Artesanías son más que tradición

a feria de los artesanos de Colombia comprende diez días de actividades, desde hoy hasta el 26 de abril. FOTO Jaime Perez
a feria de los artesanos de Colombia comprende diez días de actividades, desde hoy hasta el 26 de abril. FOTO Jaime Perez

ElColombiano

Cuentan las historias, las historias de Camentsa, en la región del Valle de Sibundoy, Putumayo, que un hombre y una mujer se amaban, pero no podían unirse: él pertenecía a un pueblo distinto y las leyes lo prohibían.

Pidieron a Bëngbe Bëtsa, su Dios supremo, que les diera la muerte, ya que no ser felices. Él no les dio la muerte. Con un soplo, a ella la transformó en flor; a él, en colibrí. Desde eso quedaron unidos.

Érika y María Magdalena Chicunque son artesanas de Camentsa, “que quiere decir: somos originales de aquí”. Extraen las artesanías de cajas de cartón y las van colgando en alfileres clavados en las paredes de madera de sus puestos de venta. Son máscaras, collares, mochilas, cinturones de vistosos colores. Con figuras geométricas secuenciales.

“Esa es nuestra escritura, la escritura que viene de nuestros padres y abuelos y la forma en que nos relacionamos con la Naturaleza”, dice María Magdalena.

Señalando una de las mochilas del exhibidor, de fondo negro y decorada de chaquiras, indica: “ahí está nuestro padre, el Sol, que nos da calor a todos por igual”.

Y un cinturón que cuelga del bordo de una caja de cartón, la mitad adentro, la otra afuera, muestra elementos de la vida, el jardín y el oso.

Algunos collares, todavía enrollados en el paquete, tienen su adorno frontal una flor, atravesada por un colibrí —que representa el amor sincero—. Otros, la sola flor. También está el pajaro solo.

El colibrí es considerado un ave de buen augurio. “Cuando un colibrí no se queda en el jardín, sino que entra a la casa, quiere decir que alguien vendrá a traer una buena noticia”.

Esas máscaras, explican las mujeres, colmadas de colores vistosos, son las visiones que tienen los indígenas cuando toman yagé.

Rostros

El yagé es un brebaje que permite el conocimiento de uno mismo y del universo, según afirma William Chicunque, de la etnia Camentsa. Con martillo, clava un alfiler a cada máscara de madera (en la parte superior y central del que sería el hueso frontal, si habláramos en términos de lo humano). Su compañera, Diana Arévalo, del pueblo muisca, de Cundinamarca, le ata una hebra de pita dorada a cada alfiler, de modo que quede listo para colgar en el tablero de exhibición. Las máscaras son hechas en madera tallada y decoradas con chaquiras.

Se usan más que todo en el Carnaval del Perdón. Antes de la llegada de los españoles a América, cuenta William, las máscaras tenían expresiones alegres. Después de eso, muecas de llanto y dolor.

“Algunas personas dicen que nuestra lengua viene de los pajaritos —cuenta, sin dejar su labor de desempacar y exhibir—. Lo dicen por las comunes terminaciones en thra, thre, thri, thro, thru”.

Madera y cestería

Cuando vemos a José Cahuache Tapayuri, indígena de Macedonia, a 50 kilómetros de Leticia río arriba, ya terminó de desempacar. Lo suyo son vasijas de palo sangre, una madera rojiza que no requiere pintura. Sobre el mostrador y las mesas tiene cucharones, fruteros, azucareras, bandejas en forma de hoja, tortugas, delfines, loros, tucanes. Y, de otra madera más blanca, tiene morteros para macerar aliños.

Anteriormente, comenta, las artesanías eran actividades que debía alternar con la caza y la pesca, pero en los últimos años, algunos integrantes de la comunidad, como él, se han vuelto artesanos solamente y montaron taller y tienda. Aprovechan que el pueblo es atractivo turístico.

“Estamos reforestando, porque el palo sangre se está acabando. Tarda tanto en crecer, que estamos sembrando para nuestros nietos”.

Alicia López es de Mitú. Lo suyo es la cestería. Canastas, matafríos, balais, pantallas, sombreros de bejuco yaré —“que usaban nuestros abuelos”— se ven todavía regados por el suelo. Y en algunas canastas, también de bejuco yaré, hay metidas otra canasta un poco más pequeña que contiene otra en su interior, que contiene otra en su interior, que… Porque esa es la manera de transportarla, para que no se aplasten en el transporte. Ella es la vendedora de manufacturas de artesanos de pueblos Acaricuara, Wacará, Wanano, Currupaco y Kubeo.

Así, los artesanos, muchos vestidos a la usanza de sus pueblos, arman su fiesta en Plaza mayor.

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