¿Por qué la mayoría de las muertes en la avalancha de Mocoa fueron de mujeres?

La desigualdad de género se extiende incluso a los desastres naturales

 Fernando Herrera Araújo*

Siempre mueren más mujeres

Este 31 de marzo se cumplió un año desde que ocurrió la avalancha de Mocoa.

Según el Instituto de Medicina Legal, en la tragedia murieron 317 personas y la mayoría fueron mujeres —1,8 mujeres adultas por cada hombre adulto fallecido—. ¿Por qué la “cuota mortal” femenina fue casi el doble que la masculina? Pero aún más interesante, ¿se puede hacer algo para evitar que esto se repita?

En los desastres naturales, hay una tendencia a que fallezcan más mujeres que hombres. Las mujeres son más vulnerables, no por razones de sexo sino de género. Es decir, por prácticas culturales, desarrollos históricos y relaciones de poder que las han hecho más vulnerables ante los embates de la naturaleza, con un mayor nivel de exposición y un menor grado de protección.

En el Tsunami del océano índico en 2004, que afectó 14 países distintos; en el terremoto de Nepal en 2015; en el de Manabí, en Ecuador y en el más reciente terremoto de México la mayoría de muertes fueron femeninas.

Fuente: elaboración propia

El tema no es nuevo. La tendencia se ha venido estudiando y demostrando cada vez más, pero poco se ha avanzado en materia de prevención y atención post-desastre.

Conflicto armado y desastres naturales

Analicemos el caso de Mocoa. La avalancha comenzó alrededor de las 11 de la noche del viernes 31 de marzo de 2017. Las fuertes lluvias afectaron una zona de montaña y provocaron que grandes cantidades de lodo, piedras y troncos cayeran sobre el casco urbano de forma continua y con fuerza, arrastrando todo a su paso.

En Mocoa vivían muchas familias afectadas por el conflicto armado, en particular mujeres desplazadas cabeza de hogar

En un análisis que hice para la organización de las Naciones Unidas ONUMUJERES, se encontraron las siguientes hipótesis que podrían ser las causas de que la mayoría de muertes sean femeninas. El estudio incluyó una amplia revisión de eventos similares, trabajo de campo, entrevistas con organismos de socorro en Mocoa y un sondeo con 100 mujeres que fueron afectadas, además de amplias y detalladas conversaciones con sobrevivientes.

Los barrios más afectados, aunque consolidados, eran barrios marginales, construidos en donde no debían haberse construido. Los cánones de arriendo eran económicos y muchas familias afectadas por el conflicto armado, en particular mujeres desplazadas cabeza de hogar, se establecieron en dicha zona. Es decir que en Mocoa se produjo una “doble afectación” —personas que sufrieron por el conflicto armado y por desastres naturales—.

Cuatro hipótesis

Programa de reconstrucción de Mocoa.
Programa de reconstrucción de Mocoa.    Foto: Ministerio de Vivienda – Fernando Roa

Una segunda hipótesis está relacionada con la hora y la fecha del evento. El viernes 31 de marzo, a las 11 de la noche, fin de mes y pago de quincena. En esas condiciones, muchos varones estaban fuera de casa, en sitios de diversión que no fueron afectados por la avalancha. Y sin embargo, no todos los hombres de Mocoa estaban de fiesta, por lo que esta hipótesis debe ser estudiada con cuidado.La hipótesis principal del estudio es que en las zonas afectadas vivían más mujeres que hombres justamente por el conflicto armado y por las condiciones de pobreza de las mujeres cabeza de hogar.

Una tercera hipótesis tiene que ver con la mayor capacidad del hombre para escapar de la avalancha.  La mayoría de las muertes fueron por politraumatismo. Esto se entiende fácilmente cuando uno  nota la cantidad de piedras y troncos que el lodo arrastró con  una fuerza avasalladora.

Sin embargo, cuando el lodo entró a las casas, y la vía de escape fue refugiarse en los segundos pisos o correr hacia una zona segura con el lodo a la altura del tobillo y después a las rodillas o al pecho, los hombres, que en general tienen más fuerza física, lo pudieron hacer mejor que las mujeres.

Muchas mujeres que estaban solas en sus casas también se quedaron esperando a que sus esposos o compañeros llegaran a auxiliarlas o a decirles qué hacer

Finalmente, una cuarta hipótesis tiene que ver con el instinto protector de la mujer, comparado con el del hombre. En los roles de género establecidos, la atención a los enfermos y a los niños y el deber de cuidar los enseres y los bienes que estaban en la casa es de la mujer. Las mujeres se habrían ocupado más de lo que quedó atrás, lo que finalmente les impidió salir a tiempo para salvarse. Muchas mujeres que estaban solas en sus casas también se quedaron esperando a que sus esposos o compañeros llegaran a auxiliarlas o a decirles qué hacer y ellos no alcanzaron a llegar.

En resumen, una posible mayor presencia de mujeres que de hombres en los barrios afectados; la hora y fecha del evento (viernes de quincena, 11 de la noche); que los hombres tengan en general más fuerza física que las mujeres para poder escapar y el mayor sentido protector de las mujeres respecto de su entorno: estas son cuatro hipótesis que podrían explicar la mayoría de muertes femeninas.

¿Cómo proteger a las mujeres?

Acto simbólico por las víctimas del desastre natural en Mocoa.
Acto simbólico por las víctimas del desastre natural en Mocoa.  Foto: Defensoría del Pueblo

Para evitar todas las muertes y en particular las femeninas, se requiere un enfoque diferencial, con énfasis en las mujeres. Es necesario repetir hasta la saciedad que, en caso de avalancha, hay que tener rutas de escape inmediatas y no se puede perder tiempo en temas materiales.Este análisis tiene dos consecuencias en cuanto al diseño de políticas públicas:

Hay que capacitar y re-capacitar a la comunidad sobre la necesidad de escapar de la amenaza lo más pronto posible, pero igualmente preparar a las instituciones para atender la emergencia. En Mocoa, la primera víctima del desastre fue la estación eléctrica, que estaba construida en el sitio de mayor riesgo y por lo tanto dejó a oscuras de manera inmediata a toda la población. Pero la principal falla fue justamente que se otorgara un permiso para construir en zonas de riesgo no mitigable.

  • Lo segundo es que la atención post-desastre también debe ser diferencial. Las necesidades de las mujeres son diferentes de las de los hombres en el post-desastre. Desde temas médicos y fisiológicos hasta los de recuperación y empoderamiento económico.

Por ejemplo, es de suponer que si murieron casi el doble de mujeres adultas que de hombres adultos, también fallecieron más madres que padres y, por lo tanto, se necesita un enfoque diferencial para políticas de recuperación de la familia. ¿Son diferentes las necesidades psicológicas y de afecto de un niño o niña huérfano de padre que de madre? ¿El Estado va a prestar algún tipo de asistencia en éste campo?

En Mocoa, aún queda mucho por hacer. Ya se prohibió reconstruir los barrios en la zona de riesgo. Sin embargo quedan dos tareas esenciales:

  • Hay que ayudar a muchas mujeres a recuperarse psicológicamente. El simple ejercicio de hacer un simulacro de evacuación o el hecho de experimentar fuertes lluvias les trae a las mujeres recuerdos que las afectan de nuevo.  Infortunadamente, los habitantes de Mocoa no tienen la “garantía de no repetición” del desastre. Por lo tanto, es necesario apoyo y más apoyo psicológico.
  • La otra tarea pendiente es reconstruir la actividad económica. El sondeo y las entrevistas mostraron con fuerza que un grupo muy numeroso de mujeres generaba ingresos trabajando desde su casa y, lo más importante, comercializando en el barrio.

Estas mujeres hacían venta de productos por catálogo a sus vecinas, comercializaban almuerzos y fritos en el parque, hacían artesanías y bisutería, eran las modistas y las tenderas de la cuadra. Todas ellas perdieron su negocio y su clientela, el barrio desapareció, los vecinos que les compraban murieron o se fueron. Su unidad productiva y sus canales de venta ya no existen.

Al aplicar métodos cualitativos de investigación, encontramos que también cambiaron los destinos de los ingresos, antes y después de la avalancha. Subieron los gastos en arriendo (pues perdieron sus casas) y ropa y, en cambio, disminuyeron los gastos de alimentación y educación, lo que a mediano y largo plazo tendrá repercusiones lamentables en términos del desarrollo humano y calidad de vida.

Hay que apoyar a todas las víctimas del desastre, en particular a las mujeres.  Urge empoderarlas económicamente para fortalecer la autoestima y la esperanza.

Economista. M.Sc en Desarrollo. London School of Economics y Universidad de Manchester. Investigador Socio-económico. Twitter @fherreraraujo.

Tomado de RazonPublica

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