Un domingo de mercado en la Mocoa de los años sesentas

Jaime Erazo <br>Buenos Aíres. Argentina

Presentación

Con la finalidad de contribuir a conocer o recordar parte del pasado, a partir de la fecha y durante cuatro semanas posteriores, “Hoja Volante” entregará la narración “Un domingo de mercado en la Mocoa de los años sesentas”, que hace parte de algunos de mis escritos que, una vez corregidos y enriquecidos, harán parte de posterior publicación.

La primera entrega trata de ubicar al lector en el sitio o lugar donde se realizaba el mercado los días domingos y lo que se ha denominado como “la bestial excitación” que es la parte inicial de las actividades de esos días en la “Boca Calle”, espacio dedicado principalmente a la excitación, juego y especulación; la segunda entrega incluye la descripción de los juegos de azar y el culebrero que hace parte de las actividades de la “Boca Calle”; en la tercera entrega se narran algunas actividades comerciales de la calle principal; en la cuarta entrega se narran las actividades comerciales al interior del mercado, la agitación febril de las de las cantinas del sector y finalmente la infaltable Santa Misa de las 10 de la mañana como muestra del recogimiento y espiritualidad de hombres y mujeres del campo y la ciudad.

Jaime Armando Erazo Villota

 

Un domingo de mercado en la Mocoa de los años sesentas

Nací y crecí en la ciudad de Mocoa, en la manzana o cuadra en la que hoy están situados el llamado “Mercado Viejo” y el Palacio de Justicia. “El mercado” que ocupaba más o menos una cuarta parte de la cuadra, otra cuarta parte por el antiguo “Cuartel de la Policía Nacional” y posteriormente de la “Cárcel Judicial del Circuito de Mocoa” (hoy Palacio de Justicia), los dos cuartos restantes constituían la propiedad de mis abuelos Neftalí Erazo Astudillo y Trinidad Huacas Villota, propiedad que luego pasó a ser heredad de sus hijas Marta y Cecilia quienes la vendieron a don Luis González quien la vendió al Municipio de Mocoa y éste a sus actuales propietarios.

Descripción general de la ubicación

La manzana tenía como límites tres calles construidas hasta aquel entonces y un área cultivada y en rastrojo: por el sur la “Calle Brasil”, también conocida como la calle real, principal o calle del comercio; por el oriente la calle que hoy queda al frente del Palacio de Justicia; por el occidente la famosa “Boca Calle” que va desde la esquina de la casa de don Miguel Chamorro hasta el filo del barranco que da a la Calle del “Amor”, situada al norte de la manzana, que por esa época todavía no existía, toda esa área era una “huecada” en su gran mayoría cubierta de rastrojo que se extendía hasta la margen derecha del río Sangoyaco y que iba desde el “Matadero Municipal” (hoy casas de don Eduardo Bravo, Gladys Salazar y Fabio Buchelly), hasta los patios traseros de las casas don Tobías Bermeo y don Dagoberto Morales.

La bestial excitación

Los domingos, en la parte de la “Boca Calle” que daba hacia el barranco, los campesinos acostumbraban amarrar los de caballos de carga en los que transportaban sus productos al mercado y los de montar o de silla en los que se transportaban.

En ese lugar los domingos se concentraba un fuerte olor a sudor, orín y mierda de caballo orquestado por pedos y relinchos de bestias inquietadas por el sutil, irresistible y atractivo olor expedido por las yeguas en calor. Cada domingo el sitio despertaba la intensa curiosidad infantil de los muchachos del barrio atraídos por furiosos y angustiados relinchos seguidos de coces, mordiscos, peleas, acosos y alguna que otra “coronación”. Nuestros padres nos tenían prohibido ver lo que sucedía en la improvisada caballeriza dominical, pero como era parte de nuestra furtiva diversión, cada siete días, escondidos entre los cafetales y los naranjales de la propiedad de la familia Erazo, buscábamos la manera para no perdernos el espectáculo producido por la bestial excitación.

Continuará…espere la segunda entrega.

 

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