El país de las aves necesita más pajareros!!!

Notas de campo de una pajareada por el piedemonte

Pajaréo en Piedemonte
Pajaréo en Piedemonte

Luego de una noche de lluvia incesante, que amenazaba nuestra faena a observar aves, me levanto de la cama que amablemente me han prestado mis anfitriones en la vereda Los Andes, después del río Rumiyaco, a las afueras de Mocoa.

Son las 04:00 hrs, y así como empezó a llover la noche anterior, de repente,la lluviapara y puedo salir en moto, también prestada, al encuentro con mi anfitrionade pajareada de día. El frío de la madrugada ayuda a que mi despertar empiece a sincronizarse con lo que se viene para el día. Tenemos que remontar una partecita de los Andes por la variante en construcción, saliendo por el noroeste de Mocoa; antes recogiendo a otras dos compañeras de pajareo. A las 05:20 pasamos la construcción de un puente sobre el río Conejo, y gracias a la luz del carro se permite vislumbrar la inmensidad de esa obra y el gran reto que se les viene a los ingenieros que decidieron enfrentarse al terreno de la vertiente oriental del Macizo colombiano.

Ya son las 05:26 y nos unimos a los otros tres pajareros del día; unos minutos después nos encontramos con otro observador más, allá por el río Mocoa. La pajareada empieza con un buen trago de café que don Arcesio nos ofrece, no se sabe qué es más cálido: la expresión alegre y amable de este señor (típica de la gente de Putumayo) o el delicioso café campesino que añoraba de mi país; tal vez la mezcla de ambos me arrancan una sonrisa.

Iniciamos a caminar sobre un camino que escasamente la linterna alumbra, y nuestro listado empieza, como lo había sospechado, con un ave nocturna sobre ese camino. Luego los coros del amanecer inician a adornar nuestro caminar y a medida que se torna la luz sobre nuestra senda, también van aflorando esos seres mágicos emplumados de colores y despliegues de ensueño. El camino es hacia la vereda San Martín, y Edilson nos tienta con una de las maravillas de la vertiente oriental al sur de Colombia “…si quieren subimos hasta donde las gálbulas”, un ofrecimiento que no hay que desaprovechar!!!

Entre terrenos alterados y empinados, unos más que otros, nos deleitamos con cualquier cosa; caminar con observadores innatos y que están puliendo sus observaciones con información básica es volver a los días que yo mismo iniciaba a caminar por el país de las aves sin siquiera saberlo. El piedemonte nos deleita con varias bellezas, y uno de los atributos son sus lluvias inesperadas. Paramos en una casa abandonada para escampar, y es ahí cuando los “lifers” empiezan a llegar a mi. Inesperadamente, especies que nunca antes había visto danzan para nosotros de la manera más despreocupada, enfrentándose a la lluvia como si no importara más nada. Carpinteros y atrapamoscas, tangaras y semilleros, deleitan la jornada. Luego de la llovizna seguimos ascendiendo en los Andes. En un momento Edilson, Harold, Arcesio y Carolina se adelantan un poco, y luego me llaman apuradamente. Subo un camino entre montaña (literal, pues la pared del camino parece que fuera más un túnel que un sendero) casi corriendo, y en la siguiente curva me esperan mis amigos pajareros para mostrarme la especie de Galbula que más sube en las montañas de los Andes. Galbula pastazae es una especie amenazada que cuenta con pocos registros y mis anfitriones pajareros la ven cada mañana cuando salen para sus trabajos, ahora se emocionan tanto como yo por ver que ese ser emplumado que nos mira con desconfianza al parecer tiene un nido activo en un hueco del barranco a ca. 2 m del piso. Parece que los pocos rayos de sol que atraviesan un claro del dosel por el camino que vamos incentiva a esta bella ave a mostrarse ante nosotros. Mis intereses profesionales se atraviesan con mi emoción, y empiezo a preguntarme qué tantos registros y cuántos especímenes tiene esta especie en el país; luego la emoción y amor que le tienen mis anfitriones a su “quinchón real” me hace pensar que después se podrá colectar otros individuos. Conversamos de diferentes cosas para hacer, sentarse a cuantificar las visitas al nido, ubicar nuevos nidos que estén activos, seguir contando cuantas y en dónde están…. las idéas siguen y siguen llegando!!!

Luego de la emoción de nuestro lifer, el pájaro del día para mí, seguimos caminando entre montañas, y las buenas capacidades de estos pajareros me sigue sorprendiendo… “si escucha Orlando, ese es el que le decía que le imité el canto y le alcancé a tomar una foto al quedarme bien quietito”; yo no lo había escuchado aún, pero Chamaeza campanisona adornaba el paisaje acústico de nuestra pajareada, y la descripción dada por este pajarero era ajustada con mi dibujo de la guía, aunque la ilustración no le hacía nada de gracia. Su anécdota me llenó de emoción, un pájaro que yo solo había grabado alguna vez, que había visto en la colección del Instituto de Ciencias Naturales, en la Universidad Nacional en bogotá, con muchas ganas de conocerlo en campo, este muchacho de risa inocente siguiendo sus instintos hizo un perfectoPlay-back improvisado, lo había visto bien y hasta tomado una foto!!

La oportunidad de estos pajareros de pulir sus conocimientos, saber dónde buscar información valiosa y que contribuyan con lo que se conoce de las aves de su territorio me hizo sentir afortunado de compartir ese día con mis nuevos amigos. Recordé mis jornadas de pajareo con colegas en diferentes lugares de Colombia, y me hizo sentir orgulloso de ser un pajarero en el país de las aves, y de invitar a muchos más pajareros que necesita este país!!

Antes de descender de nuevo a Mocoa tiento a mis anfitriones “bueno, ahora si les creo que está por acá, faltan otros mas entonces!!”. El cansancio del día no se expresaba por la emoción que llevó la jornada, la compañía, las aves y los sueños de poder colaborar en algo con la formación de observadores de aves en el país de las aves.

Orlando A.  Acevedo – Charry
@OAcevedoCharry

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