Desertar no es la opción


56 de cada 100 colombianos no tienen la secundaria completa, incluyendo adolescentes y jóvenes que a su corta edad deciden no volver a las aulas de clase. World Vision, ONG experta en asuntos de niñez y adolescencia, explica cómo evitar la deserción escolar

La violencia que se presenta en los entornos escolares ha sido identificada como una de las principales causas por las que desertan los adolescentes y jóvenes de su proceso educativo. Las riñas entre estudiantes, las amenazas e intimidaciones al interior de las aulas, el microtráfico, entre otros factores han incidido en gran medida para que hoy, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Deserción Escolar (ENDE),  el 12% de los estudiantes queden por fuera de la básica secundaria.

Aquellos que no asisten al colegio están más expuestos a ocupar su tiempo libre en actividades que podría llevarlos a la delincuencia común, la inseguridad y la misma violencia que se presenta en sus comunidades. Las edades entre 15 y 17 años de edad son las más frecuentes entre adolescentes vinculados al Sistema de Responsabilidad Penal, es decir, las mismas edades correspondientes a quienes deberían estar cursando los últimos años de su bachillerato. Lograr que finalicen sus estudios, y evitar que tengan contacto con acciones que impacten negativamente en su formación, es un asunto que le compete no sólo a los docentes y directivos, también a sus familias.

¿Cómo acompañar a los adolescentes para que no deserten de sus estudios?

El acompañamiento por parte de los padres es clave para asegurar la permanencia de los adolescentes y jóvenes en el sistema educativo. “El bullying y las manifestaciones de violencia ha llevado a que muchos decidan no volver a clases; si los padres y madres estuvieran pendientes del proceso de enseñanza de sus hijos, seguro podremos evitar que tomen esta decisión”, explica Claudia Sánchez, experta en asuntos de niñez y adolescencia para la ONG World Vision.

Para la experta, lo más importantes mantener una comunicación cercana y un diálogo fluido entre padres e hijos. Este acercamiento haría posible, además de identificar las situaciones de riesgo para prevenirlas, encontrar alternativas para dar solución en caso de que el daño esté hecho. Si se dan espacios de encuentro al interior del hogar, será más fácil abogar por todos los caminos posibles para que los estudiantes no interrumpan el derecho que tienen de acceder a la educación.

Adicional a la comunicación, se sugiere incentivar algunos hábitos para que el retorno a clases sea más amigable: mejorar los hábitos de sueño y el tiempo para el descanso, tener una sana alimentación, generar espacios para la lectura y recurrir a recursos pedagógicos que faciliten y hagan ameno el proceso de aprendizaje. “Si un padre es consciente que su hijo tiene dificultades con las matemáticas, es importante que busque maneras innovadoras y creativas para superar el miedo a los números”, agrega Sánchez.

En últimas se recomienda que las familias tengan un contacto más cercano con los docentes y directivos, encargados de orientar la educación de los adolescentes y jóvenes. La relación entre ambas partes permitiría establecer estrategias más efectivas para reducir las consecuencias de la violencia escolar y así evitar la deserción.

 


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