La paz estaba herida y ha resurgido desde las cenizas de la desolación, del dolor y de la muerte para su sanación

Jaime Erazo
Jaime Erazo

Por: Jaime Armando Erazo Villota

Lo que sucedió en la Habana es un hecho histórico de gran trascendencia para los colombianos. Como dijo Carlos Antonio Lozano, miembro de las Farc de la línea dura o militarista, “éste es el último día de la guerra”, pronunciamiento que también reafirmó en su discurso el máximo jefe de las Farc, Timoleón Jiménez (Timochenko),  el 23 de junio de 2016.

Acto solemne con presencia de importantes personalidades

Lo que se firmó en acto solemne contempla el cese bilateral del fuego, la dejación de armas y las áreas de concentración de los guerrilleros desmovilizados, aspectos que tantas expectativas habían generado en los colombianos. La firma contó con la presencia Ban Ki Moon, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas (ONU); del Presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, FrancoisDelatte y del Presidente de la Asamblea General de la ONU, MagensLykketoft, de Bernard Aronson, enviado especial de Estados Unidos, de EamonGilmore, enviado especial de la Unión Económica Europea; de Raúl Castro, Presidente de Cuba y del Canciller de Noruega, Borge Brende, en representación de los países garantes; por los países acompañantes, Michele Bachelet, Presidente de Chile y Nicolás Maduro, Presidente de Venezuela;países invitados de México, Enrique Pérez Nieto, del Salvador, Salvador Sánchez, de Santo Domingo, Danilo Medina.

Se callan las siniestras voces de las armas

Con la firma del acuerdo se callan las siniestras voces de las armas que durante 52 años implantaron el terrora lo largo y ancho del país dejando una estela de desolación, de muerte y de dolor, blandiendocomo justificación las banderas de la liberación de la opresión de un pueblo desposeído por un ladoy, por el otro, las de la seguridad del Estadoceñidos a la Constitución y la Ley.

Mirando hacia el futuro

El futuro es esperanzador, los recursos destinados para la guerra pasarán a fortalecer los presupuestos de educación, salud, cultura, deporte, recreación, ambiente y vivienda.Los niños dejarán de involucrarse en la guerra y tendrán tiempo para jugar, para reír, para hacer deporte y para estudiar. Las instituciones del Estado se adecuarán convenientemente para dar cumplimiento cabal a su misión y canalizar esfuerzos y recursos en procura de alcanzarel futuro deseado. La democracia se constituirá en el medio más apropiado para elegir, para participar activamente en la vida política administrativa o en la toma de decisiones del Estado.Los colombianos gozarán de la paz que se requiere para dinamizar la economía creando empresas y generando empleo. Las fuerzas armadas dedicarán sus hombres y su infraestructura para ayudar a reconstruir y construir el país del posconflicto sin olvidar sus obligaciones constitucionales y legales de mantener el orden y defender a la patria de amenazas interiores y exteriores.

Camino a la sanación de las heridas

Si se parte de la buena fe, la esperanza y el optimismo que arroba al pueblo colombiano, el “ojala cumplan” no tiene cabida y, contrario a lo que piensan los que han prosperado y amasado grandes fortunas a costa de la guerra y que hoy se rasgan las vestiduras, con la firma del acuerdo “la paz no quedó herida”, porque la verdad es que la paz estaba herida y ha resurgido desde las cenizas de la desolación, del dolor y de la muerte para emprender el camino de la sanaciónypara contribuir eficazmente al desarrollo y bienestar del pueblo colombiano.

Mocoa, 26 de junio de 2016


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