Regreso sin gloria del Boricua Zárate

ElColombiano.com –

El ex zaguero y capitán del DIM durante siete años volvió a Medellín, pero sin la pierna izquierda que le debieron amputar. Retornó para conocer a sus tres nietos. Su esposa Olivia reclama la solidaridad del fútbol. El Boricua fue defensor de seleccionados de Colombia.

“No me la deje ahí Boricua”. Esa fue la frase que lanzada por el narrador Pastor Londoño Pasos hizo famoso a José el Boricua Zárate.

El capitán del DIM entre 1976 y 1983, un león en la zaga roja, así fuera de punta y de p’arriba, y miembro del seleccionado de mayores de Colombia, vive días aciagos.

Después de 16 años volvió a Medellín para ver a la familia, conocer a sus tres nietos y saludar a algunos amigos y gente del fútbol, ese que ha sido su pasión desde que se formó en el barrio Rebolo de Barranquilla.

Para el de Boricua fue un regreso sin gloria, pero con la fortuna de haber vuelto a contar con la mano extendida de su esposa Olivia y de sus hijos Carlos José e Indira María. Y la única visita de Eduardo Vilarete, un rival del viejo y brillante Atlético Nacional.

Boricua Zárate fue famoso. Un moreno grandote y fortachón de 78 kilos que comandó la zaga de ese equipo rojo, ese en el que también estuvieron el brasileño Víctor Ephanor y el huilense Armando la Coneja Acosta.

Más de uno levantó la copa en los alrededorres del Atanasio Girardot para brindar por los colores escarlatas y las gestas del zaguero que resultaba impasable. Todo fuerza y generosidad.

Hoy, José Zarate mira el fútbol desde lo lejos, después de haber estado varios años en Puerto Asís, en Putumayo, donde empezó a tener evidencias de los problemas de azúcar y colesterol que lo aquejan y someten a una estricta dieta alimenticia.

Tras meses de padecimiento, un viaje intempestivo a Pasto donde encontró el cobijo de gente nariñense, sobre todo de su amigo Jaime Guerrero y la señora, y la ida presurosa a Barranquilla, terminaron con la amputación de la pierna izquierda, a partir de la rodilla, el 26 de febrero pasado.

“Esta mocha la recuerdo con mucho cariño -al hablar de la pierna perdida-, porque en el fútbol me sirvió bastante. Con ella le hice un gol a Edilberto Righi, cuando era portero del Deportivo Pereira. Esa tarde sí que gozamos”, dice en medio de una sonrisa que trata de evadir el drama interior.

Para fortuna del Boricua Zárate, los gestos de solidaridad se hicieron notorios en Barranquilla en días recientes, con la ayuda de la Gobernación y de la Alcaldía, más sus amigos del balón, de aquellos con los que jugó en el seleccionado del Atlántico y el Atlético Junior y el periodismo, especialmente Mike Fajardo, de RCN en la Arenosa.

Pero la que falta por darle moral al Boricua es Antioquia, porque siete años de su fútbol alegraron las tardes del Atanasio Girardot, al que espera regresar para saludar a los amigos que dejó aquí, sin importar que unos fueran del Medellín y otros del Nacional.

“No me la deje ahí Boricua”. Y pa’delante.

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