Me prometieron plata y nunca me pagaron

IMG-20150424-WA0036Así inició la cruel historia de Francisco, alias Pacho, un joven de 18 años de edad que se vinculó a la guerrilla en el año 2013, luego de aceptar la propuesta de Juan, un amigo suyo, quien le dijo que en las FARC les pagaban a sus militantes y era justo lo que él necesitaba para poder ayudar con dinero a su familia y a su madre que estaba enferma.

Fue así como después de la navidad del 2012, luego de disfrutar con sus padres y hermanos de los tamales, la natilla y los buñuelos de fin de año, que Francisco tomó la decisión de irse de su casa a hacer parte de las filas de la guerrilla de las FARC que delinqueen el sur orientedel país.

“Aquel día recuerdo que en mi vereda llovía mucho y ya el reclutador estaba con mi amigo Juan esperándome para abordar el carro que nos llevaría a la espesa selva donde estuve por dos años sin saber nada de mi familia y sin recibir ningún dinero”, dijo Francisco entre risa nerviosa y lágrimas escondidas que apenas se asoman entre sus ojos que brillaban llenos de melancolía y temor, por no saber de su familia.

Francisco llegó a la guerrilla un día de enero luego de caminar durante más de cuatro horas con su amigo Juan y Arsermo, el reclutador de menores del pueblo. Según cuenta, nada en aquel momento le preocupaba más que la enfermedad de su madre; por eso, sin pensar, tomó el camino que considerómás fácil, pero que lo llevó a vivir lejos de los suyos y en medio de un ambiente de presión, miedo, tristeza, rabia y soberbia, en el que “nadie puede llorar, ni sentir nada, porque eso significa tener baja la moral y eso no es permitido dentro de la guerrilla”. Durante dos años tuvo que ver cómo explotaban y esclavizaban a sus compañeros de grupo, quienes poco a poco se iban convirtiendo a la ideología de las FARC, sin importar el maltrato físico y sicológico al que viven sometidos diariamente.

Francisco recuerda que el tiempo de preparación básica para un guerrillero dura aproximadamente tres meses y en ese periodo, les colocan un alias, les enseñan a manejar armas, combatir al enemigo y dependiendo de las habilidades y fortalezas de cada uno, los forman en explosivos o para armas más potentes. Fue justamente en esa etapa de entrenamiento que Francisco recibió el alias de Pacho y comenzó su militancia por las selvas y montes del departamento del Putumayo. En ese transcurrir de días y noches enteras, a veces sin dormir y cansado de caminar, Francisco solía conversar con la radista del grupo, quien era conocida con el alias de la mona, con quien compartía entre susurros y gestos las experiencias del día a día, ya que en las FARC no los dejaban escuchar emisoras por temor a que escucharan los comerciales de los beneficios del programa de desmovilización. Lo que nunca entendió fue por qué la “mona” a sus tan sólo 14 años de edad estaba en la guerrilla y no en su casa creciendo con su familia.

Alias la mona, era la encargada de cargar a cuestas el radio de comunicaciones de la comisión a la cual pertenecían y de estar atenta a cualquier información para el comandante. Su aspecto era bastante fuerte y rudo, tanto que no parecía una niña de 14 años sino un zumo de lucha libre. Aun así, era la mujer que le sacaba sonrisas a Francisco y por la cual empezó a sentir cariño, luego de haber visto partir a su amigo Juan hacia otro frente de las FARC. De la mona se sabe que fue reclutada en el departamento de Caquetá y su pensamiento está fuertemente arraigado a las políticas revolucionarias de las FARC, tanto que en uno de los días que Francisco estuvo con ella, se le ocurrió proponerle que se volaran de la guerrilla y lo único que consiguió fue un castigo de 10 días en el que casi le quitan la vida.Después del castigo lo movieron de comisión y llegó a combatir en enfrentamientos de Nariño y Caquetá durante seis meses. En ese tiempo hizo trabajo de inteligencia a las tropas del Ejército y se tuvo que llenar de moral combativa para enfrentar sin miedo a los soldados y policías con los que se cruzaba casi a diario: “En esos momentos había que llenarse de rabia y disparar sin miedo, para no mostrar debilidad y ganarse el respeto”. Así le fue pasando el tiempo a Pacho, sin saber nada de su madre y lejos de la realidad del país, hasta que por fin lo regresaron a su comisión inicial y vio que Juan, su amigo del pueblo, había regresado.

Con el regreso de Juan, llegaron los balances, las preguntas y las dudas, sobre si la decisión que habían tomado había sido la mejor. Esto sucedió hacia el mes de diciembre del año 2014, y según cuenta Pacho,“Juan a veces en su afán de adrenalina, no pensaba ni opinaba con inteligencia, para él no había nada más divertido que tener enfrentamientos reales como los que quiso experimentar en un Nintendo, de los que nunca tuvo.Por eso él hablaba tranquilo y todo le parecía un juego, tanto así que un día lo enviaron a realizar un trabajo de inteligencia en un pueblo del Putumayo y le pareció fácil irse de fiesta con unas mujeres y hacer dos tiros al aire, sin temor alguno”.

Lo malo, tal como lo narró Francisco, fue que al regresar de la misión el comandante ya sabía lo sucedido y por esta razón lo citaron a consejo de guerra en donde Francisco jamás imaginó lo que ese día iba a vivir… “Esta fue una cita donde sólo se oyó la voz del comandante, quien relató la razón por la cual mi amigo Juan había sido llamado a consejo de guerra; esa noche sentí mucho frío y el miedo se apoderó de mí, cuando uno a uno de mis compañeros fueron votando y diciendo a viva voz ‘Fusilamiento”. Él nunca se imaginó que esto pasara en la guerrilla y que la vida de los combatientes valiera tan poco, por eso, después de la muerte de su compañero Juan decidió desmovilizarse y volver a la vida de civil para recuperar a su familia. “Esperé casi un mes, mientras planeaba en mi cabeza la mejor manera de escapar sin que me mataran, hasta que ese día llegó.Eran casi las siete de la noche, cuando el comandante de nuestra comisión dijo que traería a una amiga suya de Neiva y que necesitaba que le prestáramos guardia, porque él sabía que eso no se podía hacer; por eso nos indicó a cada guerrillero el lugar que debíamos cuidar, y así lo hicimos.

Yo recuerdo que la mujer llegó a las 11 de la noche a verse con el comandante y en ese momento estaba cayendo un aguacero durísimo, entonces yo esperé a que la mujer entrara y cuando había pasado casi media hora, tomé la decisión de volarme; Yo andaba con dos pistolas, una granada y un fusil que descargué en el lugar donde estaba prestando guardia, y empecé mi huida. Justo ese día en la mañana me había dicho el comandante que me enviaría a hacer curso para hacer parte de las (Fuerzas Especiales), pero eso no me importó”. Cuenta Francisco que paso por varias montañas y de muchas de ellas se echó a rodar para acortar camino y descansar de sus pies, y así llegó a un pueblo cerca a Mocoa Putumayo, en donde un señor lo ayudó a desplazarse hasta la Brigada de Selva N.27donde se presentó como desmovilizado. Todo lo vivido según Francisco hace parte de una gran pesadilla, que no quiere volver a vivir, pues según él, “ser combatiente es un error” que no vale la pena cometer dos veces.

Hoy en día Francisco hace parte del grupo de desmovilizados que son amparados por el programa del Gobierno Nacional y el Ministerio de Defensa, a través del Grupo de Atención Humanitaria al Desmovilizado y la Agencia Colombiana Para la Reintegración,quienes blindan a estas personas con seguridad, bienestar y oportunidades de vida para volver a empezarlejos de las armas, la violencia, el odio y la muerte, con la familia como principal elemento del entorno protector para recuperar la libertad y pensar en un futuro mejor.

Por : Carol Quezada Méndez
GAC – MDN

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