Asedio al Putumayo

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El departamento del suroccidente colombiano ha experimentado en los últimos días una infame intensificación del asedio de la guerrilla de las Farc

ElTiempo

Nada justifica el martirio que hoy viven Putumayo y, sobre todo, su gente. El departamento del suroccidente colombiano ha experimentado en los últimos días una infame intensificación del asedio de la guerrilla de las Farc, que ya es allí habitual.

Sin consideración ni compasión alguna, el frente 48 de esta organización dinamitó un tramo del oleoducto Trasandino. Como suele ocurrir luego de estas acciones –algo de lo que los guerrilleros deben de estar muy bien enterados–, la perforación causó un derrame que contaminó la quebrada de la que se abastece el acueducto de Puerto Asís. Cerca de treinta mil usuarios del acueducto en este municipio completan 12 días sin el líquido. Situación similar se vive en la vereda La Montañita, así como en poblaciones ribereñas de los ríos Guamuez y Putumayo, contaminados también tras el ataque.

Y hay más. Denuncia el alcalde de Puerto Asís que circula un memorial de 46 puntos por medio del cual esta organización impone su dudosa ley. Uno de tales puntos obliga a familias con parientes en la Fuerza Pública a abandonar el municipio junto –dato inicuo– a los desplazados. Por desgracia, no son solo amenazas: en lo que va corrido del año se han registrado ya 26 homicidios, entre ellos los de tres líderes comunales. La extorsión está en auge, así como los ataques con granadas contra los establecimientos de comerciantes que no dan su brazo a torcer. Mucho tiene que ver en este deterioro de la seguridad el varias veces denunciado reagrupamiento del frente 15 de esta organización.

Difícil de entender una causa que se dice a favor del pueblo pero cuya estrategia es convertir la vida cotidiana de los más humildes en un infierno. Motivos hay de sobra para ser escépticos sobre la cantidad de apoyos populares que se podrán cosechar –ahora y en un eventual futuro en la legalidad– con credenciales tan desastrosas.

Es cierto que en muchas regiones el país respira un nuevo aire, tan verdadero como que sigue firme la ilusión de muy pronto dar un paso decisivo hacia una paz estable y duradera. Pero esto no puede ser excusa para que toda una región del país viva una pesadilla por culpa de la barbarie de algunos y de la desatención de otros.

editorial@eltiempo.com.co

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