El viaje al Fin del Mundo

Escrito por  GINNA TATIANA PIRAGAUTA G.
LaNación
 Los numerosos nacimientos de aguas y las cascadas son el atractivo de este mítico lugar.Los numerosos nacimientos de aguas y las cascadas son el atractivo de este mítico lugar.

Para llegar hasta el Fin del Mundo, un paraíso terrenal escondido en las selvas del Putumayo, se necesita paciencia, buen estado físico, excelente sentido del humor, botas pantaneras y la mejor disposición para levantarse continuamente del suelo fangoso. Sin embargo, ningún sacrificio es suficiente con el bello espectáculo natural que se puede apreciar luego de aproximadamente una hora y media de viaje a pie. Y a buen ritmo.

Desde la capital del Putumayo salen constantemente camionetas de servicio público que transitan por la entrada principal de este resguardo de las comunidades indígenas del sur de Colombia, ubicado en la vía que comunica a Mocoa con el municipio de Villagarzón. El pasaje hasta allí cuesta 2.000 pesos y el trayecto es de aproximadamente 20 minutos. Los fines de semana son frecuentes las excursiones de los colegios o de las familias que llegan desde diferentes lugares del país y del planeta, para conocer la belleza natural del Fin del Mundo.

El camino

El largo sendero inicia en las orillas del río Mocoa, que lamentablemente se encuentra muy contaminado, de acuerdo con los carteles preventivos instalados por los indígenas en las orillas de este afluente. Aproximadamente 400 metros más adelante del puente del río se observa una pequeña cascada de aguas naturales, el preámbulo de los múltiples nacimientos que se encuentran durante todo el trayecto.

La primera estación hacia el Fin del Mundo es una casa de dos plantas construida en madera por las comunidades indígenas que habitan el lugar desde tiempos inmemorables. Ellos son los propietarios legales de los predios en donde se encuentra escondido este lugar sagrado, según su cosmovisión. Allí, una guía de la comunidad ancestral explica las dificultades, los cuidados, los peligros y la riqueza del territorio virgen.

En la casa se cancelan 2.000 pesos por el ingreso a la reserva forestal. Aseguran los indígenas que con este dinero se adecúan los fangosos caminos, que por el constante invierno y la humedad de la selva se hacen intransitables en algunos tramos. Por las múltiples dificultades en el acceso a este bello paraíso natural surgió su nombre. Hasta hace algunos pocos años para llegar hasta el Fin del Mundo se necesitaba de cuerdas, lianas, guías y mucha resistencia física.

Hoy los senderos han sido adecuados por las comunidades ancestrales con pasos de madera y piedras, puentes y barandas; aunque en algunos tramos literalmente se patina en el barro. Sin embargo, el reto de coronar la cúspide y observar las majestuosas cascadas impulsan a los viajeros a terminar el recorrido, incluidos algunos niños y ancianos. Las recomendaciones de cuidado y preservación ambiental son reiteradas por los indígenas que habitan el lugar.

Paraíso

La primera cascada que se encuentra escondida en medio de la selva amazónica es amplia y corrientosa. Muchas familias degustan los alimentos en este lugar. A veces la lluvia acompaña la travesía, pero a pesar de las bajas temperaturas el baño en las frías aguas es un premio merecido para la difícil faena de caminar durante cerca de dos horas, a buen ritmo, un serpenteante y difícil trayecto.

En la segunda cascada, más grande y torrentosa, los espacios para nadar son más amplios y profundos. Allí mismo han dispuesto un improvisado restaurante en donde se encuentran los platos típicos de la región, además prevalecen los pescados y exóticos manjares de las selvas del Putumayo.

Aunque muchos indígenas recorren la zona recogiendo la basura de los visitantes, lamentablemente muchos viajeros persisten en contaminar estos maravillosos destinos ecológicos. El camino a la tercera cascada es el más difícil de recorrer. Luego del arduo asenso se corona la cúspide, una caída de agua de más de 60 metros, en donde la fuerza y la perfección de la naturaleza deslumbra a los visitantes.

En el Fin del Mundo se realizan tomas de Yagé, se practican deportes extremos y senderismo por la selva colombiana. El lugar que enamora a los visitantes por su exuberante naturaleza, avistamiento de aves y animales endémicos también cuenta con cabañas para pernoctar, acondicionadas con cocinas, baños y cómodas habitaciones. Estos son los lugares predilectos por los turistas extranjeros.


Aunque muchos pobladores temen la deforestación de este mágico mundo por el avance de numerosos proyectos minero energéticos y la exploración petrolera, los indígenas aseguran con nobleza y firmeza que lo cuidarán y protegerán hasta donde sus fuerzas lo permitan. En el Fin del Mundo no sólo se esconde un centro de poder espiritual, también un paraíso que recoge los recursos naturales más representativos de las selvas del Putumayo.

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