La ciudad del post conflicto

Por : Óscar David Gaviria .

La señora Ministra de Vivienda expresó el compromiso de entregar en breve plazo casas a quienes todo lo perdieron en Mocoa.

A todo el gobierno de Juan Manuel Santos los mocoanos reconocemos la diligencia, el compromiso y los resultados efectivos en la atención y reconstrucción inmediata de nuestra comunidad.

Por eso mismo, consciente de esa capacidad de respuesta, aprovecho para resaltar a tiempo que, una de las graves carencias de Mocoa generada a partir de su compleja geografía, es la baja disponibilidad de predios urbanizables en áreas seguras.

Dicha carencia propició una presión exagerada sobre el precio de la tierra expulsando a la población desplazada por el conflicto armado hacia tierras de menor costo en áreas de riesgo, coincidentes con las rondas de los ríos.

Con la avalancha, -esperada cincuenta y seis años por quienes crecimos con las historias surgidas de la avalancha anterior-; Mocoa perdió más que unas casas y muchos seres queridos.

La avalancha del treinta y uno de marzo arrasó con una buena porción de la ciudad que albergó a miles de desplazados del conflicto, la misma que les envió de espaldas a los ríos, sobre las microcuencas, la que no se pensó ni planificó ni gobernó para una ciudadanía asolada por la guerra. Esa misma ciudadanía utilizada y manipulada en sus aspiraciones con promesas vacuas.

La avalancha en realidad se llevó consigo buena parte de una ciudad ambientalmente insostenible, la ciudad del conflicto.

Por eso mismo el Ministerio de Vivienda no puede limitar su loable propósito a la construcción de un buen número de casas.

En Mocoa el gobierno se juega la prueba de fuego de nuestra re-construcción como nación, aquí se fundirán las bases de la re-construcción de una nueva Colombia, la del post acuerdo.

Por eso en Mocoa, a pesar del dolor hay mucha esperanza.

Se requiere de múltiples disciplinas para confluir a través del diseño urbano en una ciudad incluyente, respetuosa de su entorno amazónico, provista de equipamientos dignos de quienes siempre los soñaron.

La intervención urbana del Minvivienda será un referente para nuevos desarrollos, por eso, frente a la escasez de tierra urbanizable y segura, se requiere densificar la ciudad, dotarla de servicios y equipamiento que la hagan digna de hogares que vivan al fin en paz.

El nuevo ensanche debe propiciar y regularse para que nuevos pobladores no sean expulsados hacia las áreas de riesgo. La compleja dinámica de esta orografía reclama rondas de río arborisadas, paseos y escenarios para el ocio colectivo.

Existe una coyuntura crítica de tiempo que el gobierno debe medir en favor de resultados sustentables en el corto, mediano y largo plazo, por eso a la ciudad debe incorporarse el cómo transformar y agregar valor a su riqueza para que genere oportunidades y pueda articularse a las nuevas dinámicas de mercado.

Esa tarea requiere por supuesto del concurso de la inteligencia y la experticia de académicos y ejecutores, pero no puede dejar de lado la participación de quienes han pensado y actuado desde el territorio. Los putumayenses queremos re-construirnos, es decir re-pensar nuestro futuro. Muchas experiencias tenemos de intervenciones bien intensionadas que al calor de la urgencia nos dejaron otros serios problemas. Vamos con pausa porque tenemos afán.

Asi mismo los elementos de esta renovada ciudad deberan facilitar la formación de nuevas ciudadanías capaces de tomar decisiones colectivas, las mismas que no pueden delegarse a quienes nunca les escucharon y nunca les tomaron en cuenta.

Esa nueva ciudadanía resurgida del barro y de las guerras, es la llamada a construir desde este rudo presente un mañana diferente en una ciudad sostenible, la ciudad del post conflicto.

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