De las virtudes, la gratitud es una de ellas

La tragedia de Mocoa

Por : Guido Revelo Calderón

De los mejores consejos que en la vida recibí, sin duda, provino de Luis Carlos Galán. Una delegación del Putumayo en la cual, recuerdo, nos acompañaba el Dr  Diego Orozco, entre otros, lo visitamos en su casa en Bogotá con la finalidad de dirimir algunas diferencias entre dirigentes locales. En una pausa nos narró un acontecimiento que luego nos permitiría tomar decisiones correctas. Nos contó que en alguna oportunidad cuando se dirigía a una sesión del Congreso, en el momento que se aprestaba a subir las gradas del Capitolio lo alertaron, pues se urdía una “encerrona” contra el y su partido Nuevo Liberalismo, jugada sucia encabezada por su rival político Alberto Santofimio Botero. No quedaba mucho tiempo para prepararse y además, Colombia lo conocía, era un hombre de juego limpio, que afrontaba y enfrentaba los debates y los contradictores sin aprensión alguna. Aquella sesión se convirtió en una de las más memorables que el Congreso haya tenido, no solamente por el duelo de oradores, (consultando la prensa de entonces, se lee que en el salón no se oía el zumbido de una mosca mientras los  protagonistas intervenían), sino por la forma inteligente como Galán salió airoso de aquella marrulla preparada por Santofimio y sus aliados. Cómo lo hizo ? Galán nos dio la siguiente explicación: cuando el opositor quiere destruir a su interlocutor acude a provocarlo, por cualquier medio trata de hacerlo salir de sus cabales pues es la manera más fácil de hacerle “perder la cabeza”  y si cede y se deja provocar, está perdido! pues permite que la sangre se le suba a la cabeza y no tiene cómo pensar y reaccionar coherentemente. En ese debate Galán jamás se dejó provocar ! nunca perder la cabeza es  la clave.

Pues bien, mi primer impulso frente a esta tragedia de Mocoa fue llenarme de ira, de rabia, tal vez por la impotencia, pudo ser por lo injusto de ella, o bien buscando posibles responsables, pero por cualquier razón que haya sido, sentí rabia como pocas veces. Quise tomar mi portátil y darle un desahogo a los sentimientos reprimidos, buscar tal vez inútilmente a quienes yo pensaba podrían tener un grado de responsabilidad en la tragedia, pero me acordé del consejo y preferí esperar. Creo que no me equivoco si digo que la invitación del momento es a que el pueblo de Mocoa se tome una corta pausa para reflexionar reposadamente, y luego si acometer  la gran tarea de reconstruir la ciudad. Pero la sugerencia, si se me permite, es decirles que la  reingeniería requerida es no solamente desde lo material sino también desde lo social y lo político. En lo primero –infraestructura- nos van a dar la mano desde afuera, lo segundo es tarea exclusivamente nuestra.

fotos-de-luto-44Podemos empezar por aprender lecciones pero también es oportunidad para sacar a relucir lo que llevamos por dentro y  decirle a Colombia y al mundo de qué madera estamos hechos los verdaderos putumayenses y que sepan que uno de los mejores valores que heredamos de nuestros mayores es el de la gratitud. Cómo no sentirnos agradecidos con los colombianos que aunque sea por una vez se olvidaron de esa odiosa y dañina polarización política entre uribistas y no uribistas y se volcaron como un todo en solidaridad con la gente más humilde de este departamento que se llama Putumayo? Muchos seguramente aspiraremos a que el Putumayo, al igual que en 1932 durante el conflicto con el Perú, sirva de argamasa  para unir un país maravilloso pero evidentemente dividido – también lo era en esa época – , y que paradójicamente, al igual que hoy, está lleno de gente buena en todos los rincones como pudimos corroborarlo en Mocoa a raíz de esta dolorosa tragedia. Sin discusión, lo anterior nos hace pensar que la calidad de nuestra gente hace de Colombia un país viable. Ahora más que nunca estamos convencidos de ello.

Gracias colombianos por su generosidad!

Revisando el papel de los gobiernos nacional, regional y local, después de sucedida la tragedia hacen su tarea diligentemente e instamos a que la sigan haciendo, la sociedad mocoana estará muy pendiente de ello pero también pendiente de las entidades de control que iniciaron investigaciones por acción u omisión de funcionarios y ex funcionarios que podrían tener grados de responsabilidad; más adelante seguramente llegarán las demandas de los afectados a los estrados judiciales, pero por encima de todo ello estarán las miradas escrutadoras  de los miles de mocoanos que posiblemente pasarán cuenta de cobro en su momento a los políticos, directores, dirigentes, -a unos menos que a otros, o a unos más que a otros, como usted lo prefiera- si es que todo apunta, como le escuché a un periodista alemán, a ser esta la tercera tragedia de tipo antrópico en el mundo. En otras palabras tragedia donde intervino la mano del hombre en cualquiera de sus formas, luego su origen hay que buscarla en la intervención humana sobre la naturaleza, por acción o por omisión.

EPÍLOGO

Preguntas que todos nos hacemos y nadie responde: admirable la capacidad logística desplegada por la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y Desastres (UNGRD) en el apoyo a Mocoa. Porqué con toda esa capacidad no pudo implementar oportunamente y adecuadamente  2 (dos ! , solo dos ! ) modestos equipos de radio que hubieran servido para alertar con la suficiente antelación a la gente ?

En consecuencia: no es apenas lógico que por simple dignidad (si es que existe) aparezcan renuncias sobre la mesa, de funcionarios locales que mostraron su incapacidad frente al manejo de situaciones que se pudieron mitigar a tiempo? Es lo mínimo que se puede pedir por respeto a las víctimas de la avalancha de Mocoa.

PD Solicito disculpas a esos funcionarios si ya tuvieron la dignidad de hacerlo.

 Mocoa, Abril 19 de 2017

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