Los representantes a la cámara y los avales de bolsillo

Agustín Ordoñez G.
Agustín Ordoñez G.

Por : Agustín Ordoñez

En otro artículo, que alguna vez escribí y publique en este mismo medio, mencionaba que los partidos políticos como tal y de acuerdo a su filosofía y principios, no tienen la culpa de la mala imagen que cargan encima y que ésta es responsabilidad de algunos de sus dirigentes, que muchas veces los manipulan a su antojo y los convierten en herramienta útil para sus propósitos particulares y mezquinos. Cada día, pero sobre todo en cada campaña electoral, vemos ejemplos claros, evidentes y palpables de dicha manipulación e irrespeto y la correspondencia que en esto tienen las direcciones nacionales de cada partido.

En todo el departamento del Putumayo ha tenido gran resonancia y es objeto de amplio análisis y discusión la forma como los dos actuales representantes a la cámara manejan los hilos de sus colectividades en el departamento, más concretamente su influencia en la asignación de los avales a los candidatos de su partido en cada municipio y el departamento. Y lo decimos por las continuas expresiones de muchos ciudadanos, dirigentes y medios que hemos escuchado en este sentido por estos días.

Miremos primeramente el caso presentado en el Partido Liberal.

Se habló inicialmente de la Consulta Interna como mecanismo para la escogencia de candidato único a la Gobernación del departamento. Al hacerse este anuncio, y como era de esperarse, inmediatamente saltaron a la palestra pública varios nombres, algunos de los cuales venían sonando de tiempo atrás. De estos poco a poco fueron quedando tres y un poco más tarde de los tres quedaron dos, ante el retiro del doctor Leandro Romo, quien declinó por no estar de acuerdo con la Consulta y ante la negativa de aceptar su propuesta de adelantar una Encuesta en lugar de la Consulta. Con el paso de los días, la intención de adelantar la consulta como mecanismo de escogencia del candidato se fue diluyendo, por diferentes razones. Entonces se determina la realización de una Encuesta, curiosamente el mismo mecanismo que el Doctor Leandro Romo había planteado y que al no aceptarse produjo su retiro. Al anunciar y decidir adelantar la Encuesta, se tuvo la hábil precaución de impedir que quien inicialmente la propuso volviera a postularse, por si se le ocurría (no sé si se le ocurrió) volver a hacerlo.

Cuando el tema de la Encuesta del Partido Liberal empezaba a aceptarse, calentarse y tomar fuerza entre sus simpatizantes y prácticamente se iniciaba la campaña, de manera extraña y sorpresiva, la Dirección Nacional, por presión e influencia de la Representante a la Cámara, Argenis Velásquez, según las evidencias y los pronunciamientos de varios dirigentes, determina entregarle el Aval a su hermano, Reynaldo Velásquez, quizá el menos opcionado de los tres, desconociendo la decisión sobre la Encuesta que ya se había anunciado, pero sobre todo, y lo más grave, desconociendo que había otro aspirante debidamente inscrito, serio, reconocido y con un trabajo ya adelantado, el doctor Fernando Checa.

Veamos ahora el caso del Partido Conservador.

Al Doctor Orlando Guerra, Representante a la Cámara, le escuchamos decir tajantemente y en más de una ocasión, que en determinados municipios si permitiría la Consulta interna para la escogencia del candidato, pero que no lo permitiría en los demás. Al analizar este pronunciamiento y decisión, nos dimos cuenta inmediatamente que en los municipios donde si permitiría la consulta, eran aquellos donde los precandidatos pertenecían todos a su corriente política y quienes en su totalidad lo habían acompañado en su aspiración a la Cámara. Igualmente fue fácil notar que en aquellos municipios donde no permitiría la Consulta, era porque había aspirantes que no eran de su corriente y que no votaron por él en las elecciones del Congreso, aunque sí lo hicieron dentro de la lista del Partido.

Curiosamente el mismo congresista, como integrante del Directorio Nacional, se encargó personalmente de dar a conocer y difundir por todo el departamento, la normatividad del Partido en lo relacionado al proceso que se llevaría a cabo para la inscripción de precandidatos a las diferentes corporaciones. En dicha normatividad, que en diferentes reuniones en todos los municipios él mismo socializó y explicó, estaba claramente estipulado que quienes aspiraran debían someterse a esas directrices y acatarlas. O sea, seguir el procedimiento y el conducto regular que el Partido exigía y que él mismo ayudó a establecer. Ante el peso de la normatividad del Partido, que está aún vigente y creo que tiene peso jurídico, al congresista no le quedó otra opción sino aceptar, al menos en teoría, que habían otros aspirantes distintos a los que él quería.

Veamos qué sucedió con este procedimiento establecido y voy a tomar como ejemplo particular el municipio de San Francisco, del cual formo parte y conozco.

Siguiendo el conducto regular que el Directorio Nacional estableció y que el doctor Orlando Guerra socializó y difundió, el doctor Javier Oswaldo Ortiz, un joven profesional sanfranciscano, con experiencia administrativa en los sectores público y privado, postuló su nombre como precandidato del Partido a la Alcaldía de este municipio y se inscribió ante la instancia correspondiente, tal como se lo indicaban las directrices normativas.

Se esperaba y se sabía que, conociendo la normatividad, había otros aspirantes que también se inscribirían, algo que es lógico, normal y respetable en una colectividad y en la democracia. Pero extrañamente nadie más se inscribió. Esto, de alguna manera, y de acuerdo a las directrices nacionales, prácticamente lo convertía en el candidato único, ya que solo él acató la normatividad del partido y poco a poco inicia su trabajo en busca de fortalecer su aspiración.

De la noche a la mañana, el doctor Javier Oswaldo Ortiz, quien siguió el conducto regular que el Directorio Nacional le estableció y el Representante indicó, y que no voto por Orlando Guerra a la Cámara, se entera de que el parlamentario ya comprometió el aval del Partido para la Alcaldía de San Francisco con otra persona, desconociendo e irrespetando de forma arbitraria la normatividad y a una persona que se sometió a dichas directrices.

Esta forma arbitraria, descortés e irrespetuosa de imponer decisiones y condiciones, de manejar, o de manipular más bien, los partidos de acuerdo a los intereses y ambiciones particulares o familiares y de pisotear a las personas, riñe mucho con los anuncios que a diario le hacen al departamento en algunos programas y medios, en los cuales se autoproclaman como los abanderados de los intereses de los putumayenses.

Atar el destino de los partidos a los intereses particulares o de unos pocos, es atar y condenar a nuestros pueblos a seguir en el atraso y la pérdida de los principios morales y éticos que deben regir a los partidos, los dirigentes, la política y la administración.

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