Mil horas de búsqueda de una madre por su hijo desaparecido en el Putumayo

Por : Germán Arenas Usme

Llega cansada y reposa en una mecedora de mimbre que conserva desde que su madre murió en un lejano pueblo del caribe colombiano; Juana María, de piel color canela, ojos negros azabaches suspira al tiempo que abraza entre su pecho la foto de su hijo Juan Daniel el cual no ve hace más de 13 años desde que desapareció sin dejar rastro alguno.

“siento que mi hijo esta vivo y lo seguiré buscando hasta el final” dice Juana, sin dejar de abrazar el retrato.

Raya las 12 del medio día de cualquier día en La Hormiga Putumayo, el leve movimiento de balanceo de la mecedora no deja de parar, ella me atiende sin zozobra ni afanes y me relata como a mediados del mes de enero del 2000 salió de la casa Juan Daniel Aroca Monsalve, un jóven que para la época contaba con 22 años y se ganaba la vida vendiendopuerta a puerta mercancías varias, sobre todo en las veredas.

Lo recuerda detalle a detalle, su sopa preferida la de mondongo, amante al vallenato de los hermanos Zuleta, de caminar alegre y gozón de las mujeres y buen amigo de los amigos, quien partió tareando esa vieja canción Así fue mi querer, dice Juana María, quien suelta una sonrisa a pesar del dolor que lleva en el alma.

“Me dicen que los paramilitares se lo llevaron el 20 de enero, ese día no estaba vendiendo nada solo salía a tomarse unas cervezas con algunos amigos costeños del pueblo” relato, sumando que ese 20 de enero fiestas de corralejas en Sincelejo capital de su departamento Sucre, se había vestido de guayabera blanca jean azul y sandalia “tres punta” adornando su flaco cuerpo con un sombrero vuelteao, típico de su región.

Pasaron las primeras 48 horas de desaparecido, al inicio se creía en la casa de los Aroca Monsalve, que el jóven se encontraba emparrandado y por ello no llegaba inclusive se creyó que en un arrebato de nostalgia había emprendido viaje a su pueblo natal San Luis (Sucre), teorías que se desvirtuaron con los días ya que no había señal de vida alguna, para la época Juan, vivía con una hermana mayor que él tres años y dos primos.

“Yo llegue al Putumayo a comienzo del mes de abril del 2000 para buscar a mi hijo, fui casa a casa donde pensaba que me podían dar información del paradero de Juan, pero nadie me decía nada”, un día cualquiera y sin esperarlo se me acerco un paisano y me dijo: “vea doña su hijo lo pasaron al papayo los paras no lo busque más” me conto tranquilamente mientras se alejaba de mi por las calles polvorientas del pueblo.

Desde ese momento dice la afligida madre que sus noches son de desvelo, comienza sus mil horas de búsqueda y sin una sola pista hasta el día de hoy; ha ido de vereda en vereda, ha hablado con paras, soldados y hasta con la guerrilla pero nadie le da razón alguna del paradero del hijo, sin embargo algunas personas sostienen que los paramilitares lo mataron luego de torturarlo con la base que Juan era un colaborador de las Farc.

“En varias oportunidades tuve frente a mi a los comandantes de las AUC, varios de ellos paisanos y con lagrimas en mis ojos les suplicaba que me contaran que habían hecho con mi Juan, pero mis suplica son en vano, sin embargo mi lucha de búsqueda continua no solo entre los ilegales sino he tocado puertas en la Defensoría del Pueblo, personería municipal, ong’s de derechos humanos, etc, pero aun sigo esperando”, señala Juana María Monsalve, quien no pierde la fe ni la esperanza que el menor de sus hijos aparezca por el umbral de la casa cantando su canción preferida: Así fue mi querer. “Muere lentamente muere un querer, amanece un nuevo día y estoy muy resentido por tu proceder…”(Hermanos Zuleta).

La desaparición oficialmente reposa en los archivos de la Fiscalía General de la Nación desde el mes de septiembre del año 2000.

Abuela, adonde esta mamá?

La mañana de un 26 de septiembre del año 2001, el sol comenzaba a calentar las polvorientas calles de La Dorada Putumayo, el reloj marcaba las 7 y 20 de la mañana y el locutor de la emisora local anunciaba alegremente temas musicales populares.

Maury, grito desde la sala de su casa que iba a comprar lo del desayuno y que no se demoraba, su madre quien se hallaba en la cocina le respondió que no tardara.

Desde esa mañana doña Socorro Lucero, esta en espera que su hija regrese con el desayuno, y todos los días una vela le prende con devoción a la virgen Santa Martha, han pasado 12 años, su nieta de 10 años le pregunta abuela a donde esta mamá? Y ella sin saber que responder le dice pronto vendrá.

Maury, es una chica que hoy llega a sus 33 años de edad que al momento de salir de su casa por el desayuno gozaba de 21 y con una hija de 2 años.

Doña Socorro, una mujer de unos 75 años de edad con cabellera blanca por la edad, de caminar pausado, con mirada serena y voz entrecortada nos cuenta que su hija Amaury era una muchacha muy alegre, muy servicial y sobre todo muy cariñosa no solamente con su hija, sino con sus padres y demás familiares.

Con lagrimas en sus ojos nos enseña su cuarto intacto como ella lo dejo esa mañana, llenos de afiches de sus cantantes preferidos entre ellos Jorge Celedon, y varios muñecos de felpa y de peluche que su novio le había regalado y algunos que había comprado para su hija.

Con su novio el papa de su hija llevaba 5 años de novia y no se habían podido casar por falta de dinero, “ella soñaba con una gran boda, pero la falta de dinero los tenían separados por ahora” señalo su mamá.

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