Sobre el negocio de la ayahuasca: los nuevos entrepreneurs del yagé vs el chamanismo tradicional

SIRVIÉNDOSE DE VACÍOS LEGALES, LA AYAHUASCA EMPIEZA A SER COMERCIALIZADA A GRAN ESCALA EN EL MUNDO: ¿ES ESTA UNA PRÁCTICA NEFASTA O UN PROCESO LÓGICO EN EL CAMINO AL ACCESO UNIVERSAL A LA MEDICINA?

887735515En los últimos años la ayahuasca se ha ganado una reputación de ser una de las sustancias psicodélicas más potentes del mundo, capaz de brindar experiencias de transformación y sanación –una reputación a todas luces merecida. La consistencia, efectividad y confiabilidad con la que este compuesto provee este tipo de experiencias ha hecho que diversos académicos consideren seriamente estudiar la ayahuasca –en el frente de un renacimiento de la medicina psicodélica–, al mismo tiempo que celebridades como Sting, Lindsay Lohan o la hermana del primer ministro de Francia (por citar algunas de las más llamativas) se deshacen en elogios a favor del yagé. No debe sorprender, entonces, que la popularidad de la ayahuasca se haya convertido también en una oportunidad de negocio. En nuestro mundo es difícil preservar algo verdaderamente valioso sin que la ambición busque cooptarlo y hacerlo servir a intereses personales; como una alquimia a lo inverso, los verdaderos tesoros son transformados en dinero, un pobre trasunto del oro inmaterial que puede significar una medicina como la ayahuasca.

Al Jazeera publica una nota sobre la reciente controversia que ha desatado un emprendedor argentino que se encuentra comercializando la ayahuasca, pese a que la comunidad de Cofán, en el sur de Colombia, lo ha denunciado por desacrar y descontextualizar su práctica milenaria. Alberto José Valera es el dueño de la organización Ayahuasca Internacional, según Al Jazeera, una empresa constituida en España, la cual ofrece tours de 150 euros por día que suelen durar una semana en la amazonía colombiana. Varela también organiza sesiones de ayahuasca en diferentes países del mundo, con una afluencia de cuatro mil personas al año, según él mismo cuenta a este medio. Su empresa dice ser la red mundial más grande de “ayahuasqueros”, cuenta con filiales en diferentes países y amenaza con convertirse en una red multinacional que mezcla indistintamente agresivas estrategias de mercado con mensajes teológicos, lo del Cesar y lo de Dios.

Varela sostiene tener permiso de una autoridad entre los indígenas cofán, mismos que lo acusan de falsificar los documentos que supuestamente lo demuestran. Autoridades de esta comunidad y numeroso académicos se han unido para redactar un comunicado en el que se denuncia la usurpación de Varela.  Anteriormente, dice Al Jazeera, Varela tuvo que cumplir una condena de 14 meses por posesión de 40 kilogramos de una de las plantas que contiene DMT que es usada en la preparación de la ayahuasca.

El caso ha generado una discusión airada entre la comunidad psicodélica, la mayoría de los involucrados ciertamente condenando la visión enteógeno-capitalista de Varela. El argentino argumenta que en su organización: “no queremos crear chamanes, sólo queremos curarnos” y  enfatiza que “la ayahuasca no les pertenece a ellos [a los cofán], es de toda la humanidad”. Su discurso propone una visión reformista de la ayahuasca, en la que se secularice su administración y se haga accesible a todo el mundo. Esto, mientras que al mismo tiempo en sus sitios se hablan de visiones místicas y de identidad con la divinidad a través de esta sustancia que es clasificada como un enteógeno (que genera a dios al interior). La ayahuasca contiene DMT, una molécula que ha sido estudiada por el Dr. Rick Strassman, quien la describió cómo la molécula del espíritu por inducir reiteradamente experiencias espirituales en sus usuarios. Strassman también ha teorizado que el DMT se secreta en la glándula pineal y lo ha asociado con el tercer ojo de la anatomía esotérica y con las teofanías de los profetas bíblicos. 

Varela afirma en su sitio que “uno de los aspectos más importantes no es quién o donde se da esta medicina, sino la calidad de la medicina, su procedencia y el hecho que no tenga ningún otro agregado”, de esta manera desestimando la importancia del chamán o curandero que no sólo prepara la bebida combinando dos o más plantas (la lianabanisteriopsis caapi, la chacruna u otra planta que contiene DMT, y a veces otras hierbas medicinales o visionarias) sino que oficia una ceremonia con el fin de proteger a los que ingieren la sustancia, entablando una relación armoniosa con el mundo invisible a través de cantos, purificaciones y demás elementos teúrgicos.

Al Jazeera cita a Brian Anderson, médico de la Universidad de California en San Francisco, quien dice: “la ayahuasca no es peligrosa en términos de toxicidad” pero “debe de ser tomada en una situación segura y regulada socialmente por personas que tienen experiencia”. Charlos Grob, un psiquiatra de UCLA, agrega: “Las personas neófitas al yagé necesitan supervisión. De otra forma son vulnerables a una descompensación psicológica”.

Los cofanes dicen que ellos jamás negarían a nadie, blanco o indígena, la medicina, pero que enseñar a curar con la ayahuasca es un don divino que se mantiene en su comunidad y no es algo que puedan o deban externar. Así en un principio oponiéndose al “outsourcing” de la experiencia ayahuasquera.

Como argumenta el equipo legal que está encabezando la acción en contra de Varela, el daño que la organización de este emprendedor argentino podría estar generando tiene que ver con que muchas personas están siendo introducidas a este milenario brebaje a través del sitio de Varela (u otros similares), que tienen una presencia dominante en la red (Varela por ejemplo administra más de 50 páginas de Facebook sobre la ayahuasca). Esto significa que las personas están conociendo una versión particular de la ayahuasca, rebajada, ya que la experiencia psicodélica –como tempranamente detectó Leary con su set and setting– no puede ser separada del contexto, la cultura, el ambiente y el conocimiento de las personas que la imparten. Igualmente es determinante la intención que se infunde a la experiencia, tanto de aquel que la prueba como de aquel que la otorga. Incluso es posible que muchas personas sean introducidas a este poderoso brebaje vía el comercio electrónico, sin ningún tipo de garantía y cuidado: circulan, ya no sólo en la deep web, sino en redes sociales como Facebook, personas que envían a domicilio mezclas de ayahuasca (algunas de una procedencia que se antoja deplorable y a las cuales es mejor no hacer más publicidad).

La discusión más compleja que subyace esta disputa tiene que ver con el derecho de acceso a la ayahuasca fuera de un contexto chamánico.  Me parece que existen muchas más preguntas que respuestas claras o contundentes. En los últimos años se han apilado una serie de estudiosque indican que la ayahuasca es una efectiva alternativa para tratar la depresión y las adicciones. ¿Le debemos exigir a un adicto a la heroína que viaje al Amazonas y busque un chamán tradicional para que pueda cortar su dependencia? Una exigencia así parece poco razonable, especialmente cuando uno considera los vicios de la medicina moderna que reemplaza una adicción con otra y poco toma en cuenta los efectos secundarios de los medicamentos y, sobre todo, que sólo ataca los síntomas y no llega a las causas. La ayahuasca en cambio parece ofrecer un tratamiento integral que lidia con las causas psicosomáticas de las enfermedades.

Una cuestión de fondo me parece tiene que ver con la comercialización de la salud, con la concepción moderna –y que parece ineludible actualmente– de la salud como una industria y un negocio. A esto se opone totalmente la concepción de la salud como puede observarse en comunidades indígenas, pero incluso también como era concebida entre los griegos, los chinos y muchas otras culturas. En esas culturas el médico era alguien docto en conocimientos integrales, un sabio, generalmente ligado a la autoridad política o religiosa y era avalado por la comunidad. Se consideraba que su interés por la medicina tenía que estar ligado a la vocación y debía de ser éticamente irreprochable. Por eso generalmente, la comunidad suministraba al médico o al curandero con todo lo que necesitaba. En otras palabras, alguien que busca curar para ganar dinero necesariamente está trastornando los principios de esta noble disciplina. ¿Sería ridículo pedirle a nuestros médicos que aprendan del chamanismo?

Me parece muy probable que la experiencia de la ayahuasca comercial, de la ayahuasca con fines de lucro, debe de estar de alguna manera contaminada, lo cual es alarmante, ya que el gran poder que tiene la ayahuasca para sanar, mal canalizado también puede reforzar o producir nuevos traumas o taras. Es evidente para cualquiera que haya tomado ayahuasca que el espacio, el grupo y el conocimiento que imbuye el facilitador (o chamán) es vital para que la experiencia sea sanadora y no genere una nueva fragmentación psíquica disfrazada de trascendentalismo mesiánico. Me parece también importante poner en la mesa de discusión la idea de que la calidad y sobre todo la verdad y la integración de las visiones y las experiencias no pueden estar desligadas del trabajo y el desarrollo que la persona que experimenta la planta trae consigo. Estas experiencias, que de alguna manera tienen su gran precursor en los rituales del soma y después en Eleusis, no pueden ser separadas de su origen como ritos y sacrificios –conjeturo que ahí yace su poder, en lo que se da para poder recibir. (La experiencia del inframundo o de la muerte simbólica está embebida arquetípicamente en la experiencia y parece ser indispensable para que opere un cambio profundo, pero igualmente puede ser aterradora y paralizante si no se sabe manejar). No me parece que la ayahuasca, ni ningún otro psicodélico, pueda operar mágicamente y despertar a alguien o incluso sanarlo si esa persona no lo amerita, es decir, sino ha obrado con congruencia: la experiencia espiritual o la sanación son consecuencias de sus actos y de su capacidad de percibir. Como dice Manly. P. Hall, la mayoría de las supuestas visiones místicas que cuentan las personas son solamente los testimonios de las cosas que deben de arreglar dramatizadas y ornamentadas por el Maia de la mente. O, como dijera Eliphas Levi, en el mundo de luz astral o mundo del deseo, cada flor que brilla tiene una serpiente enrollada. Es decir estas son muchas de las más bellas ilusiones que uno puede imaginar, de hecho están hechas a la medida para infatuar nuestra imaginación. Nos seducen hacia la luz, pero también nos engañan.

Sí, ciertamente la ayahuasca nos muestra la divinidad que es todas las cosas, pero sólo como una imagen, como un deseo, como una aspiración, no como una actualidad, no como algo con lo que podamos unirlos permanentemente sólo por tomar un par de vasos. Anuncia la posibilidad de la transformación, del crecimiento, hace ver la enfermedad y los errores pero no arregla todo esto en una contundente dosis de medicina universal automágica. El trabajo es lo importante, durante la sesión, pero sobre todo después de la misma; una experiencia así puede servir de una encantadora motivación, pero si no se tienen los fundamentos para darle continuidad, día a día, difícilmente probará ser más que un precioso espejismo o una buena anécdota para contar y subirnos el ego. Ir en búsqueda de la ayahuasca como quien busca la salvación, la intervención divina, el milagro o cualquier suceso extraordinario, me parece la actitud equivocada. Tomar ayahuasca en un contexto que no promueve la integración y que no respeta una tradición milenaria de armonización con los arquetipos de la psique y con el ecosistema de almas que resuenan con la planta me parece que incrementa las posibilidades de tener experiencias que a la larga fragmentan y extravían aunque en un principio, en el deslumbre de la belleza de los simulacros divinos del DMT o en la discurso mesiánico de algunos facilitadores pueda hacernos creer que nos une con la totalidad del universo en el salto radiante de nuestro kundalini (violentamente) despierto. Dicho eso, este tipo de experiencias pueden ocurrir tanto en la selva como en la ciudad, sólo que evidentemente la tradición, cuando se mantiene, tiene más recursos para lidiar con las mismas.

Por último me parece importante darle el beneficio de la duda a las comunidades que llevan cientos de años viviendo en simbiosis con esta medicina, al menos porque han demostrado que saben cuidarla y han forjado una relación vital que genera resultados tangibles. Esto es algo que el hombre occidental, con su ambición rapaz y su desconexión con los ritmos y las inteligencias de la naturaleza, difícilmente puede presumir. Así que al menos habría que proceder con cautela e involucrar a las comunidades amazónicas antes de inundar el mundo de ayahuasca y ofrecer la panacea.

Twitter del autor: @alepholo

POR: ALEJANDRO MARTINEZ GALLARDO

 

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