Visitante nocturno en Caliyaco

La vereda a nuestra llegada

Desde hace 7 años vivimos en una modesta casa en la vereda Caliyaco, ubicado a 3 km de Mocoa, por la vía corta que conduce de Mocoa a Villagarzón, cuando llegamos, existía un gran bosque en la parte posterior del terreno donde se ubica nuestra casa, al medio una quebrada que servía inicialmente de pequeño acueducto.

Los fines de semana acostumbrabamos con mi esposa e hija a recorrer los terrenos de la montaña con nuestros perros, llegando hasta la antigua casa del Mister Jorge y saliendo hasta el río rumiyaco a la altura del pozo del amor. La vista desde la parte superior de esta pequeña loma era magnífica; gran cantidad de aves y primates, una que otra ardilla y me imagino que tambien otros animales pequeños y medianos que poco se dejaban ver.

La dicha no duro tanto, desde hace un par de años, el bosque, que hacia parte de una gran finca fue vendida a Incoder, que a su vez la asignó a beneficiarios de sus programas y sistemáticamente fueron acabando poco a poco con los árboles grandes y medianos, ya sea para ganadería o para siembra de maiz y platanos.

Poco a poco la gran pequeña loma se fue quedando sin árboles y arbustos, y a si mismo, la poca fauna que quedaba se fue desplazando, las familias de pequeños primates entre las que se encuentran los monos “bozo de leche”, que llegaban por docenas, ahora llegan en pequeños grupos, los titís ya poco se ven, y las ardillas muy poco llegan.

En fin, el “progreso” poco a poco va a acabando con la fauna y flora de nuestra bella región.

Visitante nocturno

Contamos en nuestro lote con un pequeño corral de gallinas, que a eso de las 11 de la noche del viernes 22 de mayo, comenzaron a revolotear en la oscuridad, lo raro es que cuando ocurre esto, tambien nuestros dos guardianes, un labrador chocolate y un criollo enrazado con pitbull y cazador, siempre hacen la respectiva bulla y ubican aquello que esté causando el alboroto y lo sacan en picada.

Lo raro, fue que los perros no respondieron a la bulla de las gallinas, y con linterna en mano salgo a verificar la situación, poco a poco me acerco para verificar si hay algún animal cazador que pone nerviosas las gallinas y nada, cuando de pronto, al pasar la luz de la linterna para ver que hay en el entorno, observo en el piso una masa gris y unos pequeños ojos brillan en la oscuridad.

Rápidamente y con calma, llamo a mi esposa para que baje y me ayude con los perros, amarrandolos , para que no vayan a atacar a tan ilustre visitante. Luego que ató los perros con sus respectivas correas, Sandra (mi esposa), se dirige hacia la parte trasera de nuestra casa y con admiración observa al desprevenido visitante que se dirigía al parecer hacia la casa, pero al notar nuestra presencia, da la vuelta y lentamente, pero muy lentamente vuelve hacia la que separa nuestro lote de lo poco que queda de bosque. Mientras observamos su lento desplazamiento por el piso, observamos para ver si tiene algún tipo de lesión, herida o golpe, causado por algun depredador del bosque o por alguno de los gatos del sector, pero no observamos nada raro, asi mismo, comenzamos a dilucidad en que podemos hacer por el ilustre visitante nocturno; comenzamos a llamar a nuestra amiga Mildred, de Paway, para que lo llevara, llamamos a Policia Putumayo, ubicando el número telefónico del encargado de la Policía de protección animal, por si el animal estaba desorientado o con algun tipo de lesión que no pudieramos determinar.

Mientras tanto, nuestro ilustre visitante, sin importarle los planes que teniamos para ayudarlo, ya que no pudimos comunicarnos con los personajes antes mencionados, bien sea por que no salia la llamada o por que no contestaban, poco a poco, y muy lentamente, pero lentamente se desplazaba hacian un pilar de una construcción que usamos como cocina campestre y con sus manos largas comienza a rodearlo, ubicando sus larga uñas y nuevamente lenta, pero muy lentamente comienza a subir, hasta llegar al techo y posteriormente en la oscuridad de la noche, ubica una parca de un arbol de limón, estira sus largas manos y lentamente se va desplazando hasta ubicar otra parca y otra parca de árboles cercanos y poco a poco desapareció en la oscuridad.

Pero, quien era el ilustre visitante?, se le conoce como Perezoso de dos dedos (Choloepus hoffmanni).

El perezoso didáctilo de Hoffmann (Choloepus hoffmanni) es una especie de mamífero placentario del orden Pilosa propia de Centroamérica y Sudamérica. Es un animal solitario, nocturno y arborícola, que habita en la selva secundaria y desarrollada y en los bosques caducifolios. Con su peluda piel, grandes garras y movimientos deliberados, los perezosos de dos dedos no se confunden con ningún otro animal. Estos animales, de 5 – 7 kg y de aproximadamente 60 cm de largo, tienen el tamaño perfecto para moverse por la copa de los árboles de su selvático hábitat.

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