Páginas Sueltas de un Maestro – Reseña biográfica de JOSE DIAZ PARDO

Gerardo Franco Sánchez Narváez
Mag. Gerardo Franco Sánchez Narváez

Por Mag. Gerardo Franco Sánchez Narváez.

No se puede negar que entre la gente existen personas de especial simpatía, de una capacidad enorme de hacer amigos por donde pasan, siempre listos a prestar favores demostrando talento, comprensión y alegría contagiosa.

Así era José Díaz Pardo, nacido el 9 de Noviembre de 1926 en Choachí, Cundinamarca. Desde niño era admirador de la carrera militar y por eso ingresó a la Policía Nacional. Ascendido al grado de Sargento fue designado por sus Superiores como Comandante del puesto de Policía acantonado en Mocoa. Desde su arribo su mayor preocupación, contaba días después, era mantener el orden público especialmente los fines de semana ya que el domingo día de mercado, no faltaban las riñas callejeras, hurtos y robos de menor cuantía con detenidos en los calabozos.

Se retiró de la Policía y contrajo matrmonio católico con doña Clemencia Burbano, dama distinguida y muy conocida en la ciudad. Este matrimonio tuvo dos hijos de nombres Joel William y Jimmy Harold Díaz Burbano. El primero Joel William es un buen amigo dedicado al servicio de la comunidad. El segundo Jimmy Harold fue Alcalde de Mocoa y en el período pasado Gobernador del Putumayo.

Ya de civil se le continuó llamando cariñosamente el Sargento Díaz Gustaba entablar diálogos sobre temas de actualidad como el amor patrio, el trabajo y la Lengua Castellana pues había terminado de escribir unos textos titulados Verdades mondas y lirondas y Frases célebres y no tan célebres. Refiriéndose al Lenguaje decía que un significado tiene la palabra sitio y otra acepción el vocablo lugar. Sitio es el espacio un tanto reducido donde nos movemos, mientras que el lugar es algo dentro de la persona donde puede caber la confraternidad, la amistad, el amor, en sí los sentimientos.

Recordaba cuando en el nivel primario antes de entrar a las aulas para demostrar el amor patrio les hacían recitar: ” Patria te adoro en mi silencio mudo y temo profanar tu nombre santo. Por tí he llorado y padecido tanto, como lengua mortal decir no pudo.” Y en el cuartel estando en fila solían cantar: ” Cuando en mis noches oscurecidas allá en mi guardia tranquilo estoy, pienso en mi Patria fiel y querida y que por ella la vida doy “.

Al trabajo prefería darle unas pinceladas de carácter educativo. Se distanciaba del paternalismo prefiriendo que los jóvenes ayuden a sus padres a buscar el sustento con el sudor de la frente. Basaba su argumentación en el proverbio chino que al niño no hay que darle pescado sino enseñarle a pescar.y repetía el dicho de un amigo: ” Abre tus brazos para cultivar el bien de tal modo que por tu trabajo puedas cosechar muchos frutos de felicidad y amor pues hay personas pobres que lo único que tienen es dinero” Esto es para reflexionar, agregaba.

Se desempeñó como Alcalde de Puerto Asís y también de Mocoa. Fue fundador de la Cruz Roja en el Putumayo y miembro del Club de Leones. Ocupó otros cargos de carácter administrativo en los cuales hizo conocer su rectitud y sapiencia.

Un día de tantos nos encontrábamos conversando el sargento Díaz, Alejandro Pachajoa que era minusválido y aficionado al periodismo y yo en la cafetería que queda en la parte lateral de la Gobernación y frente al portón de entrada del nivel primario de la Institución Educativa Santa María Goretti, debajo de las palmeras que libran del agua y del sol a los contertulios. De pronto Alejandro se comunicó con el Director de un noticiero de la Emisora Putumayo Estereo y entablaron diálogo al aire. Ante una pregunta que le hicieron a Pachajoa tranquilamente dijo que lo pasaba al Sargento Díaz para que interviniera, tomándolo por sorpresa. El sargento con colores en la cara la respondió en forma correcta, gracias a su agilidad mental pero quedando serio con Pachajoa. Este último celebró esa actitud con sonora carcajada.

El Sargento Díaz falleció en Bogotá un 14 de Marzo del año 2000. Los familiares pedían que los restos mortales quedaran en esa ciudad, pero tuvo más fuerza la insistencia de sus hijos y el derecho que le corresponde a la esposa para que llegara su cadáver a Mocoa, en cuyo cementerio descansa en paz.

José Díaz Pardo, el Sargento Díaz, se lo recordará como un ciudadano ejemplar.


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