Los turismos contribuyen a la paz a partir del interés en la muerte

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Maria Luisa Galán. Foto: César Pachón

Cuando se habla de turismo y posconflicto lo más común es pensar que ahora los colombianos podemos ir a lugares como La Macarena, que durante años estuvieron vedados por razones de seguridad. Pero esta visión del turismo enfocada en la demanda no es la  única ni quizá la más importante que se abre paso tras la terminación del conflicto con las Farc y su salida de muchos territorios.

Los turistas posmodernos no sólo buscan tranquilidad y descanso en sus viajes sino vivir experiencias inusuales y ser co-partícipes de ellas, según María Luisa Galán, coordinadora de investigaciones y Nancy Rueda Esteban, docente investigadora de la Facultad de Administración de Empresas Turísticas y Hotelerasde la Universidad Externado, coeditoras y autoras del libro Tomo V “Turismo en territorios en posconflicto: una oportunidad latente para la reparación social” de la serie “Debates Contemporáneos sobre el Turismo”.

Los turistas actuales visitan sitios de conflicto “movidos por razones muy diferentes como el pasado de esos lugares, las emociones y la nostalgia que producen, el deseo de adentrarse en la vida de las comunidades y ayudarles o las riquezas naturales y culturales” señala Rueda. Y eso ha dado lugar a otros tipos de turismo asociados con lugares que han sido escenario de violencia, muerte y conflicto, como muchos en Colombia.

Con base en la lectura del libro y en la conversación con sus coeditoras, La Silla Académica presenta cinco tipos de turismo que pueden contribuir al desarrollo de muchas regiones y comunidades afectadas por el conflicto:


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Turismo negro

Consiste en el interés de las personas en visitar lugares de violencia y muerte como mausoleos, museos, hogares de celebridades que han muerto o sitios donde ocurrieron muertes masivas. Sólo en los 90 empezó a ser estudiado como fenómeno pero ha ocurrido a lo largo de la historia y en muchos países, pues casi todos comparten historias de guerra, muerte y conflicto.

Colombia no es la excepción, pues se podrían visitar los sitios donde ocurrieron pescas milagrosas, los campos donde la Farc mantuvieron secuestrados o los hornos crematorios de los paramilitares, por macabro que parezca.

El riesgo de este turismo mórbido, como dicen las expertas, es que puede banalizar el dolor y la violencia, y simplificar la realidad. Un ejemplo de ello, que no tiene que ver con el conflicto armado pero sí con la violencia en Colombia, es el narcoturismo en Medellín alrededor de Pablo Escobar, que según Galán y Rueda ha sido controversial por la falta de una visión crítica respecto a lo que pasó.


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Turismo de memoria

Se puede considerar como parte del turismo negro por su cercanía con la muerte, pero tiene un propósito educativo claro. Se da después de que las comunidades afectadas por el conflicto han podido entender, reconstruir e interpretar lo les pasó. Algo que todavía es temprano en Colombia.

Rueda y Jorge Bonilla cuentan en su artículo sobre TURISMO Y POSCONFLICTO EN LA MACARENA, que para esa comunidad el pasado de guerra ha sido difícil de afrontar y los guías a veces no saben cómo explicarlo, temerosos incluso por quién pueda ser el turista: un guerrillero, un empleado del Gobierno, etc.

“Algunos turistas preguntan por el lugar donde fue abatido el Mono Jojoy o por la trocha que éste abrió y que atraviesa el Parque de la Macarena, por ejemplo. Con el tiempo, las comunidades han ido encontrando una forma de narrar la historia que no hace énfasis en los culpables sino en la reconciliación, y que les ayuda a quitar el estigma sobre su territorio”, dice Rueda.

Posiblemente con el tiempo, y producto de la construcción de memoria de lo sucedido, puedan marcar algún lugar o levantar algún monumento que les permita recordar y conmemorar lo sucedido, así como llamar la atención para que no vuelva a ocurrir.

Este tipo de turismo confirma que la lucha por la narrativa sobre las causas y lo que pasó durante el conflicto armado en Colombia abarca también los destinos afectados por la guerra.

Turismo fénix

También se relaciona con el turismo negro, pero implica una visión más integral del rol del turismo en lugares afectados por el conflicto para que no sólo sea un motor de desarrollo económico. La idea es que el encuentro entre turistas y comunidades víctimas de violencia sirva también para hacer catarsis, de manera que éstas puedan sanar heridas e incluso los turistas puedan aplicar lo que aprendan a sus vidas.

Ese turismo puede ser muy pertinente en esta etapa de posconflicto en que el dolor está muy vivo pero los turistas ya están llegando a visitar los sitios, señala Rueda.

Un turismo de este tipo podría consistir en visitar la iglesia de Bojayá donde ocurrió la masacre de más de cien civiles e intercambiar con la comunidad su experiencia no sólo sobre la muerte sino sobre la vida.

El turismo fénix, según el investigador S. Causevic citado por Rueda, está inspirado en la práctica de las comunidades indígenas de Madagascar que hacen dos entierros de sus muertos. El primero es doloroso y en él se entierra a la persona con su propio nombre; el segundo se entierra con sus ancestros sin un nombre propio y pasa a la eternidad, siendo motivo de celebración.

Turismo comunitario

Es un modelo de desarrollo turístico asociativo que puede contribuir a que la plata del turismo se distribuya entre las comunidades de los lugares visitados de forma que puedan mejorar su calidad de vida o condiciones de vulnerabilidad.

Esto se logra a través del desarrollo de una cadena productiva especializada alrededor del turismo que es local y autogestionada por la comunidad.

En La Macarena, SEGÚN CIFRAS DE RUEDA Y BONILLA, en 2009 había dos hospedajes, tres restaurantes, 10 guías y tres agencias de viajes. En 2016, los hospedajes aumentaron a 20, los restaurantes a 12, los guías a 93, las agencias de viaje a 18 y cerca de 600 familias estaban vinculadas a la operación, lo que muestra que el turismo comunitario estaba creciendo.

“El rol de la mujer en el desarrollo turístico de estos territorios en posconflicto  es protagónico y es muy importante dado que tienen mayor empatía con la naturaleza, lo que hace que en su gestión dentro de la comunidad protejan más los recursos naturales, lo que puede evitar que llegue un turismo depredador”, dice Galán.

En ese municipio el 60 por ciento de las iniciativas turísticas, de acuerdo con Galán, son lideradas por mujeres, que lograron entre otras cosas que la comunidad cambiara la práctica arraigada del paseo de olla a Caño Cristales, lo que tenía un impacto muy negativo en la “macarenia clavigea”, el alga que le da sus tonalidades.

Turismo indígena

Abarca dos tipos de turismo que no siempre coexisten. Uno es el que llevan a cabo las personas que visitan lugares donde hay presencia de indígenas, y otro es cuando los indígenas asumen un rol activo y promueven el turismo en sus territorios para difundir su cultura.

Los indígenas fueron una de las poblaciones más afectadas por el conflicto armado; y en algunas zonas el turismo ha sido una fuente de sustento aún durante la guerra. Eso es bastante atípico según Jeffer Buitrago e Isabelle León, coautores de un capítulo sobre este tipo de turismo.

Los investigadores recuerdan que eso ocurre por ejemplo en la Sierra Nevada de Santa Marta, gracias a la organización comunitaria de los pueblos ikas, wiwas, koguis y kankuamos; las rancherías de la Guajira de los indígenas Wayúu; los nasa en Tierradentro y Silvia en el Cauca; y la Amazonía donde los tikuna, cocama o yagua trabajan en el turismo.

En el posconflicto se podrían replicar estas experiencias en otros lugares como el sur del Tolima o el Putumayo, con el reto de evitar problemas como la excesiva presión sobre recursos naturales como el agua, el desplazamiento por la valorización de las tierras y la preservación de su cultura frente al intercambio con los turistas.
Para citar:

Galán, M.L. & Rueda-Esteban, N.R. (2019). Debates contemporáneos sobre el turismo. Tomo V. Turismo en territorios de posconflicto: una oportunidad latente para la reparación social.

Bonilla, J & Rueda-Esteban, N.R. (2017). Turismo y posconflicto en el municipio de la Macarena, Meta – Colombia. Revista Iberoamericana de Turismo, p. 114-134

Fuente : LaSillaVacia


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