

En ese entonces, la pimienta era una promesa: tenía mejor precio que la coca, era legal y además se decía que el Putumayo era el lugar perfecto para sacar un producto competitivo a nivel mundial. “Es mejor que la de la India, de donde es originaria. Tiene más aroma y más picor”, dice segundo con el orgullo de un papá que cuenta los triunfos de un hijo exitoso. Pero era una promesa difícil, que tuvo momentos críticos y que apenas ahora está volviendo a surgir gracias a los esfuerzos conjuntos de la Unidad de Restitución de Tierras, la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Embajada de Suecia, que se han propuesto convertir la Pimienta Calidad Putumayo en un sello de calidad internacional.

Con ese grano, que saca de las 1.200 plantas que recibió gracias al Programa de Proyectos Productivos de la Unidad de Restitución, Segundo ha podido viajar a conocer diferentes escenarios de comercialización donde siempre ha recibido los mismos comentarios: en Agroexpo, por ejemplo, varios restaurantes colombianos resaltaron sus propiedades y decidieron crear platos en los que la pimienta tuviera un papel central.

Ahora que varias empresas se pelean la producción de pimienta en el Valle del Guamuez, no es exagerado decir que el oro verde del putumayo se ha convertido en la esperanza de desarrollo sostenible de toda una región. Gracias a este cultivo, hoy en día, entre ellos, se ha creado el pacto implícito de no regresar a los cultivos ilícitos y apostar por una paz duradera, con legalidad y emprendimiento rural.

Recuadro
El capítulo que contará la vida íntima de Don Segundo y su comunidad será transmitido este domingo 20 de octubre a las 9 de la noche, a través del Canal Institucional.

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