“La tragedia en Mocoa puede repetirse”: Gobernadora de Putumayo

La gobernadora de Putumayo, Sorrel Aroca, asegura que hizo lo que estuvo a su alcance. / Óscar Pérez

En Putumayo se han encarnado los peores males del país durante las últimas décadas. Entre 1997 y 2017 se registraron 179.508 víctimas del conflicto armado y solo en Mocoa, la capital, permanecen 35.015. La tercera parte del departamento es pobre y en las cabeceras municipales los jóvenes están en riesgo de dejar sus estudios para vincularse en economías ilegales, relacionadas con el narcotráfico. A este cúmulo de problemas se sumó la catástrofe en Mocoa, ocurrida hace un año, cuando 7.794 familias resultaron afectadas y 333 personas fallecieron, según el Registro Único de Damnificados.

Sorrel Aroca Rodríguez, gobernadora de Putumayo, quien está siendo investigada por el delito de homicidio culposo por estos hechos, asegura que a la fecha no hay un estudio que dé cuenta de las causas de la avalancha y reitera que no pudo evitarla. Agrega que los problemas a los que se enfrenta obedecen, en parte, al abandono en el que está sumido el departamento.

¿Un año después se sabe por qué ocurrió la catástrofe?

Ya hay varios estudios. Muchos especialistas han venido de diferentes lugares del mundo, hidrólogos y geólogos, pero hoy no se sabe cuál fue el detonante de lo que pasó.

¿Hay al menos hipótesis?

Muchas. Por ejemplo, que fue por causa de las fuertes lluvias, ya que en esas tres noches llovió lo que llovería en un mes. El Servicio Geológico Colombiano, según el informe que dio en septiembre, dijo que se trató de una “avenida torrencial”, también decía que estamos en una formación de la nueva cordillera central, cuyas placas tectónicas están en constante movimiento.

¿Qué es la “avenida torrencial”?

Es un tipo de movimiento en masa que transporta detritos, lodo, material sedimentado y un porcentaje menor de agua.

¿Qué dicen entonces los estudios que hay hasta el momento?

Los que están haciendo las diferentes entidades del Gobierno Nacional permiten conocer los riesgos, si son mitigables o si definitivamente ciertas zonas no pueden ser habitadas. Es una oportunidad para que el país debata sobre el ordenamiento territorial, su actualización su rezonificación y gestión de riesgo que acompañe a los gobiernos locales y departamentales, con la tecnología, con el personal idóneo y macro como lo hizo Ecuador en años pasados.

¿Cuándo van a estar listos los estudios?

El Gobierno Nacional ha realizado grandes esfuerzos, incluso en este momento, pasado un año, los estudios se demoran entre ocho y nueve meses.

La Fiscalía, que tiene abierta una investigación en su contra, dice que las muertes eran previsibles…

El pasado 11 de diciembre, la Fiscalía celebró audiencia de imputación de cargos en mi contra por homicidio culposo. En este sentido, el ente acusador basó la imputación en unos estudios sobre inundación que venía desarrollando la Gobernación de Putumayo. Pero lo que ocurrió en Mocoa no fue una inundación, fue una “avenida torrencial”, como lo presentó oficialmente el Servicio Geológico Colombiano.

¿La tragedia pudo evitarse?

No, las dimensiones de lo que nos ocurrió son tales que no pudieron ser previstas ni contenidas.

¿Podría ocurrir lo mismo?

Sí, es probable dada la ubicación geográfica de Mocoa. No se puede medir en el tiempo ni la cantidad. Pero según la rendición de cuentas que se hizo la semana pasada, se indicó que el Ministerio de Ambiente ha realizado estudios, y que se puedan presentar obras de mitigación y reductores de energía en diferentes zonas de la ciudad.

¿Se arrepiente por alguna decisión que tomó o dejó de tomar?

No me puedo arrepentir de algo de lo que no fui responsable, pero fue algo que nos cambió la vida para siempre.

¿Cómo vivió ese día?

A las 9:15 p.m. llegué a mi casa tan cansada que lo que hice fue caerme. A las 10 p.m. escuché que llovía, pero lo que me despertó fue un olor a barro terrible, como a podrido, y un sonido muy fuerte como si rugiera un toro. Entonces entró la primera llamada, que algo estaba pasando. Mi hija de 9 años y yo nos pusimos botas y una chaqueta, pero cuando íbamos a salir recibí otra llamada en la que me dijeron que un puente estaba destruido. Lo primero que hice fue instalar el Puesto de Mando Unificado (PMU). A la 11:00 p.m. salimos, cogí a la niña y la cargué. Recuerdo que alcé la mirada, parecía que las nubes estuvieran encima de mi cabeza, el cielo estaba tan denso y el sonido era tan abrumador que duré varios días con los oídos tapados; la luz se fue. Subí a una camioneta que me tenían asignada y solo podía andar en reversa, porque bajaban rocas gigantes por todo lado. Llegamos a los bomberos y la primera llamada que hice fue a Gestión de Riesgo, para que por favor nos ayudaran, había gente llorando, gritando. Los organismos de emergencia comenzaron a llamar por barrios al personal de rescate, para que después de salvar a sus propios familiares llegaran al PMU. Llegaron vueltos nada y ahí entendimos qué era lo que pasaba. Ahí es donde a uno se le rompe el corazón. Si pudiera pedir un deseo es que eso no sucediera en ningún lugar del mundo. Un niño de tres años en el barro, una niña como mi hija muerta en una camioneta, una abuelita que la estaban sacando de un alcantarilla y gritaban “mi abuelita, mi mamá”, un brazo que había quedado en el barro. Lo único que hice fue pedirle a Dios que me diera las fuerzas para continuar.

¿Estaría preparada la ciudad para un hecho similar?

En estos momentos, con lo que se ha trabajado con el Gobierno Nacional (con ciertos planes de contingencia y con ciertas rutas de evacuación), para un hecho de la magnitud de hace un año, no.

Tomado de : ElEspectador


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