Más allá de la emergencia invernal: los problemas que enfrentan las escuelas de Mocoa

Más allá de la emergencia invernal: los problemas que enfrentan las escuelas de Mocoa Foto: Emergencia en Mocoa sector educativo. Foto: cortesía Secretaría de Educación Departamental.

En las inundaciones sufridas hace unos días por la capital de Putumayo, los colegios del municipio estuvieron entre los afectados, pero se trata de un problema de mucho tiempo atrás. ¿Qué se está haciendo para que los estudiantes puedan recibir educación en condiciones adecuadas? Informe de Semana Educación.

“En este momento tenemos a nuestro cargo aproximadamente 790estudiantes. Los daños no solo fueron por la emergencia, sino que son algo de siempre. En los tres años que llevo en el colegio he vivido las filtraciones de agua que sufren los salones”, cuenta Tatiana Fernández, orientadora escolar de la Institución Educativa San Agustín, uno de los planteles que se vio afectado por las fuertes lluvias del pasado 12 de agosto.

Como esta, otras seis escuelas de Mocoa y una ubicada en el municipio de Villagarzón reportaron a la secretaría de Educación Departamental su situación: los efectos que ha provocado la emergencia invernal se suman a las fallas estructurales que afectan a estas instituciones educativas.

“A veces, cuando llueve, los estudiantes (cada salón tiene alrededor de 30 alumnos) se deben acorralar en el medio para no mojarse. Y lo mismo pasa con sus cuadernos, mochilas, lápices y pupitres. Tenemos humedad en algunas aulas, sobretodo en el tercer piso que tiene un cielo raso de icopor. Nosotros reconocemos la situación climática en Mocoa. Sin embargo, se han tomado acciones para mitigar el problema, pero hacen falta medidas definitivas. que atiendan la necesidad: si son las ventanas, que se puedan cerrar, que no estén rotas o les falten los vidrios”, relata Fernández.

Según el Informe de Inspección Ocular realizado a los colegios de Mocoa, la IE Fidel de Montclar presentó un “taponamiento del canal de agua, inundando todos los bloques de la parte baja. Este suceso es recurrente en la institución y se presenta cuando existen precipitaciones altas debido a la carencia de un canal adecuado para el flujo de agua y el mantenimiento y limpieza del canal en los predios aledaños”.

El caso de Fidel de Montclar es uno que también le preocupa a la secretaría de Educación por estar ubicado a pocos metros de una Montaña y que, ante inundaciones o avalanchas, pondría en un mayor riesgo a sus estudiantes.

Otro caso es el del colegio Alto Afán, sede rural etnoeducativa Desayok Yanacona, que sufrió un “deslizamiento de tierra por acumulación de aguas en el talud cercano (que tiene grietas y presencia de cuerpos de agua, lo que posibilita nuevos derrumbes)”. En el informe se recomienda que hasta que se estabilice el talud, los estudiantes deben reubicarse en otro espacio pues este no es seguro”.

Foto: cortesía Secretaría de Educación Departamental

Para la comunidad educativa de Mocoa y Villagarzón, las inundaciones que sufren cada vez que se crecen los ríos y las quebradas aledañas hablan de un problema de fondo en términos de infraestructura. Pero, no es el único. Las lluvias trajeron consigo una sensación de inseguridad, latente en niños y adultos.

Con la reciente emergencia, regresó el miedo de los estudiantes cada vez que llueve y la noción de que una vez más lo perderán todo. “A nosotros no nos sirven las brigadas que hacen con las instituciones. No nos ayudan con el tratamiento clínico de los menores. Después de la primera emergencia, tuvimos una planta temporal de 15 psicólogos, pero se quedaron hasta diciembre, que iba el contrato. Se cortó el proceso, lo solicitaron muchas veces, y nada. Los alumnos están yendo a estudiar en buenas condiciones porque de alguna u otra manera se ha mitigado el problema. No puedo decir que está normalizado porque sí hay una zozobra y un miedo. Ante la lluvia, uno se alerta”, asegura Luis Carlos Guevara, secretario de educación.

El temor y las carencias físicas de las instalaciones, que brillan ante la inclemencia de la época de lluvias en el Putumayo, hacen una combinación letal para el sistema educativo de la región. Incluso los planteles que se vieron afectados por la tragedia del año pasado, hoy continúan con el drama, que les ha costado perder recursos que antes les eran otorgados.

Ese es el caso de la IE Ciudad Mocoa, que en 2017 enfrentó la muerte de 40 de sus niños. Frey Tapia, su rector, dice que la escuela contaba con 1.254 niños, pero entre las vidas perdidas por la avalancha y los que se fueron a otros colegios por decisión de los padres, este año lo empezaron con 1.100 estudiantes.

Perdimos cerca de 150 niños, no solo por las muertes, sino por nuestra ubicación. Nos disminuyeron casi un 30% de los recursos. Nos ha dado muy duro porque [eso] nos limita en muchas cosas: no podemos invertir. No pudimos hacer un rediseño curricular y desde la Alcaldía no apoyan este tipo de cosas” cuenta Tapia. En cuanto al acompañamiento emocional, este año terminó el convenio que les proveía la ayuda psicosocial: “tenemos una orientadora escolar, pero no tiene perfil de psicóloga, sino que es terapeuta profesional”. Ciudad Mocoa, además, continúa ubicada a 200 metros de la quebrada La Taruca, una de las dos que se desbordó en la emergencia del 12 de agosto. “Según los expertos estamos en una zona de riesgo medio. Estamos ubicados en una ‘Y’, donde se encuentran tres vías. Por ahí bajó bastante agua, tierra y piedras, pero [Ciudad Mocoa] está en la mitad, entonces esta vez no nos alcanzó [la inundación]”.

Según el secretario Guevara, como Ciudad Mocoa, la IE Bilingüe Inga (otro plantel que presentó daños) se encuentra ubicada en una zona de riesgo: está al frente de la plaza de mercado, uno de los lugares donde más se sintió la avalancha de 2017, la misma que cobró más de 300 muertos y alrededor de 400 heridos. “[En su momento] Yaneth Giha había dicho que si Ciudad Mocoa debía ser reubicada, ella conseguiría los recursos para hacerlo”. Pero eso no pasó, en parte porque aún no está listo el estudio de riesgos para Mocoa. Corpoamazonía, en conjunto con otras entidades, lo está adelantando, según cuenta Guevara.

Lo que ha pasado en Mocoa, al menos en 2017 y en esta última emergencia, deja en evidencia varias cosas: la urgencia de un Plan de Ordenamiento Territorial que proteja a sus habitantes y sus instituciones educativas, además de un acompañamiento continuo de profesionales de psicología y mejoras significativas en las instalaciones. Corregir, prevenir y no lamentar.

Ante esto, el Ministerio de Educación se ha manifestado. “El principal reto que tiene el ministerio no solo con sus establecimientos educativos y sus comunidades, sino con la secretaría de educación, es lograr que se fortalezcan las capacidades para identificar los riesgos de ese contexto y actuar en ellos de manera organizada de tal manera que, como ha sucedido en esta ocasión, se puedan prevenir pérdidas humanas.

“En 2017, el Ministerio de Educación, la Secretaría de Educación de Putumayo y las 15 instituciones educativas de Mocoa desarrollaron el proceso para la formulación de los Planes Escolares para la Gestión del Riesgo, que han contado con el acompañamiento y validación de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. Los planes escolares constituyen una herramienta fundamental que se articula con el Plan Municipal de Gestión del Riesgo para desarrollar aprendizajes relacionados con las formas de actuar en situaciones de emergencia, lo cual permitiría proteger la vida de las personas que conforman la comunidad educativa de Mocoa y Villa Garzón.

La formulación y el seguimiento de los 15 planes escolares de gestión escolar del riesgo son un avance significativo para que la presencia que como sector estamos haciendo, sea coordinada con los actores locales y la Mesa Nacional de Educación en Emergencias. Para nuestro sector será muy difícil garantizar, por las condiciones geográficas en las que se encuentra Mocoa, que las lluvias no afecten a la comunidad, por lo tanto, el foco estará en generar condiciones que permitan activar de manera oportuna todos los protocolos y las atenciones que se requieran”.

Fuente : Semana

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