¿Es la Semana Santa verdaderamente Santa?

Esta es una pregunta poco usual porque casi nunca nos detenemos a cuestionar hechos o situaciones que nos parecen indiscutibles, pero, por lo que se puede observar, la Semana Santa no parece ser tan Santa. En los siguientes renglones se tratara de sustentar ésta afirmación.

¿A qué se le llama Semana Santa?

A la semana que los cristianos dedican a la recordación anual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Comienza el Domingo de Ramos y finaliza el Domingo de Resurrección. El Jueves Santo se celebra la Eucaristía, el Viernes Santo la Crucifixión y Muerte, y el Sábado Santo, durante la noche, la Resurrección en la Vigilia Pascual. Durante ésta semana son numerosas las muestras de la religiosidad popular en las que se destacan las procesiones y representaciones de la Pasión de Jesús.

Obras son amores y no buenas razones

Las razones son solo palabras, de nada sirve decir que se es cristiano si esa afirmación no va acompañada de hechos, de actitudes y comportamientos que inequívocamente lo confirman.
Si se le pregunta a alguien que si cree en Dios, es casi seguro que le contesta que sí, y si se le pregunta  a que religión pertenece, generalmente contesta que es católico (cristiano) o evangélico (que también es cristiano pero con diferencias en rituales e interpretaciones).

Pero, como dice el adagio popular, “del dicho al hecho hay mucho trecho”, en una gran mayoría, de los que dicen ser cristianos se puede observar un comportamiento contradictorio, pues reducen o relegan su cristianismo a exteriorizaciones en templos e iglesias durante los días del calendario religioso. En los demás días y lugares, siguen una vida contraria a los mandamientos y prefieren practicar las costumbres mundanas.

¿Cómo se refería Jesús a éste tipo de personajes?

Se refería diciendo: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí, pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Marcos 7:6-7).  Dicho de otra manera, se comportan como los “saduceos” en el tiempo de Jesús, para quienes  era “mejor ser romano que estar arruinado”, razón por la cual, para ponerse al nivel de los romanos y su manera de vivir, fácilmente dejaban de lado sus principios y costumbres judaicas.

En la juventud se le entrega la carne al diablo y en la vejez los huesos a Dios

Es un dicho popular que resalta la actitud y el comportamiento que los seres humanos asumen frente a las creencias religiosas. Los jóvenes desbordan energía, nada les preocupa más que satisfacer sus necesidades instintivas, emocionales. Los viejos en cambio, comienzan a sentir el peso de los años, la proximidad del fin de su existencia, la disminución paulatina de sus energías y la aparición de los achaques propios de la edad y con ellos, la preocupación por el más allá.

La cruda realidad

Si hacemos un recorrido por la zona rosa de las cabeceras municipales,  los bares y las discotecas están  atestados de jóvenes entregados al jolgorio (baile y licor), puerta grande para entrar a otras actividades que no son de recogimiento o de acuerdo con la celebración de la Semana Santa, antes por el contrario, tienden a rayar en el libertinaje. Tampoco faltan los adultos para quienes los días santos son para descansar, divertirse y hacer relaciones sociales.

Paradójicamente, mientras los jóvenes se divierten en parques, cafeterías, estancos, bares y discotecas con el auspicio de los buenos y considerados adultos, como si fuera cuestión de viejos y de viejas rezanderas o beatas que tienen que comenzar a arrepentirse y a espiar sus pecados, los templos y las iglesias en su mayoría están atestados de adultos.

¿Cuál sería el ideal?

Ser consecuentes con la doctrina religiosa a la que se dice pertenecer, dejar la dualidad. Para nuestro caso, o se es o no se es cristiano, si no se es cristiano no hay ninguna obligación con los mandamientos cristianos, pero si se es cristiano, se deben asumir las responsabilidades, las actitudes y los comportamientos éticos y morales que le corresponden.

Para finalizar, amigo lector, responda a la pregunta que encabeza éste artículo: ¿Será que la Semana Santa es verdaderamente Santa?

Jaime Erazo
Buenos Aires, 22 de abril de 2011

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